Alejandro Rementería, a tres décadas de su consagración a nivel nacional

Alejandro Daniel Rementería es parte viva de la historia grande del deporte de Comodoro Rivadavia. Fue el primer piloto chubutense de automovilismo en ganar un título nacional, midiéndose codo a codo con "pesos pesados" y en una categoría moderna y atractiva.
El 23 de noviembre de 1986, con 22 años de edad, lograba el título del Campeonato Argentino de Pilotos - Datsun 280 ZX, donde también competían grandes exponentes como Juan María Traverso, Ernesto "Tito" Bessone, Luis Rubén Di Palma y Osvaldo "Cocho" López, entre otros.
Nació el 4 de febrero de 1964 y es hijo de Ana Delia y Alfonso Luis, su mentor y preparador, ya fallecido. Tanto su madre como su padre, junto a sus hermanos menores, el "Ruso" Sergio Fabián y Adrián Alfonso, y su amigo Jorge Flores, eran su equipo.
Actualmente, a los 52 años, tiene los mejores recuerdos de aquella época de gloria, de la que nunca quiso enamorarse perdidamente, para que el pasado no genere nostalgia. Hoy no está ligado al automovilismo y está encargado de un negocio familiar.
Por eso, mira al pasado con una sonrisa y vive un presente "tranquilo", como le aseguró a El Patagónico en la charla que tuvo lugar en su propia casa.
El último miércoles se cumplieron 30 años de ese entrañable título, que en aquel entonces lo consagró como el campeón más joven, junto a José Luis Di Palma. Fue un logro anticipado, en la antepenúltima fecha disputada en Balcarce. La siguiente jornada se corrió en su Comodoro Rivadavia, donde llegó como campeón y fue recibido por una autobomba en el aeropuerto. La última se realizó en el callejero de Santa Fe.

SUS COMIENZOS
Alejandro anduvo entre "fierros" desde muy chico, detrás de su papá Alfonso, un histórico preparador. "Empecé por mi viejo. Ibamos al autódromo y yo, con 12 años, estaba sentado en los Hot Rod. A los 14 ya empecé a correr de acompañante, y a los 16 había un Hot Rod que estaba listo acá, había una carrera en Deseado, dijimos que iba a correr un amigo de mi viejo al que le había prestado el auto, pero al final me dieron permiso", rememora.
Su primera carrera fue accidentada, pero lo recuerda con humor. "Largué mi serie en entre "Ramonín" Fernández y el "Chicato" Rodríguez, di un par de vueltas, seguí de largo en una curva, me caí en una zanja, lo partí al medio y no sirvió más. Así empecé yo", comenta entre risas.
El retorno a casa fue más duro que la "piña" que se puso. La patrona se había enterado y estaba enojada. "Cuando volvimos y llegamos a la puerta de la casa, mi vieja no nos dejó entrar", asegura, con una sonrisa pícara.
A la mañana del día siguiente fue tiempo para la charla. Ana Delia dio la sentencia: "Nos dijo que yo no tenía que correr más en Hot Rod ni en la tierra".
Como Alfonso no podía con su genio, redobló la apuesta. "A la tarde, mi viejo compró una 125, a última hora yo la traje y la empezamos a desarmar", relata Alejandro.
Su mamá se dio cuenta de la "travesura" y se les fue al humo. "Le dijo a mi viejo '¡me dijiste que Alejandro no iba a correr más!', y mi viejo le contestó 'yo te dije no iba a correr más en Hot Rod y en la tierra, así que va a correr en el Turismo Nacional 2000 acá, en el asfalto'", evoca, risueño.
Ana Delia aceptó la derrota, pero con la condición de que ella iba a ser quien estuviera al tanto de todo lo concerniente a seguridad.
"Llegué a correr con una radio en el auto. Cuando yo pasaba, una persona avisaba que estaba bien. Había otra radio en los boxes y una en la 'víbora', donde estaba mi mamá. Entonces, mi mamá desde la 'víbora' le decía a mi papá, que estaba en boxes, que me diga a mí que vaya más despacio", explica.

LA AVENTURA DATSUN
Alejandro Rementería se autodefine como un "transgresor", porque realmente quería superar todos los límites, así como se subió a un auto de carreras a los 16 años y lo partió al medio.
Su aventura que se consagraría con el campeonato en 1986, comienza dos años antes. "Mi viejo le compró el auto que Carlos Costilla tenía en Buenos Aires y fuimos a probar al autódromo, para ver si me daban la licencia porque tenía 20 años. Era diciembre del '84 y no había pibes de esa edad que se subieran a esos autos", aclara.
La prueba fue mala, pero alguien vio algo en ese joven piloto y la licencia le fue otorgada. "Fuimos con alguien de la CDA, me hicieron salir, mi viejo con este hombre se fueron a caminar por el autódromo y yo hice dos trompos. Mi viejo se agarraba la cabeza y decía 'ahora no le van a dar la licencia'. Y este hombre le decía 'va rápido el pibe, va a andar bien porque hace trompos, es corajudo'. Y me dieron la licencia", afirma.
Alejandro termina viajando a Buenos Aires por un consejo que le dieron a su padre. "Carlitos (Costilla) había hecho una temporada, tenía un auto y hubo una reunión en el Auto Moto. Estaban discutiendo y le dijeron a mi viejo 'Alfonso, no te calentés, arreglá con Costilla y llevátelo a Alejandro a correr a Buenos Aires'. Capaz que si no hubiera sido por eso, lo hacía en otro tiempo o nunca", reconoce.
Alejandro Rementería corrió tres temporadas en Datsun. La consagratoria fue la segunda. De 15 carreras, ganó nueve, fue segundo en una y tercero en dos. También obtuvo una cuarta colocación y una décima posición, más un abandono. Además, fue dueño de 8 récords de vuelta.
Se ganó el respeto y cariño de pilotos de la talla de Juan María Traverso, su amigo Ernesto "Tito" Bessone, Osvaldo "Cocho" López y su ídolo, Luis Rubén Di Palma, entre otros.
Cuando llegó a Comodoro para correr la penúltima fecha, ya había salido campeón en la anterior y lo estaban esperando con un autobomba en el aeropuerto. La caravana lo acompañó hasta su casa y allí festejó con su gente, sus vecinos, sus admiradores que sintieron ese orgullo de tener un campeón.
"Yo iba a todos lados y decía que era de Comodoro Rivadavia, del sur. Esas cosas se instalaron en la gente, y yo era un chico de 22 años", evoca Alejandro, héroe vivo de la historia grande de la capital del petróleo.

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