Camino de esperanza

La vida es cúmulo de sentimientos. Se entrecruzan alegrías y tristezas, gozo y sinsabores. Convivimos con la vida y la muerte sin darnos cuenta, sumergidos en la vorágine de la vida. Un día inesperado la muerte golpea a nuestra puerta y nada puede impedir su entrada. La enfermedad o la tragedia nos toca y debemos aceptarla, con dolor, con tristeza, pero con fe y esperanza. Cuando la vida es arrebatada no le encontramos explicación a lo que acontece y nos sumergimos en el llanto provocado por tanto dolor.
Querido amigo, que compartes este sentimiento, no te quedes en el dolor de la ausencia, que no traerá devuelta al que ya no está. No lo retengas con tus broncas o rencores. Llóralo, es necesario para sanar el corazón. Pero déjalo volar al lugar de la paz.
Tal vez te parezca descabellado lo que voy a decir: Mira el cielo y busca una estrella, la más brillante y en ello verás reflejado el rostro de tu ser querido que ya no está junto a tí, pero que tu amas y amarás hasta la eternidad.
Háblale, dile tu dolor y cuánto lo amas. Porque es lo que quiere escucharte decir. Siempre estará presente en tu pensamiento y en tu corazón, llóralo cuanto sea necesario, pero déjalo partir. Pídele a Dios, que el viento sople sobre tí, que el sol brille cálido sobre tu cara, que la lluvia caiga suavemente y enjuague tus lágrimas. Pídele que la guarde en el huequito de sus manos hasta que volvamos a encontrarnos.
Por eso te digo: "Sufre sanamente para dejar de sufrir". Vive con fe y esperanza, aguardando el momento en que volverán a encontrarse. No te dejes avasallar por el dolor; deposítalo en las manos de Jesús y María, ellos sanarán las heridas de tu corazón.

Cristina de Pejcich para Letra Roja.

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