Ayudada por su amante, mataron a su esposo y lo enterraron en el patio

A casi 30 años del homicidio del obrero textil Tomás Balverdi, su ex esposa Ramona Marcial -condenada a perpetua aunque hoy se encuentra en libertad- vive en la misma casa del barrio Restinga Alí donde tuvo lugar la tragedia. Allí, junto a su amante, Santos Cipriano Purulla, compañero de trabajo de la víctima, mataron a golpes a Balverdi la noche del 26 de abril de 1987. Luego de esconderlo debajo de la cama y detrás de un ropero, terminaron enterrándolo en el patio de la casa. El cadáver fue descubierto 52 días después por la Policía.

El sol de agosto ya está por esconderse. Son las 19, Ramona Marcial mira por la ventana. En la cocina de la vivienda de Evaristo Carriego 298 en Restinga Alí la televisión de pantalla a tubos está encendida. Las luces apagadas. No hay mucho movimiento en la calle. Solo una pareja se acerca a tomar el colectivo a la garita pintada de verde y blanco que está a la vuelta.
La casa de color celeste está pintada en forma prolija. Las hojas de los árboles fueron barridas y permanecen en un rincón, dando al paisaje un aspecto de armonía. El color de la vivienda relaja si se observa desde la calle. Cuesta creer que en ese lugar, hace 29 años, cuatro meses y dos días tuvo lugar un crimen espeluznante y que esa señora que mira por la ventana es la misma que entonces no vaciló con su amante en asesinar a su propio marido, para luego enterrarlo en el patio.
Ante el llamado desde la vereda de Letra Roja, Ramona abre la puerta de la cocina, la misma que aquella noche del 26 de abril de 1987 dejó sin llave para que ingresara su amante y así, juntos, asesinar a Tomás Alberto Balverdi, a quien luego de dos días de esconder su cadáver debajo de una cama y un ropero, finalmente enterraron en el patio de esa casa. La mujer volvió a residir a ese lugar del terror luego de haber cumplido su condena.
Ramona fue condenada en 1990 junto a Santos Cipriano Purulla, su amante, a prisión perpetua. La Cámara de Apelaciones y el Superior Tribunal de Justicia también estuvieron de acuerdo con la sentencia en primera instancia por el homicidio calificado por el vínculo y alevosía. Pero un decreto del Poder Ejecutivo Provincial le bajó la pena y así finalmente en el 2000 comenzó a gozar de las salidas transitorias que dispuso el juez Oscar Herrera.
Ramona volvió a vivir a la casa del terror, ubicada en Carriego y Andrés Bello. De esa casa, junto con su amante sacaron el cadáver de madrugada, ayudados con una frazada. Purulla confesó que cavó la fosa con una pala y tapó el cuerpo con la tierra ayudado solo por los dedos de sus manos. Solo vestido con medias de nylon, Balverdi quedó boca arriba con sus manos cruzadas a la altura del pecho. Así fue encontrado 52 días después por la Policía, en avanzado estado de descomposición.

LA COARTADA
Ramona mintió siempre. Dijo que estaba separada de Balverdi desde marzo de ese año y que él se había marchado o bien a Catamarca, de donde era oriundo, o a Caleta Olivia. Pero sus compañeros de trabajo de la empresa Guilford de Kilómetro 8 nunca creyeron esa versión, menos al enterarse de que el hombre no se acercó a cobrar su última quincena.
En la textil lo conocían como "la liebre" porque cuando lo llamaban para alguna tarea, respondía corriendo. Lo apreciaban mucho, tenía carisma y sus ocurrentes cuentos hacían descocer de risa a su auditorio. Cañista de oficio, trabajaba a destajo, ya que también lo hacía de manera particular junto con otro compañero de la fábrica: "Morterito" Almonacid.
Tomás nunca sospechó que dormía con la enemiga y trabajaba con el enemigo. Es que uno de los que le festejaba los chistes y le palmeaba la espalda era Santos Cipriano Purulla, de 37 años y también catamarqueño. El compañero de "Corral Quemado" al que llevaba a su casa para compartir comidas y partidas de truco, comenzó a ser el amante de su esposa y finalmente lo terminó matando a palazos mientras dormía. A traición.
Balverdi no tuvo posibilidad de defenderse. Dormía profundamente cuando le llegó la muerte. Ramona lo entregó luego de que con su amante pergeñaran uno de los crímenes más escalofriantes de las últimas décadas.
Veintinueve años después Letra Roja fue en busca de su testimonio y preguntarle si estaba arrepentida. Ella opta por el silencio. Se para en el pasillo del patio y parece distante. "Pasado pisado; no quiero hablar de eso", es la lacónica respuesta de esta mujer que ya orilla los 69 años. Después dice que "ahora estoy bien" y vuelve a entrar a la cocina, en medio de la oscuridad, a mirar televisión.

LA SOSPECHA
Según las crónicas de la época, más de 200 vecinos la insultaron (a ella y a su amante) la noche en que se realizó la reconstrucción del crimen, el jueves 18 de junio de 1987. Esa noche Purulla no se privó de describir ningún detalle, por más horrendo que fuera, ante el juez Alberto Ravazzoli.
El cuerpo del obrero de 40 años fue hallado bajo tierra en los fondos de la vivienda el lunes 15 de junio. Estaba a un metro de profundidad. "Era flor de persona, muy trabajador", lo describe hoy Ricardo, uno de los pocos obreros que quedan en la fábrica de los que lo conocieron.
Las investigaciones de la Policía recién empezaron el viernes 12 de junio, dos meses después del crimen. Es que un compañero de Balverdi radicó la denuncia en la comisaria de Kilómetro 8. A sus compañeros de trabajo no les cerraba la idea de que aquel hombre responsable y tan elocuente hubiera desaparecido sin decirle nada a nadie. Un mes y medio sin dar señales, y la quincena esperando ser cobrada. Ricardo se acuerda de que "la Liebre" jamás hizo comentario alguno sobre su relación matrimonial. Sí recuerda que el hombre siempre hablaba maravillas de su pequeña hija.
Su mujer seguía sosteniendo que Balverdi se había ido. Pero para sus compañeros había algo más. A Catamarca solo iba una empresa de transportes, "Robledo", y lo hacía los domingos. Y no creían que se hubiera ido en avión. Un día antes de su desaparición Ricardo lo había visto esperar el colectivo para ir a una "changa".
Luego de un mes y medio de ausencia, las dudas se acrecentaban y no faltó el que en la empresa le preguntara a Purulla: "¡Eh! ¿Dónde lo escondiste a la Liebre?". Purulla solo se reía. Los compañeros comenzaron a sospechar de él porque al parecer ya se había hecho vox populi que se "entendía" con Ramona, aunque algún incauto creyó que ello se había iniciado luego del supuesto viaje de Tomás.
Lo cierto es que Purulla iba frecuentemente a la casa de Balverdi, quien le abrió las puertas de corazón y le ofreció compartir su comida y tiempo.
Cuando se denunció la desaparición por parte de los compañeros, se hicieron vigilancias en la casa y se lo vio a Purulla frecuentar, finalmente el juez Ravazzoli ordenó un allanamiento. Según los investigadores, aquella tarde del 15 de junio Ramona se mostró nerviosa y por eso buscaron en el patio de la casa luego de no haber hallado nada sospechoso en el interior.
Un vecino había declarado ante la Policía que le parecía raro que el perro de Balverdi estuviese todavía atado porque él cada noche lo soltaba. Cuando lo soltaron, el perro no se movió de unos ladrillos que estaban apilados.
Debajo de esos ladrillos, la Policía encontró el cadáver. Tomás tenía marcas en su cabeza, compatibles con la que alguien que había sido sometido a una golpiza. Así lo constataron el juez, el mismo jefe de la Unidad Regional, Hortilio Omar González, y el jefe de la comisaria de Kilómetro 8, Rubén López Oliver.
Los forenses, Calixto González y Ricardo Chillo, fueron los que examinaron el cuerpo. Los policías en el lugar del hallazgo lo habían regado con agua de la manguera para ver si se le veía alguna marca de cuchillo.
Ramona lloró desconsoladamente y quedó detenida, junto con su amante, quien rápidamente confesó todo, hasta los detalles de cómo lo habían matado. En su relato, dijo que Ramona lo había instigado a que lo matara porque "le quería sacar la nena".
Los vecinos sabían que las cosas no andaban bien en la pareja. Cuando se enteraron de que Marcial y Purulla lo habían matado se dieron cita frente a la casa de la mujer y le gritaron frente a la policía "asesinos" y "sinvergüenzas".
Purulla contó todos los detalles frente al juez en la reconstrucción del homicidio. Dijo que la noche del crimen llegó alrededor de las 23:30 y que la puerta de la cocina estaba abierta, lo que había sido acordado con la mujer. Que entró por una de las dos puertas de la habitación, la más cercana a la cabecera de la cama y que Ramona estaba despierta. Tras apagar las luces y la televisión, dejó encendida una especie de linterna en la mesa de luz.
El amigo y amante infiel dijo que antes de darle el primer golpe a Tomás le preguntó a Ramona si estaba segura de querer hacerlo y que la mujer le respondió sin dudar: "sí". Entonces le asestó un fuerte golpe en la cabeza a quien solo dormía con un par de medias de nylon. Ramona se había sentado en la cama. "Purulla relataba los sucesos con una frialdad notable" describió la edición de El Patagónico que siguió la reconstrucción.
El homicida contó que Balverdi rodó hacia su extremo izquierdo y que quedó boca abajo, por lo que continuó golpeándolo con un palo que trajo desde afuera de la casa. En la causa figura que lo que utilizó Purulla para matar a Balverdi fueron dos palos de escoba atados.
Para agregar otro dato de crueldad extrema, hay que decir que en la habitación donde mataron a Balverdi dormía la niña a la que en el momento del hecho su madre levantó y llevó hacia el baño. El dormitorio estaba decorado con muñecos de trapo y un cuadro infantil.
La primera noche los amantes asesinos escondieron el cuerpo de Balverdi debajo de la cama de una plaza. Según Purulla, quedó una gran mancha de sangre en el colchón, por lo que lo dieron vuelta. Ramona se había comprometido a cavar la fosa en el patio trasero para poner el cuerpo, pero no lo hizo, según el amante. Entonces dijo que la segunda noche lo colocaron detrás de un ropero y que recién tres días después lo enterraron.
El cadáver fue sacado con una frazada desde el dormitorio hasta el patio. Por 20 metros fue llevado por los amantes. Purulla dijo que él mismo cavó con la pala y luego cubrió el cuerpo con sus manos tirándole tierra. Después se fueron ambos por los fondos de la quinta. Es que ya Ramona no vivía en esa casa hacía dos meses, cuando aparentemente comenzaron las infidelidades.
De casualidad, uno de los compañeros de Balverdi el día después del homicidio no encontró el cuerpo. Es que entró a la casa como solía hacer cuando Tomás se quedaba dormido para despertarlo. El cuerpo de su amigo estaba debajo de la cama pequeña y él nunca se dio cuenta. Vio la cama tendida y pensó que esa noche el hombre no había dormido en el lugar. Pero le llamó la atención que la puerta de la cocina estuviese abierta y el perro atado.
LA CONDENA
El 4 de abril de 1990 los jueces del Superior Tribunal de Justicia, Raúl Martín, Agustín Torrejón y Fernando Royer, confirmaron la sentencia contra Marcial y Purulla, que les llegó con la decisión de la Cámara de Apelaciones que había ratificado el fallo de primera instancia: prisión perpetua. La mujer fue condenada como coautora de homicidio calificado por el vínculo y alevosía.
"No existen dudas, debido a la detallada descripción que voluntariamente realiza en varias oportunidades el acusado", sostuvo el Tribunal frente al sorprendente sinceramiento de Purulla.
Para la Justicia quedó probado y reconocido por ella misma que Ramona fue amante del homicida antes del hecho delictivo y que tuvo relación íntima con él un mes después.
El día del hecho, según se investigó, Ramona permaneció vestida en la cama matrimonial y cuando llegó su amante se levantó, apagó el televisor y se alejó llevando su hija dormida fuera de la casa, sin despertar a la víctima. Regresó al rato y una vez muerto su marido estuvo hablando con el asesino, limpió las manchas de sangre y ordenó la habitación.
Para la defensa, no fue probado que Ramona hubiera participado del homicidio, entendiendo que la conducta pasiva de la mujer fue por la pérdida de afecto a su marido y el temor al agresor cuyas amenazas pesaron en su silencio posterior.
"El meduloso trabajo del juez sentenciante, además de contestar cada una de las observaciones de la defensa, concluye teniendo por acreditado que Marcial tuvo siempre el dominio del hecho", indicó el Superior Tribunal. Es que había dejado "la vía expedita" para el ingreso de su amante con la puerta de la cocina sin llave. Y en el momento de la ejecución dejó una luz tenue de un velador con una lámpara muy pequeña. Por haberse levantado y retirado con su hija dormida sin despertar a su marido, ni dar aviso, ni pedir socorro y después del hecho, volviendo a verificar el resultado, borrar las huellas del delito, "y desde ese momento hasta el día en que se le tomó indagatoria, e inclusive desarrollar una intrincada madeja de actos tendientes a desalentar, desinteresar o distraer a cuantos estaban preocupados por conocer el destino de Tomás Balverdi".
Para el juez de primera instancia Ramona podría haber cambiado el curso de los hechos e interrumpir el delito no dejando la puerta abierta sino con llave, despertando a la víctima antes de que Purulla alcanzara a atacarlo, intentando detenerlo, o pidiendo ayuda. Nada de eso hizo.
Para el Superior Tribunal de Justicia "la conducta que se le exigía no es la especial obligación de la esposa, es la de todo individuo indiferenciado que preparó las condiciones necesarias para la muerte de quien duerme confiadamente a su lado", es decir, solo interrumpir el hecho como pudiese. Gritar, correr o pedir ayuda.
La alevosía de este crimen recae en que la víctima estaba durmiendo y nunca se alcanzó a dar cuenta de lo que estaba sucediendo. Los coautores habían preparado el momento. Ramona le había pedido reunirse esa noche a su ex marido después de estar separados un breve tiempo.
Purulla fue trasladado a la Unidad Penal 6 de Rawson donde el 21 de mayo de 2002 comenzó a gozar de libertad condicional. Dicen que estuvo viviendo en zona norte y que finalmente regresó a Catamarca.
Ramona reside en la misma casa de la tragedia. Pese a haber sido condenada a prisión perpetua, por el decreto 1114/90 del Poder Ejecutivo Provincial se le bajó la pena a 25 años, con cómputo hasta el 13 de junio de 2012. Otro decreto provincial -el 1262- le redujo la pena cuatro meses. Finalmente el 31 de julio de 2000 comenzó a gozar de la libertad condicional dictada por el juez Oscar Herrera. Solo purgó 13 años de presidio. Hoy prefiere el silencio. "Lo pasado, pisado", repite.

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