Asaltaron con cuchillo a una comerciante: la ataron y la encerraron en el baño

Un violento asalto tuvo lugar a las 10 de ayer en Rivadavia casi pasaje Unamuno, en donde dos delincuentes sorprendieron a una comerciante que hace un mes abrió un negocio de indumentaria masculina. La ataron y la encerraron en el baño. Le llevaron 12 mil pesos, el teléfono, la tablet de su hija y bolsas de ropa.

Hace un mes que Nilda abrió un modesto local de venta de ropa en Rivadavia casi Miguel de Unamuno, a metros de la escuela Ceferino Namuncurá, y ya fue víctima de la delincuencia en dos ocasiones. La primera vez había sido una madrugada en que no había nadie en el local. La de ayer fue distinta, ya que tuvo lugar a las 10 cuando Nilda estaba sola en el comercio y dos delincuentes ingresaron violentamente. De inmediato redujeron a Nilda, que estaba limpiando, y la encerraron en el baño.
La mujer le confesó a El Patagónico que tuvo "miedo de morir". Es que los ladrones la amenazaron con un cuchillo y le ataron las manos. Incluso también le colocaron una mordaza. Lo hicieron con una prenda de vestir íntima de lycra que tomaron de los estantes.
La arrodillaron y le exigieron dinero. En medio de una crisis nerviosa, la víctima les dijo que no tenía, pero los delincuentes volvieron a amenazarla. Uno de ellos la llevó hasta el baño y mientras le gritaba para intimidarla, la hizo sentar en el piso e intentó introducirle la cabeza en el inodoro. Nilda recordó entonces que en la cartera tenía dinero y entre sollozos les pidió que se llevaran todo, pero que dejaran de torturarla.
"¿Por qué dijiste que no tenías plata? Ustedes siempre dicen lo mismo", le recriminó el ladrón. Era un dinero que Nilda tenía que rendir a una persona. Eran 12 mil pesos.

MEXICANEADA
El delincuente que hasta le reprochó a la víctima su olvido protagonizó una maniobra "desleal" con su cómplice, ya que mientras su acompañante buscaba ropa, se encerró en el baño y guardó en su campera los fajos de dinero que cupieron. Para ello cerró la puerta del baño con el evidente objetivo de no ser visto por su compañero de andanzas. Se abrió la campera e introdujo toda la plata que pudo en un bolsillo interno.
Para disimular el engaño a su cómplice, con tono autoritario retomó su demanda de dinero a la víctima, quien les dijo que ya que habían encontrado la plata, se fueran porque estaba por llegar su marido.
Entonces, el ladrón tramposo le arrojó la cartera de la mujer a su compañero por encima del mostrador y le dijo que ahí había plata. El otro delincuente ya había llenado al menos dos bolsas de consorcio con ropa. Se llevaron jeans de hombre, camperas, zapatillas y buzos. También el teléfono celular de la mujer y la tablet de la hija.
"Tiene que haber más seguridad. Gracias a Dios no me hicieron nada", diría luego Nilda a El Patagónico. Antes de marcharse, los delincuentes la ataron y la dejaron encerrada en el comercio. Cuando pudo desatarse, la mujer salió a la vereda y le pidió ayuda a un hombre que pasaba por el bulevar de la avenida Rivadavia.
"El miedo te queda", confesó la damnificada que no podía contener el llanto. "Así no se puede trabajar", acotó.
En el robo anterior los delincuentes habían ingresado al local por una ventana del baño y se llevaron numerosos objetos. Ahora entraron armados con cuchillo y a plena luz del día. En el caso tomaron intervención la Seccional Cuarta de Policía y la Brigada de Investigaciones.

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