Asalto a la memoria

El Chalet Huergo volvió a ser noticia, pero hay que señalar que los hechos vandálicos registrados en las últimas horas son solo una polaroid de la extensa película que desde hace años sufre el monumento. En setiembre ya se habían robado la hélice de un buque histórico de YPF que se incendió en la década del 60. Pesaba media tonelada, pero nadie se dio cuenta.

Por mencionar solo uno de los episodios más recientes de los que el chalet y su jardín -y la comunidad y su historia por ende– fueron víctimas, sobresale el robo en setiembre último, de la hélice del Buque Director Madariaga, que formaba parte de la muestra externa dispuesta en los jardines.
La reliquia de hierro tenía 3,20 metros de diámetro y su peso superaba los 500 kilos, aunque desapareció misteriosamente sin que nadie más que los directores del museo -desterrado a una sala mínima del Centro Cultural tras el incendio del Chalet en 2010- lo notara, en una de sus recorridas habituales.
El Madariaga era un buque tanque de la flota de YPF que el 16 de marzo de 1965 se incendió frente a las costas del Chalet Huergo. El buque quedó inutilizado y se dio de baja ese mismo año, pero sus máquinas fueron reacondicionadas y puestas en el buque tanque San Lorenzo que era un barco gemelo. El ancla y la hélice fueron conservadas en el jardín histórico del Chalet Huergo desde la década del 70, hasta hace dos meses, cuando esta última fue robada sin que nadie lo notara.
De las denuncias penales que la dirección del Museo radicó por el robo, surge que la superficie en la que se encontraba la hélice tenía las marcas y formas de la misma, sin signos de haber sido arrastrada, con lo que se presume que fue elevada y retirada mediante el uso de maquinaría vial o una hidrogrúa, a pesar de que ni el personal de la empresa a cargo de la obra en el lugar –Transredes- ni el encargado del jardín notaron nada.
Como se dijo, este es solo uno de los hechos recientes que registra el lugar, presa de saqueos agravados desde 2010, cuando con el incendio se retiró el museo -y su personal– del enclave. Desde entonces, fue recurrente el alerta por hechos de vandalismo y destrucción, el ingreso de personas, y el hurto de objetos de las muestras del patrimonio histórico en reiteradas oportunidades.

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