Ante la crisis, consumidores prefieren la economía social

Otro de los principios teóricos de estas nuevas formas de consumo tiene que ver con la necesidad de concientizar a la población sobre la Soberanía Alimentaria.

La crisis económica de los primeros meses del gobierno de Cambiemos, con una inflación del 27% en lo que va de 2016 y un aumento de precios interanual de más del 45%, sumado a la caída del poder de compra por el estancamiento de los salarios, está dando lugar a la masificación de otras formas de consumos populares ligadas al cooperativismo y a la economía social.
Las múltiples ofertas y alternativas solidarias de compra se consolidan -tras varios años de existencia- o surgen al calor de la necesidad de las familias de volcarse hacia posibilidades de consumo más económicas.
"El acto de consumo es un hecho político, uno con su dinero fomenta un tipo de economía u otro", sostiene Leonardo Chiesa de Colectivo Solidario, que forma parte de una red de cooperativas de comercialización de productos que tienen base en el Mercado de Economía Solidaria de la calle Bonpland, en el barrio de Palermo.
El objetivo es poder llegar directo del productor al consumidor y evitar así la compleja red de comercialización, que suma costos al producto. "Trabajamos con más de 30 fábricas recuperadas y cooperativas y tenemos productos alimenticios, de limpieza y de higiene personal", explica Chiesa.
Además del mercado de Bonpland, sus productos pueden adquirirse en línea en la web. Los precios, según estimaciones propias del mes de abril, se ubican entre un 10 y un 20 % menos que en grandes supermercados.
Desde fines de 2015, el conjunto de organizaciones que integran Pueblo en Marcha lanzó la iniciativa de la Misión Me.Co.Po, inspirada en los "Mercales", mercados populares de consumo surgidos en la Venezuela de Hugo Chávez.
"La Misión nació con el propósito de abaratar precios, facilitar el acceso de los productores a los consumidores y crear una red de consumo y compra basada en la solidaridad entre vecinos", explica Carina López Monja, vocera de Pueblo en Marcha.
En total comercializan 12 canastas a precios populares -frutas y verduras, artículos de almacén, alimentos para celíacos, productos de limpieza, textiles, juguetes artesanales y libros, entre otras- que se distribuyen a pedido en más de 25 nodos en Capital y algunas zonas del Gran Buenos Aires.
Los vecinos tienen que ir formando círculos de consumo para garantizar un mínimo de canastas o sumarse a uno ya constituido, que se van organizando a través de un coordinador, quien se encarga del pago y la entrega. El costo del envío es de 200 pesos, pero se divide entre todos los miembros que compran. En julio, la canasta de 7 kilos de fruta costaba $79 y la de 7 kilos de verduras agroecológicas $130, un 40% más barato que en una verdulería, según datos de Pueblo en Marcha.
Otro de los principios teóricos de estas nuevas formas de consumo tiene que ver con la necesidad de concientizar a la población sobre la Soberanía Alimentaria. Los integrantes de Bolsón Soberano, una iniciativa de alumnos de la Licenciatura en Economía y Administración Agraria de la UBA, en conjunción con las universidades de Quilmes y Lomas de Zamora, hacen hincapié en que el consumo de productos a precios más bajos, también tiene que estar ligado a conceptos como la nutrición y la alimentación sana.

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