Asaltó una panadería en el Abel Amaya y le robó el teléfono a una empleada

Un joven asaltó el martes a la tarde la panadería "Naira", ubicada en Lisandro de la Torre al 3.500. Ingresó con un arma de fuego y encapuchado, saltó el mostrador, amenazó a la empleada, y al no poder abrir la caja registradora con la llave escapó con el teléfono personal de la víctima.

El martes a las 17:15, un solitario ladrón ingresó a la panadería "Naira", de Lisandro de la Torre y Ostoich, del barrio Abel Amaya, y al no poder abrir la caja registradora se llevó el teléfono celular de la única empleada que atendía el local.
Según las fuentes consultadas por El Patagónico, el delincuente al ingresar tapó su rostro con un cuello polar y amedrentó con un arma de fuego a la trabajadora. Saltó el mostrador y al no poder abrir la caja registradora con la llave de la misma, se llevó el teléfono celular.
El 29 de setiembre del año pasado, la panadería ya había sido objeto de un asalto de similares características al del martes, en virtud que en esta ocasión el ladrón saltó el mostrador y se fue directamente a la cocina donde las empleada tenía sus pertenencias. Lo mismo había ocurrido aquella tarde de setiembre.
En esa oportunidad, fueron dos los asaltantes que ingresaron a la panadería para ofrecer cosas robadas. Al percatarse que la empleada estaba sola la amenazaron con un arma y se llevaron la recaudación.

EL MISMO LUGAR, MISMA MODALIDAD
En el atraco del año pasado, los asaltantes primero le preguntaron a la empleada si estaba el dueño. Decían que andaban ofreciendo teléfonos celulares y una notebook. Todo hacía presumir que se trataba de cosas robadas.
La joven le dijo que no y cuando se dieron media vuelta para irse, uno le preguntó al otro: "¿Lo hacemos ahora?". Se levantó la campera y le mostró a la vendedora la culata de un arma de fuego que sobresalía de la cintura.
La víctima primero pensó que se trataba de una réplica, pero cuando vio que el arma parecía pesarle en los pantalones al delincuente, temió que podían llegar a herirla.
El otro delincuente se dirigió rápidamente hacia la caja registradora y sacó los 2.500 pesos de la recaudación. Incluso se guardó hasta las monedas de diez centavos que había. Mientras, el ladrón que tenía el arma saltó el mostrador y se fue hacia la cocina.
Cuando encontró la cartera de la mujer, tiró todo arriba de la mesada. Entre las pinturas y los delineadores apartó lo que le interesaba: el teléfono celular de la víctima y algo de dinero. Lo mismo que hizo el delincuente del martes.
Ese robo incluso ocurrió en la misma franja horaria que el robo ocurrido esta semana, fue a las 17:30, quince minutos más tarde. Lo cierto que más allá de las similitudes, a menos de un año de haber abierto sus puertas, la panadería que inauguró en julio del año pasado ya fue asaltada dos veces de la misma forma.

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