"Al juego hay que tomarlo con cuidado"

En "El jugador", Pablo Rago representa a un joven millonario, nieto del dueño de la mayor cadena de carnicerías del país, que se quiere meter en el mundo del narcotráfico junto a su novia arribista y a un amigo.

Pablo Rago protagoniza "El Jugador", la ópera prima de Dan Gueller basada en la novela homónima de Fiodor Dostoyevski, con un personaje que mezcla lo macabro, la comedia y cierta inocencia de quien cree que se puede llevar todo por delante en un ambiente marcado por el escolazo.
"A los 18 tenía una novia en Mar del Plata. Yo iba a visitarla y a jugar. Si me quedaba sin plata, iba al departamento a buscar más y me quedaba hasta las 6 de la mañana con Gerardo Sofovich, Jorge Corona y Jacobo Winograd y eso me llevó a entender que el juego había que tomarlo con cuidado", explicó entre risas Rago a Télam.
"Si iba con mi novia -agregó el actor con más 30 años de trayectoria- no se podía mover de mi lado hasta que cayera la bola. Después de que se me pasó esa obsesión, empecé a disfrutar del juego".
En este filme, Rago representa a un joven millonario, nieto del dueño de la mayor cadena de carnicerías del país, que se quiere meter en el mundo del narcotráfico junto a su novia arribista y a un amigo.
"Mi personaje es un gil que posee todo y no tiene en claro qué es lo que quiere. Se mete con gente pesada sin saber cómo puede terminar", señaló el actor, quien sostuvo que se trata de una cinta que se puede tocar con la realidad.
A Rago se le suma el coprotagonista Alejandro Awada, Lali González, Guadalupe Docampo y Esteban Bigliardi, quienes en el encierro de un hotel se encargan de crear un mundo que supera a las relaciones que entre ellos se pueden ver a simple vista.
En esa Mar del Plata de media estación, donde Sergio (Rago) quiere debutar como narcotraficante de poca monta, aparece Alejandro Reynoso (Awada), quien lleva el dinero del abuelo (el recientemente fallecido Oscar Alegre) para concretar un negocio que a todas luces no es el que su nieto desea emprender.
En medio de una noche de fiesta, drogas, sexo y alcohol, comienzan las intrigas y en las que se sumergen todos los protagonistas, dando lugar a situaciones de difícil salida e intrincados sucesos.
Traiciones, una joven enamoradiza, un hombre maduro seductor y taciturno, el viejo dueño de todo y unos pequeños truhanes con aires de grandeza generan un atractivo filme que fluctúa entre la comedia negra y el policial.
"Me gustaron estos personajes decadentes, pero muy humanos y te hacen reír. No es una historia bajón, a pesar de la desesperación. Ellos quieren ser otra cosa. Ninguno trabaja y son individualistas, como en el juego. Un poco de eso hay en la historia, además de retratarnos como humanos", señaló Gueller a Télam.
"El libro original -agregó el realizador- tiene mucho de humor negro y densidad. Era llevar un poco la película hacia ese lado y recrear la tortura, pero dentro de la dinámica familiar, donde quizá no se quiere lastimar al otro de forma física. Empieza como un policial clásico y va tocando la comedia".
Uno de los desafíos que encontró este lector de Dostoyevski fue el de eliminar el ambiente de la Rusia pre Revolución en la que sucede el texto original y trasladarlo no sólo a una Argentina del Siglo 21, sino, también, con personajes identificables por el público local.
Si bien todos ellos son perfectamente reconocibles para cualquier argentino, sobre la cinta se pasea el espíritu de la obra rusa, sobre todo en algunos tramos de los diálogos y en el armado psicológico de los protagonistas, algo en lo que el autor de "Crimen y Castigo" o "Los endemoniados" fue un experto.

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