Al alma hay que darle de comer

La incógnita del "set solo + cuarteto de cuerdas" planteada por Lisandro Aristimuño quedó develada ni bien arrancó el concierto. Las canciones que se conocían por su versión registrada en los discos se vistieron con otros matices, se des-armaron y resignificaron en el cuerpo de dos "chelos", dos violines, y la guitarra la voz del músico rionegrino que el viernes selló una conexión imborrable con el público que lo escuchó con atención y respeto.

por Andrés Cursaro
(a.cursaro@elpatagonico.net)
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"Es muy lindo estar acá, tocando para ustedes. Gracias por dejar de lado sus ocupaciones y venir a compartir este momento. Espero poder hacer lo que quiero, que es cantarles mucho". Así, con estas palabras, a las 21:45 del viernes, Lisandro Aristimuño inició su primer concierto en Rada Tilly. Fue en el Centro Cultural, con la organización de CDM Producciones Patagónicas.
Durante más de dos horas, el músico rionegrino repasó canciones de todos sus discos ("Azules turquesas", "Ese asunto de la ventana", "39°", "Las crónicas del viento" y "Mundo anfibio"), esos que lo llevaron a ocupar un lugar central en la nueva escena musical del país.
Intimidad, emoción, alegría. Fue lo que irradió Aristimuño desde el escenario envuelto por una escenografía despojada y luces que acompañaron y profundizaron los sentimientos que el público -más de 300 personas- recibía y devolvía con suspiros, risas o interminables aplausos.
Desde el comienzo, el concierto planteó un riesgo: transitar los temas con un formato diferente al que fueron registrados en los discos, formato que el músico bautizó como "set solo + cuarteto de cuerdas". La incógnita planteada por ese riesgo no tardó en develarse.
Los "chelos" y violines, en las manos de Leila Cherro, Lucas Argomedo, Estanislao Díaz Pumará y Pablo Jivotovschii, elevaron las canciones, les dieron otro matiz, las des-armaron y resignificaron al punto de profundizar la conexión con los sentimientos de los asistentes.
Todo bajo la dirección de Aristimuño que, además, se encargó de prologar muchas de las interpretaciones contando el germen de las letras, anécdotas de vida en su Viedma natal, su paso por Luis Beltrán o Fisque Menuco -así se refirió a General Roca-, el arribo a Buenos Aires u observaciones de la vida cotidiana desde un claro punto ideológico (no ideología política sino la que marca el camino de vida que eligió tanto personal como profesionalmente, si es que esos planos pudieran dividirse).
Conexión provocada por la intensidad de la música y las letras, pero también por la sorpresiva -para quienes nunca lo habían oído en vivo- capacidad comunicativa del artista que supo, desde el principio, generar gran empatía con el público.
"Voy a cantar ahora 'How long', cuya traducción sería 'Jau-lón'", anunció por ejemplo en un momento ante las carcajadas del público. "¿Vieron que parece que ahora todo tiene precio? Que hay que pagar por todo. ¿Cuánto hace que te cobran el agua caliente para el mate cuando vas por la ruta? ¡Diez pesos! Si sólo es agua caliente. ¿Qué hice para tener que pagar por agua? ¿Tomar mate?", interrogó con ironía para contestar: "todo parece estar en un Jau-lón".
Hubo referencias al próximo balotaje y también homenajes explícitos a Las Abuelas de Plaza de Mayo, con "Green lover", a Gustavo Cerati, de quien interpretó "Avenida Alcorta" pegado con "El pozo", y a Luis Alberto Spinetta, a quien nombró en el verso de una las canciones; y agradecimientos a Liliana Herrero –definida como "nuestra Björk"-, y a "Catupecu Machu", que grabaron temas suyos.
Las interpretaciones de "Desprender del sur", "Azúcar del estero", "Me hice cargo de tu luz", "El plástico de tu perfume", "Sun", "Traje de dios", "Vi tu foto", "El árbol caído", "Canción de amor", "Plug del sur", "La última prosa" -"esta es la canción más triste que hay, bueno, casi: competí por el récord Guiness y salí cuarto, había tres más tristes que esta"-, "Tu nombre y el mío", entre otras, fueron sucediéndose en una noche ganada por la intimidad, la emoción y las risas.
Una noche que marcó el final del recital con el pedido del público para que regresara al escenario. Pedido al que Lisando Aristimuño accedió para interpretar cuatro temas más con sostenidos aplausos de fondo.
Afuera del Centro Cultural, cuando el viernes se hacía sábado, se respiraba calma. Alegre calma de asistentes a un concierto que se retiraban con música y palabras aún sonando en su interior. "No te dejes más vencer/ al alma hay que darle de comer:/ un poco de azúcar del estero/ un poco de risa y caramelos".

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