Aventura en Península Mitre: el verdadero fin del mundo

Se trata de uno de los puntos ubicados más al sureste de la provincia de Tierra del Fuego: el extremo de nuestro "fin del mundo" argentino. La única forma de llegar es a caballo o volando desde Ushuaia en helicóptero. Un desafío sólo para aventureros.

Al extremo Oriental de Tierra del Fuego se lo denomina Península Mitre. Esta región está habitada por guanacos, zorros, cauquenes, lobos marinos y cormoranes. La zona Sur descansa sobre el Canal Beagle y la costa Norte es bañada por el Océano Atlántico Sur.
Posee características naturales y culturales importantes para la zona: colonias de aves y mamíferos marinos, extensos turbales, humedales, rasgos paleontológicos de valor y testimonios de presencia aborigen. Es un verdadero Tesoro Natural que la provincia declaró "Área de circulación restringida", para ayudar a su preservación.
Su atractivo radica en que es una tierra cargada de historias y leyendas, ya que cientos de naufragios ocurrieron en aguas cercanas, y son numerosos los vestigios que aún hoy se encuentran en sus playas. También se pueden apreciar restos de edificios de la Factoría de Lobos en Bahía Thetis; las ruinas de lo que fue el casco de la Estancia Policarpo en Caleta Falsa (Antiguamente Ganadería Ovina) y restos de construcciones hechas por aventureros.
El panorama en la Península Mitre en el fin del mundo ofrece una seguidilla de playas desiertas con paisajes despoblados, caminos silvestres sin señalizar, animales de todo tipo, y una tranquilidad que sólo se puede encontrar a ésta altura del país.
Para acceder al verdadero fin del mundo, la Península Mitre hay que llevar a cabo una expedición a caballo, especial para reales aventureros. Este no es un paseo ordinario que se puede contratar de paso por la región, es una verdadera aventura de un total de diez días donde con caballos especialmente entrenados, y guías se exploran lugares alejados de toda civilización y ruido, se duerme en carpa y se está expuesto a las condiciones climáticas. Dadas las características geográficas por momentos se debe ir a pie. Es una travesía considerada de dificultad media ya que es necesario tener cierta idea y conocimiento sobre equitación y un buen estado físico. Se cabalgará por diferentes terrenos y puede llegar a ser necesario desmontar. También se atravesarán tramos de bosque tupido y algunos acantilados de pendiente pronunciada. No apta para cualquiera.
Se estima unas seis horas de cabalgata cada día, realizando paradas y descansos. El tramo recorrido cada jornada es de aproximadamente 30 kilómetros, pero es importante aclarar que todo depende de las condiciones climáticas.
Lo especial de esta excursión es la sensación de soledad que se experimenta en lugares inhóspitos que recorre. Se descubren los secretos que esconden estos senderos milenarios y durante el trayecto se puede apreciar bien de cerca la variada fauna que habita la zona, además de los naufragios de cientos de años, antiguos cascos de estancias abandonadas, rastros indígenas y mucho más. Las noches son inigualables, alrededor del fuego se comparten experiencias e historias, acompañados por el magnífico Mar Austral.
En los grupos se aceptará un mínimo de 4 pasajeros y un máximo de 12 pasajeros. También hay paquetes que ofrecen la opción de regresar en helicóptero.
Si bien es una travesía algo riesgosa ya que se transitan lugares completamente aislados el equipo lleva consigo un teléfono satelital para emergencias y se contrata a su vez un rescate terrestre. Además los guías a cargo del grupo poseen el certificado SAN-WFR (Wilderness First Responder) otorgado por la Escuela Argentina de Socorrismo y Primeros Auxilios. Y cuentan con un kit de primeros auxilios.
Por su parte, se utilizan caballos de raza Criollo Argentino, de 1,55 metros de alzada promedio, una raza conocida en el mundo entero por su nobleza y resistencia, es decir que son ideales para este tipo de excursiones.

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