A un año de la explosión de Tecpetrol

Roberto Araneda fue uno de los operarios que padeció la explosión en el yacimiento El Tordillo, producto de la cual falleció Cristian Gutiérrez y también quedó gravemente herido José Guinao. Quien estuvo más de una semana en terapia intensiva habló por primera vez de lo sucedido. "Estoy agradecido de haber zafado", dijo.

Aún le cuesta hablar del tema. Algunos recuerdos le ponen pausa a la charla y otros despiertan sonrisas, como cuando evoca las bromas que se hacían con Cristian Gutiérrez (36), su compañero que ese fatídico día perdió la vida en el yacimiento operado por Tecpetrol.
Roberto Araneda (46) es uno de los operarios que hace exactamente un año protagonizó involuntariamente la explosión. Aún se encuentra bajo tratamiento psicológico y psiquiátrico, tal como le sucede a otros de los trabajadores que fueron testigos de lo ocurrido.
"A mí no me gusta hablar de esto, fue grave, es feo contarlo, no se lo deseo ni a mi peor enemigo, pero hoy por hoy estoy agradecido de haber zafado", sostiene.
"Me preguntas cómo zafe y te digo que estoy iluminado porque es la realidad. Corrí como 100 metros hasta que me apagaron y me saqué la ropa", agrega. El día de la explosión cumplía años su esposa Carolina. "La idea era terminar la intervención y venirme para abajo", recuerda.
Pero sus planes variaron cuando Gutiérrez gritó “salgamos” y todo se volvió un infierno. Su ropa se prendió fuego y él solo atinó correr. Luego, junto a José Luis Guinao y Marcelo Villarroel, el otro operario herido, fueron trasladados en una ambulancia.
Se acuerda que venían discutiendo con el chofer qué camino seguir para acortar distancias y que apenas llegó a la Clínica del Valle le dieron un vaso con agua y hielo. “No pensaba que era tan grave. Pero cuando me miré, vi cómo estaba. Agradezco a Dios que me alcancé a sacar la gorra y la campera porque todo lo que tenía puesto se prendió fuego", dice.
"El fuego me venció (hace un gesto como que lo arrojó hacia atrás), hice presión y se rompió la campera. Sentía que me quemaba, saqué el cuchillo, la corté y me saqué toda la ropa. Quedé en calzoncillos; estábamos negros y estilábamos como si fuera crema”, recordó.
Roberto estuvo internado más de una semana en terapia intensiva en la Clínica del Valle, principalmente por las graves lesiones que sufrió en el sistema respiratorio y que en un principio hicieron temer lo peor.
Una vez que tuvo una mejoría fue derivado a sala común. Recuerda que al despertar su principal preocupación era saber si le había dado la plata a Carolina. Pensaba que el asado sería el día siguiente o que se había dormido.
Fueron días duros, difíciles y el retorno a casa tampoco fue sencillo. Ahora Roberto está mejor. Solo le queda la limitación en el sistema respiratorio que lo cansa al caminar, y secuelas en el rostro que casi ni se notan. Los días son distintos para él, mientras disfruta de sus hijos de 16, 12 y 8 años. Por supuesto quiere volver a trabajar. Extraña la rutina, las bromas y sentirse como antes. Sin embargo, por el momento deberá esperar y seguir con el tratamiento.

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