A 40 años de la desaparición de Haroldo Conti, familia y colegas recuerdan su legado

A 40 años del secuestro y desaparición del escritor Haroldo Conti, en la madrugada de un 5 de mayo, dos de sus hijos, Alejandra y Ernesto, valoraron la "trascendencia" de su obra y su figura, en tanto que personalidades de la cultura reivindicaron el "compromiso" del cuentista y novelista autor de "Mascaró, el cazador americano" y "La balada del álamo carolina".

Habían pasado cinco minutos de las doce de la noche del 5 de mayo de 1976 cuando Haroldo Conti fue secuestrado en su casa de la calle Fitz Roy, al volver del cine donde había visto "El padrino" de Francis Ford Coppola. Allí vivía con su mujer, Marta, dos hijas de ella, y uno de sus hijos, Ernesto, de tres meses. Desde entonces, este hombre que militó en el Partido Revolucionario de los Trabajadores y el Frente Antiimperialista por el Socialismo, continúa desaparecido.
Docente (de escuela primaria y de latín), escritor, guionista, viajero y navegante, integrante además de la generación literaria reunida alrededor de la revista "Contorno", Conti es autor de "Sudeste", "Todos los veranos", "Alrededor de la jaula", "En vida", "La Balada del álamo carolina" y "Mascaró, el cazador americano", entre otros libros. En 2015, a 90 años de su nacimiento, buena parte de su obra fue reeditada.
Para Ernesto Conti, su hijo menor, el legado de su padre "no se agota en su literatura, sino que la trasciende y da relevancia al compromiso que asumió tanto como militante así como persona", aseguró a Télam, al tiempo que destacó que en su figura "veo representada toda una generación que hoy está, pese a la ausencia física, muy presente".
Por su parte, el escritor Guillermo Martínez destacó la "solidez" de Conti como cuentista. "Me llamó la atención todo el mundo que emerge en paralelo al conocido. Me gusta mucho la manera en que describe la relación del hombre con la naturaleza", dado que "tiene algo áspero pero muy bien logrado", en línea con una "tradición que viene de la narración en ámbitos no necesariamente urbanos y en un contexto contemporáneo".
retrata tanto a la ciudad como a sus marginales, esos seres que recalan perdedores en una oficina piojosa del Pasaje Barolo, en los boliches del Bajo y en los rancherí­os vecinos al rí­o".

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