Aprender a leer el cuerpo

Corredores de aventura, triatletas, atletas y multiplicidad de personas se suman a las diversas propuestas deportivas o de competencia en la ciudad. Cada día también las lesiones están a la hora del día, ya sea por sobrecarga, sobre entrenamiento o apurar procesos en base a resultados inmediatos. El masaje deportivo es una variante que cada vez suma más clientes. Gabriel Gómez, ex jugador profesional de vóley, es uno de quienes se suma como herramienta para quienes buscan sumar bienestar, "el descanso como tal es imprescindible en el proceso de optimización", sostiene.

por Angel Romero
a.romero@elpatagonico.net
Participar en carreras de calle, cruzar la meta en una carrera aventura, combinar disciplinas en las pruebas combinadas o simplemente volver a practicar el deporte e la juventud son una multiplicidad de motivos por el cual la gente se inclina a practicar deportes o competir en eventos federados o privados.
Salir en el diario, hacer un podio, bajar una marca también figuran como objetivos donde las personas dan todo de sí –a veces por demás- sin tener en cuenta que el cuerpo no es el mismo, o que a la larga termina por pasar factura. Por ello, las lesiones están a la orden del día. Algunas son evitables, otras no. Todo va en la mentalidad de cada uno que sabe hasta qué punto puede dar, y en qué proceso de optimización está su potencial.
Entre las disciplinas o métodos que acompañan al deportista se encuentra el masaje deportivo. Un complemento que cada día suma más adeptos, y no solo en personas que van cuando la lesión ya acusa recibo, sino como una preparación más (o un mimo) en la búsqueda de determinado objetivo.
Gabriel Gómez es uno de los tantos masajistas que prestan su servicio a deportistas de diversos niveles. Para él –ex jugador de vóley de elite, integrante del seleccionado nacional en Menores y Cadetes con un paso por la Liga de Israel- su función se presenta con un complemento más junto a profesionales como los kinesiólogos.
"Luego de mi carrera deportiva, mi opción corrió por los masajes. Que es un espacio de bienestar. No es un espacio terapéutico porque eso lo llevan adelante profesionales como los kinesiólogos, quienes como Carlos García me ayudaron en mis inicios como masajista en Comodoro Rivadavia. Hay una apertura respecto a ello, y son varios los promotores que fomentan un trabajo en conjunto como Walter Vásquez y Juan José Ariel", mencionó Gabriel Gómez.
No hay formulas básicas. Tampoco una sesión de masajes resuelve un malestar. En definitiva, cada uno es intérprete de lo que le sucede al cuerpo. Y en consecuencia el nivel de proceso que le va a llevar para alcanzar determinado potencial.
"Uno palpa una contractura, o fibrosis muscular, en la mayoría de los casos es por sobrecarga muscular. Pero no es el tema determinar si está finiquitado la lesión como proceso terapéutico, sino en qué proceso está la fibra y como está respondiendo a los entrenamientos. Y prestar atención básicamente a lo que el cuerpo nos dice. Eso es algo que les digo mucho a mis clientes. No se trata de que yo determine en qué condición está el musculo, si mañana esas personas van a realizar un estimulo muy vigoroso. Y puedan volver a poner el cuerpo en la misma situación o profundizar una lesión".
De excusas Gabriel no entiende, a la hora que el cliente se presenta la molestia es palpable. En su caso, no está en su función hacer juicios de valor. Si en su espacio se da un lugar de confidencialidad y confianza donde se conforma un verdadero equipo en pos de un mismo objetivo.
"Uno desde este servicio cuida todos los detalles. Desde la ambientación hasta la música. Entonces al ser un espacio abierto, se da la situación para que trascienda más allá de la recuperación del musculo en sí. Con un resultado claro: lograr un musculo acorde a la competencia que se proyecta. Siempre expectante a la intensidad de cómo sienta el masaje mi cliente. Por ello, el masaje es parte de un camino de optimización, como lo son la alimentación y el descanso. Como no tengo autoridad de hablar de alimentación, siempre aconsejo un nutricionista. Y el otro tema es el descanso: es un común denominador en los deportistas –sea cual fuese su nivel de competitividad- la sobre exigencia. El no respetar el descanso del cuerpo, pareciera ser que un resultado solo se alcanza a través del estimulo", recalca.
Puede suceder que esté de moda ingresar al mundo de la competencia sin previa experiencia. Personas que buscan un reconocimiento en pos de lograr un podio o la aprobación de los demás. Y en ese camino se descuida el mismo bienestar.
"El masaje viene a ser como una optimización del descanso. Pero ese tiempo de descanso tiene que estar, sino se le da valor al descanso como estímulo, muchas veces nos encontramos con situaciones de lesiones", recalca.

REINCIDIR EN
LAS LESIONES
"Dependiendo del deporte o actividad que se practique, el cliente va a tener tendencia a recargar determinado sector muscular. Y por ahí la reincidencia tiene que ver con la práctica de la actividad. Respecto a los límites, yo brindo un servicio a mis clientes. Si ellos mayormente tratan de conciliar en lo que uno puede aportar, como tener un hábito de determinados tipos de estiramiento o considerar un día completo de descanso. De a poco con todo eso se van dando resultados. Igual tengo clientes que vienen y me dicen 'me maté en el entrenamiento'. Y no es de mi parte dar un reto ni nada, sino que el cliente asuma porqué se da esa situación", comenta.
Gabriel lo entendió de joven, cuando a los 19 años se inició como jugador profesional de vóley en "Rojas Jones", que salió campeón de la Liga Nacional, luego de hacer inferiores en el club Ferrocarril del Oeste.
Siempre estuvo pendiente del cuerpo médico de los equipos. Y en especial del trabajo de los kinesiólogos con los jugadores de elite. A la vez que trascendía a nivel competitivo y ganaba dos Ligas, primero con Rojas Jones y luego con Club de Amigo, donde tuvo de compañero de equipo a Hugo Conte, leyenda del vóley nacional.
"Con Hugo Conte me tocó jugar varias ligas, es un ídolo para mí. Y excelente compañero. También estuve en la selección menor de Argentina en el Sudamericano en Ecuador. Y con los juveniles en el Sudamericano de Chile. A los 25 años me llegó la oportunidad de ir a jugar una temporada en Israel. Y dos años más tarde por una decisión personal, decidí dejar el profesionalismo y venir a vivir a Comodoro Rivadavia a los 27 años", expresa.

SABER DISCERNIR
A la hora de exigirse, Gómez sostiene que sus clientes reconocen y cuentan cuando se exigen al límite en base a resultados. Su pasado como jugador profesional de elite le ayuda a comprenderlos, porque Gabriel fue exigente consigo mismo durante su carrera.
"En este aspecto de haber sido profesional, yo le exigía a mi cuerpo. Y siempre en cada experiencia de Liga Nacional me iba capacitando con los cuerpos médicos en el abordaje terapéutico del deportista. Aunque mi camino corrió luego por el masaje, que no es terapéutico, sino es un espacio de bienestar, porque no soy un profesional de ello", resalta.
La frecuencia de la toma del masaje también marca los resultados, Gabriel lo entiende así. Y sugiere una cierta frecuencia de descarga, en especial en aquellas personas que practican el alto rendimiento.
"Cuando hay una lesión, siempre queda el trauma. Yo tuve un desgarro abdominal que me postergó un año de Liga Nacional, por una pubalgía mal tratada. En un contexto donde el vóley no pasaba su mejor momento, porque muchos clubes no tenían sustento económico. Fue en ese tiempo donde Marcelo Tinelli salió a gerenciar varios clubes para que la Liga pueda llevarse adelante", recordó.
En la actualidad, Gabriel tiene clientes de todo tipo. También adolescentes que contrario a lo pre establecido, tienen contracturas o lesiones de cintura o cervicales que tienen como origen el exceso de la tecnología: desde la mala postura en la computadora o a la hora de usar la tablet o el celular.
Lo suyo, sostiene, es un complemento en el abordaje del deportista, donde no hay soluciones mágicas, donde cada uno es consciente de cuándo el cuerpo le pide un "mimo".
Respecto a las personas que practican un deporte de aquellos que no, Gómez sostiene que el deportista es más consciente y pide el servicio con más regularidad. Por ello la recuperación es más óptima. En cambio, en los sedentarios, suelen sostener una contractura por largo tiempo hasta que el cuerpo los hace sufrir.
Por último, disiente respecto a energías, malas vibras o lo que el cliente pueda transmitir. "Uno es el ejemplo, uno con su cuerpo se cuida y se prepara para brindar un buen servicio a los clientes", reafirma.
No es nada fácil, incluso para él cuando lo visita su madre y se adueña de la cocina. En todo caso, "todos tenemos altibajos", concluye.

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