Capturan a condenado por trata para que cumpla la pena de prisión efectiva

Por orden de la Justicia Federal ayer se detuvo al condenado Ramón Díaz Soto al quedar firme la sentencia por el delito de trata de persona descubierto en 2012. El hombre hizo prostituir a la víctima en dos sitios de esta ciudad. Ahora deberá purgar tres años de prisión en la Unidad Penitenciaria de Río Gallegos.

En agosto de 2014, el Tribunal Oral Federal (TOF) de Comodoro Rivadavia condenó a Ramón Angel Díaz Soto (64) y a Guillermina del Rosario Matto Adorno (44). El primero en calidad de autor y la mujer como partícipe secundaria de recepción y acogimiento de persona mayor de edad, mediando situación de vulnerabilidad, engaño, coerción, con fines de explotación sexual. La víctima fue una joven que había sido traída de Salta.
La víctima era obligada a prostituirse en el local nocturno "Las Brujas" que funcionaba en calle Aristóbulo del Valle 1.750 de esta ciudad, donde el condenado era el dueño. Luego de las diversas apelaciones, el TOF dejó firme la sentencia y el juez Enrique Jorge Guanziroli requirió a la Brigada de Investigaciones de la delegación local de la Policía Federal la captura del hombre.
Así fue como ayer en horas del mediodía el condenado fue aprehendido cuando salía de la vivienda que se encuentra sobre la calle Entre Ríos, en los límites de los barrios 13 de Diciembre y 9 de Julio. Díaz Soto no se resistió y fue conducido a un calabozo de la fuerza federal. Las fuentes oficiales precisaron a este diario que será trasladado a la Unidad Penitenciaria de Río Gallegos.
Hay que recordar que su cómplice, Matto Adorno, fue condenada a la pena de un año y seis meses de prisión de cumplimiento en suspenso. Además le impusieron 200 horas de trabajo comunitario gratuito en una institución de bien público. El fallo lleva las firmas de los jueces Guanziroli, Nora Cabrera de Monella y Pedro José de Diego.

"ESTAS VENDIDA"

La denuncia la realizó la víctima el 26 de febrero de 2012 ante la comisaría de Los Antiguos y en la Subsecretaría de la Mujer al día siguiente. Allí se conoció que había llegado a Comodoro Rivadavia, desde Salta, a mediados de diciembre de 2011.
En su denuncia reveló que su prima, Ramona Araujo, la había traído para trabajar de niñera y que la esperó en la terminal con el novio. De allí la llevaron en taxi hacia la casa de su familiar, donde la esperaba un vehículo gris oscuro con vidrios polarizados.
"Vos te vas a ir con él, te vas a un prostíbulo a trabajar y estás vendida", le habría dicho antes de ser entregada a quien conoció como “Ramón”, quien
la tomó fuerte de los brazos.
Ella advirtió que él estaba armado y no se resistió. El individuo la llevó directamente al boliche “Las Brujas”, donde otro hombre la condujo a una habitación; le hicieron quitar la ropa y la obligaron a realizar "un pase" (mantener relaciones sexuales) con un cliente.
Se supo más adelante que el tal “Ramón” alquilaba la habitación que la víctima compartía con otras cinco mujeres (todas de entre 14 y 15 años de edad) quienes también habrían sido captadas y vendidas a ese individuo.
La denunciante contó que ella le pedía ayuda al dueño de la habitación y que éste le respondía que no podía hacer nada porque siempre estaban custodiadas por dos personas armadas.
Entre otros detalles sobre su cautiverio, contó que no tenían en el lugar colchón; sólo sábanas para taparse y que la comida era escasa. También dijo que les daban pastillas para dormir y drogas en el horario de trabajo.
En una oportunidad, de madrugada y cuando cerraban el local, la víctima aprovechó que los dos guardias estaban distraídos y escapó con otra chica. Al observar un móvil policial se subieron a él y pidieron ayuda a los dos efectivos, quienes las llevaron nuevamente al local porque las conocían debido a que en ocasiones anteriores habían hecho "pases" con ellas. Se las entregaron a “Ramón” y este les habría pagado por el favor, tras lo cual recibieron ambas una feroz golpiza.
En otra ocasión llegó un policía uniformado y avisó que harían un operativo en el local porque en Orán había denunciado su desaparición la madre de la víctima. A raíz de ese dato fue que las subieron a todas a un furgón gris, las hicieron cambiarse y las obligaron a tomar pastillas, aunque ella no la digirió. Las llevaron hacia Los Antiguos, donde habría personas conocidas de los acusados, aunque al detenerse el rodado para comprar comida, ella aprovechó el descuido y escapó para pedir ayuda. Para su suerte, esta vez los policías que encontró no eran “clientes” de su secuestrador.

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