Andrés Aguilar, maestro de la estrategia y el discernimiento

A los 7 años se inició en el ajedrez. Dos años antes ya lo hacía en el fútbol de salón con la Super Económica, para luego ser defensor de la 8ª y la 7ª de Ameghino. En la actualidad es el número 1 de la Patagonia en el deporte ciencia. Minucioso en cada movimiento, el contador del barrio Pietrobelli tiene la capacidad de abstraerse para evaluar multiplicidad de variantes, análisis y estrategias sin perder la calma. Libros sobre diversas aperturas y defensas, más un software con más de 10 mil partidas, forman parte su entorno.

por Angel Romero
a.romero@elpatagonico.net

Andrés Aguilar siempre se la arregló para no "desentonar", en especial cuando jugaba al fútbol –en cancha grande llegó hasta la 8ª y la 7ª de Ameghino, mientras que en fútbol de salón jugó en Flamengo– porque si bien no la "descosía", sabía cómo ubicarse en la cancha y tenía aceitada la visión de juego cuando en la cancha de tierra se le venían los rivales, y él en su puesto de defensor debía cortar la trayectoria. Así (con inteligencia) no era un crack, pero estaba a la altura de la circunstancias.
Sobre fines de mayo de este año, Ricardo Andrés Aguilar –comodorense, 32 años, hincha de River y Contador Público Nacional de la UNPSJB– participó del torneo Abierto Legislatura 2017 "Copa Norberto La Porta" en Buenos Aires, donde superó los 2.300 puntos de ELO en el ránking de la Federación Internacional de Ajedrez.
En la intimidad, Andrés y su círculo cercano sabían que a pesar de empatar en la partida final con Federico Pérez Ponsa (número 2 de la Argentina), los puntos obtenidos ya eran suficientes para ser "Maestro FIDE", una consagración que buscaba desde que se inició en el deporte ciencia a los 7 años, en el Club Domingo Savio.
Sólo hubo que esperar un par de semanas para que la FIDE confirmara que era el segundo chubutense (primero fue el madrynense Jorge Sabas en 2011) y el primer comodorense en obtener el título de "Maestro FIDE". Primero de tres escalones a nivel mundial.

SABER UBICARSE
Criado en la parte alta del barrio Pietrobelli, Andrés comenzó a jugar con cinco años en el fútbol de salón con los colores de la Súper Económica. Fue en ese espacio donde aprendió las primeras nociones con la pelota. A los 7 años se sumaba a jugar ajedrez en el Club Domingo Savio. En tanto que sin dejar el deporte ciencia, a los 12 se sumó al fútbol grande con los colores de Ameghino.
"Con Ameghino teníamos un equipazo, con la 7ª y la 8ª salimos subcampeones de la Primera división, les ganábamos a todos sin entrenar. Sólo perdíamos con la CAI, donde se contaba entre los del plantel a Pablo 'Pitu' Barrientos y otros", rememora Andrés.
La velocidad no era lo suyo, tampoco la gambeta, pero Andrés contaba con la "cabeza" necesaria para entender el juego, saber dónde ubicarse. Y ante todo no perder la calma cuando el rival se le venía encima y él con la "4" en la espalda era el último bastión antes del arco del CAFA.
La capacidad de tener visión de juego y abstraerse ya estaba en marcha. "En Ameghino no brillaba pero sabía acomodarme para no desentonar, porque si bien nunca te tiraba un centro, tampoco me comía una gambeta. Aparte teníamos un equipazo. Pero cuando la Primera descendió, nosotros también lo hicimos. Y ya no había ganas de volver a jugar en la B, por eso nos empezamos a ir casi todos", recuerda.
A la par del ajedrez, el fútbol y el secundario en el Domingo Savio, Andrés hacía del análisis y la posibilidad de variantes una forma de vida.
La secundaria le requería más tiempo. Y en fútbol el grupo se había desarmado. Sin embargo, su primera competencia importante fue a través del ajedrez y a los 8 años.

EL NACIONAL DE CORDOBA
"Antes del año de haber comenzado a jugar, habíamos hecho un torneo local donde yo había salido segundo -1° fue Sebastián Gallardo- y yo me había quedado con eso. Un día yo estaba jugando a la pelota en la calle, cercano a la Capilla del Carmen, y viene mi profesor de ajedrez Raúl Ortiz y me dice si estaba mi mamá", rememora.
"Le voy a decir que te portas mal en las clases" le dijo Ortiz, a lo cual Andrés sólo atinó a llorar por el reto posterior que vendría de su madre.
"Yo nunca me había portado mal en ajedrez, y no entendía. En realidad era para decirle que había accedido a un Nacional en Córdoba. Años después a mi profesor le agarró un ACV y dejó de dar clases en el 96. Y hace poco más de cuatro años me invitaron a unas clases de tango de un tal Braulio Ortiz (no conocía a mi profe por Braulio). Me acuerdo que fui y lo saludé, él no me registró. Pero a la hora de contar anécdotas, recordó la de un nene de 8 años que lloraba porque pensaba que su mamá lo iba a retar. Ahí caí en la cuenta de todo lo que pasó", sostiene.
En Córdoba, y con 8 años, sacó la mitad de los puntos en juego sobre un total de 60 participantes. "Yo en el viaje me vomité todo, lloraba porque extrañaba y hasta le tenía miedo a las estatuas de un museo que nos llevaron. Pero creo que a esa edad se me hizo un click que con ajedrez iba a poder viajar. De hecho, fue mi primer viaje, salí mitad de tabla y ya al año siguiente quería mejorar. Entonces ahí comenzó mi pasión por el ajedrez", sostiene.
En un momento era Sub 18 y tenía un ranking muy alto. Pero Comodoro Rivadavia, al no estar federado (la Federación Chubutense se reactivó hace cuatro años), Andrés nunca tuvo la chance de poder competir en forma oficial y acceder a una instancia Panamericana o mayor.
"Recién luego de que se armó la Federación tuve chance de jugar instancias Nacionales. A mí me pasó que con 16 años no entendía mucho de cómo era la competencia. Entonces a la hora de presentarme la chance de jugar un Nacional con los mejores rankeados o un Abierto, optaba por estos últimos. Aunque ahora viéndolo desde lejos, creo que en ese entonces contaba con chances de poder clasificar a un Panamericano".
En ese entonces en la capital petrolera, el deporte ciencia se jugaba en "El Mundo del Ajedrez", el "Círculo de Ajedrez" y "Club Domingo Savio".
Buscando competencia, Andrés recorrió diversos lugares donde no sólo se jugaba ajedrez, sino que también se apostaba fuerte en otros juegos de mesa de apuestas.
Todo su desarrollo en el ajedrez fue autogestionado, desde el estado municipal y provincial colaboraban con los pasajes. A veces solo de ida, y el de vuelta a confirmar. Y a pesar de que nunca ganó un peso, a lo sumo lo más preciado que tiene es un tablero ganado en un Provincial de 2011 labrado en una especie rara de granito.
"A los torneos abiertos iba Oscar Roberto Panno, que es Gran Maestro Internacional. Y fue el primer ajedrecista argentino y sudamericano en alcanzar un título mundial de la FIDE. Incluso llegó a estar número 4 del mundo en el 55, entonces imagínate para un pibe estar a lados de jugadores de esta categoría", resalta.

LA UNIVERSIDAD Y EL
ESTUDIO DEL JUEGO
La Universidad la comenzó en el 2003. Fueron dos primeros años a pleno con todas las materias aprobadas en tiempo y forma. Pero Andrés y otros jugadores sentían que les faltaba algo para trascender. Por ello formaron un club aparte, trajeron maestros a dar clínicas de capacitación y dictaron charlas en empresas.
"Nos fue muy bien. Además daba clases de ajedrez en los barrios, en Los Grillitos y alguna que otra escuela privada. Entonces la Universidad comenzó a quedar de lado. Me relajé, y si bien no discontinué la cursada, me lo tomé con más liviandad. Por eso recién en el 2012 me recibí de contador", describió.
Ahora reconoce que le cuesta acomodarse, que le gustaría organizarse para retomar pádel y fútbol de salón (aunque sea por hobby). Pero con el ajedrez se le complica encontrar el equilibrio. Dado que entiende que como todo deporte, uno puede nacer con cierto "talento", pero que si no se ejercita y no se estudia, el techo de superación queda a muy baja altura.
"El ajedrez es analizar jugadas, estudiar al rival, establecer una infinidad de estrategias, y en cierta medida también estar preparado para lo que pueda surgir en determinado momento. Jugás con todo eso, con el rival y con el tiempo. Entonces tenés que abstraerte de todo y pensar sólo en lo que está sucediendo en el tablero", expresa.
Aguilar viajará este miércoles a un Abierto en Tierra del Fuego y Chile, siendo Andrés el número uno de la Patagonia. En uno de los certámenes que permiten sumar puntos para el ranking y medirse con otros cuatro maestros de ajedrez.
"Siempre me frustro, porque cada vez que me preparo, lo hago para ganar todas las partidas. Pero a la hora de la verdad eso muchas veces no sucede, a veces te toca perder por un detalle o descuido en el final que tu rival supo aprovechar. O tener que cerrar un empate porque sabes que otra salida no te queda", confiesa.
Cuando las cosas no salen según "lo estudiado" el enojo le dura un par de horas, luego hay que volver a la competencia. En su caso, se encierra en la pieza. Pero cuando viaja con amigos, la pena se compensa, porque en las dos horas de receso y durante el almuerzo se dedican a analizar las jugadas en las que se impuso el rival.
"O dormís o revisas los apuntes de lo que pasó. En mi caso y para esta competencia (Tierra del Fuego y Chile) estudié los nueve rivales que tengo arriba mío. Y en base a cómo se mueven plantee la defensa la defensa india de rey, que es una de mis preferidas. Además de un planteo más sólido en el centro. Pero esto no es garantía de nada. Lo ideal es siempre ir un paso más adelante, por lo menos eso me recuerda mi entrenador Salvador Alonso, que también es maestro pero ahora se dedica sólo a la docencia", apunta.

RACIONALIDAD
Aguilar nunca va a dar un paso fuera de lo razonable, tanto en la vida como en el tablero. Aunque reconoce que en cierto momento lo intuitivo comienza a tener su protagonismo.
"Una cosa que no hay que perder es que el tiempo también corre y juega. Entonces yo no me puedo dedicar 40 minutos a analizar un movimiento porque eso me los resta a los 90 minutos totales que tengo para definir la partida. Así te encontrás con movimientos que no tenías pensado que el rival iba a hacer. Son momentos críticos, pero nadie toma riesgos por tomar, todo conlleva una intención. Está en uno saber discernir eso. Hay muchos que observan al rival para tratar de ver que le sucede, pero no es mi caso. Para mí lo importante es lo que acontece sobre el tablero. Además, la mayoría los jugadores de ajedrez son inmutables a lo que va pasando, casi ninguno de nosotros te va a dar un indicio de lo que le pasa en su interior".
Si bien el ajedrez es un deporte que se juega sentado, Andrés sostiene que el desgaste también se hace presente.
"Hay veces que el cuerpo te pasa factura, porque cuando el rival te está apretando te sentís asfixiado. Sin embargo lo ideal sería no transmitir nada. Y si te equivocás y sabes que vas a perder, por lo menos no se la vas a ser tan fácil. En mi caso, en estos últimos años consolidé la resistencia, porque antes perdía con mayor facilidad, incluso con el número 2 de la Argentina (Federico Pérez Ponsa) empaté en marzo pasado. Para mí fue una alegría enorme por la forma en que dio", concluyó el admirador de Ramón Díaz y Marcelo Gallardo por la capacidad de ambos para leer el juego.

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