Abejas en el viento: una veintena de productores impulsan la apicultura en Comodoro Rivadavia

Elaboran más de 3.000 kilos anuales de miel que luego venden en el mercado interno. A estos se suman los productores que trabajan en silencio y aquellos que utilizan el proceso natural de las abejas para polinizar las flores y de esta forma colaborar con sus plantaciones. Así, al igual que en el Valle de la provincia y en Sarmiento, en Comodoro Rivadavia la apicultura se desarrolla en constante crecimiento.

Hugo Valente hace seis años comenzó a incursionar en la apicultura, como un hobby que lentamente fue creciendo hasta convertirse en una pequeña producción que continúa en constante desarrollo. El productor, que tiene su parcela en el barrio Gesta de Malvinas, produjo el último año más de 1.300 kilos de miel que luego vendió en su mismo terreno y en pequeñas ferias que se realizaron en la ciudad.

El tono ocre, suave y sin aditivos de su producto es un reflejo de una tendencia que crece en Comodoro Rivadavia, ciudad donde en los últimos años comenzó a expandirse la actividad apícola.

En la mayoría de los casos, atestigua Alfonso Beloqui, ingeniero agrónomo de la agencia local del INTA Chubut, comenzaron por hobby, sin embargo, ante el crecimiento de sus colmenas se vieron en la obligación de expandirse, mejorando los estándares de producción y el cuidado de esas pequeñas ciudades de miel.

En la actualidad son más de 15 los pequeños y medianos productores que realizan esta práctica artesanal, generando un volumen de más de 3.000 kilos de miel que se cosechan entre diciembre y enero de cada año y que se venden en esta misma ciudad.

Cabe aclarar que el volumen es aproximado, ya que muchos apicultores no están registrados en el INTA, institución que en los últimos días brindó una capacitación para los productores como una forma de ayudarlos a mejorar su labor.

Por ejemplo, en Caleta Córdova está asentada una empresa que utiliza la apicultura para polinizar plantaciones de cerezas, colaborando con el proceso natural con el objetivo de optimizar la producción de esa fruta que luego se exportará al exterior.

Según indicó Beloqui, esta empresa tendría 180 colmenas en actividad, un número importante si se tiene en cuenta que cada una supera los 40 kilos de producción.

Otros pequeños y medianos productores son como Hugo, gente de entre 30 y 60 años, hombres y mujeres, que apostaron a este oficio que Beloqui define como inclusivo por sus características y que "te tiene que gustar".

Algunos trabajan en la zona de Bellavista Sur, otros en los Kilómetros, en la Zona Norte de la ciudad; y en el Cordón Forestal como Juan Astorga, quien con 34 colmenas es el mayor productor de la ciudad. En su caso el último año produjo más de 800 kilos, con una expectativa de superar ampliamente los 1.000 en la próxima cosecha.

"Lo bueno de la apicultura es eso: que cada uno puede tener su propio objetivo", señaló Beloqui explicando cómo se desarrollan los apiarios en la ciudad. "Puede ser para polinización de un monte frutal o muchos lo usan para pastura, para granos, para la polinización del girasol. O sea que se puede plantear un objetivo de polinización o de miel", agregó.

En su caso, Hugo cuenta con 28 colmenas. "Comencé hace seis años, siempre fue un hobby pero después las colmenas hicieron que todos los años tuviera que ir dividiendo, generalmente en agosto, cuando hablando mal y pronto la producción explota" explicó.

"Eso hace que la colmena crezca mucho, con muchas nodrizas, que si no las separás te enjambran. Realmente son una sociedad muy organizada, trabajan toda la temporada de verano para alimentarse durante la invernada y la reina no se alimenta por sí sola, no se higieniza, solo se dedica a poner huevos. Ellos siempre la cuidan, prefieren morir pero no la reina", describió.


PROCESO COMPLEJO

Y ORGANIZADO

Se estima que cada colmena, un cajón con diez cuadros donde las abejas depositan la miel y se alimentan, produce entre 30 y 60 kilos por año, con una población de 60.000 abejas que hacen que funcione su pequeña ciudad, donde el cuidado de la reina está por delante de cualquier otro objetivo, explicó Hugo. Es que es ella quien fecunda los huevos y guía al resto de las abejas, que se dividen por roles dentro de la colmena.

En el caso de las obreras se dedican a la polinización de las flores de manera natural, buscando alimento en un radio de casi 1,5 kilómetros. El proceso se inicia una vez que los productores les abren la piquera de los cajones, una pequeña abertura que les permite conectarse con el mundo exterior, siempre volviendo al lugar donde se encuentra la reina.

El cuidado del nido y actividad es realmente compleja para los apicultores, con varios tecnicismos, pasos y roles que respetar para garantizar la producción.

Una vez que la cosecha llegó a su fin, entre diciembre y enero, comienza la extracción de los cuadros. Para esto los apicultores humean primero la colmena para evitar la reacción de las abejas, luego toman cada cuadro con una pinza y posteriormente quitan las abejas suavemente con un cepillo.

Así se encuentran con la cera de opérculo que fabrican las mismas abejas como cobertura (luego se utilizará para la fabricación de nuevos cuadros o se exportará). La quitan con un cuchillo especial que utilizan para la actividad y posteriormente colocan los cuadros en un extractor, una especie de secarropas, ejemplifica Hugo, quien aclara que también hay otros procesos de extracción que implican desarmar el cuadro completo y estrujarlo, o usando un cuchillo.

Luego la miel se deposita en bidones, pasa por un filtro y luego se envasa, aunque aquí también puede variar el método. "En mi caso no tiene ningún proceso de temperatura como utiliza Juan, que calienta la miel para envasarla", dice Hugo.

"Son diferentes procesos o técnicas. En su caso decanta la miel una semana, entonces tiene que calentarla porque cuando se enfría se cristaliza, y en el mío utilizamos directamente la temperatura de la colmena", menciona a modo de ejemplo para conocer en mejor medida los procesos.

Este proceso fue confirmado por la hija de Juan, quien agregó que tras calentarla se le quitan todas las impurezas, obteniendo también un producto de buena calidad y con esencia artesanal.


FUTURO ALENTADOR

Quienes conocen la temática aseguran que desde hace años hay colmenas en Comodoro Rivadavia. Sin embargo, hace ocho se comenzó a trabajar en forma cooperativa a través del Programa Cambio Rural, con un asesor que visitaba en forma mensual cada uno de los establecimientos y también organizaba un encuentro.

"Esas experiencias con algunas intermitencias tuvieron los primeros resultados" recordó Beloqui al ser consultado sobre cómo se trabaja la apicultura en la ciudad. "Hace un año nos juntamos nuevamente en la cartera INTA y se presentó un pre proyecto de ProFeDer (Programa Federal de Apoyo al Desarrollo Rural Sustentable), un programa de desarrollo rural que está en etapa de aprobación", agregó.

"Y amén que todavía no está aprobado, se trató de juntarlos, ver las problemáticas que tienen en común porque el proyecto se armó de manera participativa, viendo las problemáticas de ellos", explicó.

El trabajo tiene como objetivo pensar estrategias para mejorar la producción y la comercialización a partir de la capacitación y otras gestiones. Para avanzar en este sentido, ya se realizaron dos compras conjuntas con asesoramiento del INTA: la primera, núcleos de abejas; pequeñas cajas de madera, certificadas por SENASA, que permiten iniciarse en la apicultura con la estructura base que necesita una colmena, y que se utiliza para multiplicar con unas 7.000 abejas.

La segunda fue la compra de un producto sanitario que se debe aplicar en el otoño, previo a ingresar a la invernada, para evitar la varroa, un parásito que disminuye la cantidad de abejas y hace que peligre la colmena.

Precisamente, este ácaro, similar a un piojo, es una de las mayores preocupaciones de los productores ya que perjudica a las crías y a las abejas, disminuyendo la producción.

Sobre este punto se trabajó el viernes 8, durante la capacitación que brindó Martin Colombani, médico veterinario, especialista en producción, quien asesoró a los productores sobre la aplicación del producto y las diferentes formas en que se puede cuidar una colmena.

Sin embargo, el objetivo va más allá de esta enseñanza, ya que a través del INTA y con el trabajo conjunto con los apicultores se busca iniciar en el corto plazo un sistema de monitoreo que permita bajar los índices de muerte en la colmena.

El mismo lo realizaría un técnico, quien tomaría registros de las colmenas y posteriormente haría los cálculos que permitirían saber el umbral, la condición de riesgo de la colmena, que no debe superar el 1%.

De esta forma, en Comodoro, al igual que Trelew y Sarmiento donde el desarrollo es mayor, sigue creciendo en la apicultura con decenas de colmenas y kilos de miel elaborados de manera artesanal y que en su esencia transmiten todas las características de una ciudad, donde las actividades agrarias se hacen espacio a fuerza de trabajo.

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