Carlos Heuchert, el 'As' del sprint final

De campeón nacional intercolegial a competir en los Panamericanos, conseguir la marca para ser olímpico y ser descartado por la dirigencia. De trabajar de changas, ir a probar suerte a Buenos Aires, pedir ayuda y ser ignorado. Esa es parte de la vida del descendiente de alemanes que a pesar de todo siempre tuvo en claro que su mayor obstáculo fue el no haberse superado a sí mismo.

por Angel Romero
a.romero@elpatagonico.net
El atleta corre y es libre, en especial cuando en la pista –ya sea en los 400 u 800 metros- lleva la delantera respecto al pelotón. Tuvo un buen arranque y mantiene una regularidad en el desarrollo.
A cien metros -incluso menos distancia- uno podía ilusionarse con el triunfo. Hasta que desde el fondo aparecía Carlos Heuchert para tirar ilusiones, esfuerzos y planificaciones al costado de la pista.
Heuchert, el "As" del sprint final, el que siempre supo de su potencial y limitaciones. Por eso cuando ya no tenía competencia en la capital petrolera, emigró a Buenos Aires para seguirse superándose a sí mismo.
El descendiente de alemanes que no conoció de lesiones (salvo un espolón de gallo en su rodilla), el que supo trabajar de empleos ocasionales para poder mantenerse vigente. El que corrió para River, para Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires, el que tuvo trascendencia a nivel sudamericano y panamericano.
El atleta que consiguió la marca para Munich 72, en postas 4 x 400. Y el que fue víctima –junto a sus compañeros- de la dirigencia que lo dejó afuera de los Juegos Olímpicos por "falta de plata".
El mismo que hace una semana retornó a la capital petrolera luego de casi 40 años fuera de la ciudad que lo vio nacer, para un torneo en el solado de Km 4 que llevó su nombre.
Y la misma persona que no entiende a "que genio" se le ocurrió armar una tribuna y cortar la pista de atletismo del estadio de Km 3.
La persona que lamenta que los colegios ya no sean semilleros de futuros valores. Y que menos se cuenten con docentes o entrenadores como el ex olímpico de Londres 46 Antonio Pocoví. Tipos que iban más allá de tirar una pelota en educación física para pasar los 40' de clase.

CAMPEON NACIONAL
INTERCOLEGIAL
De chico se sabe quién tiene condiciones para el atletismo. Por ello, apenas entró al Colegio Perito Moreno, el profesor y ex olímpico Antonio Pocoví le echó el ojo para sumarlo al equipo de atletismo.
"Yo corría, pero también me gustaba jugar al fútbol. Y era bueno como wing izquierdo, en especial porque tenía velocidad (por eso el atletismo es la base de todos los deportes) pero no sé cómo hacía Pocoví que se enteraba, iba a la cancha y me sacaba para que no juegue", recuerda Carlos Heuchert, quien a los 14 años se coronó campeón nacional en los intercolegiales que se desarrolló en Cosquín, Córdoba.
De ahí en más "supo romperle las ilusiones a muchos" , en especial cuando restando poco para la meta aparecía en el "tirón" final para arrebatar sueños y quedarse como el mejor ya sea en los 400, 800 y postas de 4 x 400.
Su sprint final fue su carta de presentación, ya sea en Cosquín (Córdoba) con 14 años. Y como campeón argentino en 400 metros (1946/71). Además de varias participaciones en campeonatos sudamericanos y Panamericanos.

CORRER LA LIEBRE
Y CONSOLIDARSE
Cuatro veces por día subir el cerro Chenque, no por una carrera aventura ni nada similar, sí para usar el atajo para llegar a tiempo al estadio municipal de Km 3. Ese era el recorrido habitual de Carlos, e iba motivado porque tenía un entrenador (Pocoví) que llueve, nieve o truene estaba esperándolo, tanto a él como a otros atletas que hicieron grande la historia del deporte de Comodoro Rivadavia como María Cristina Irurzún, Ana María Campillay y Nazario Araujo entre otros.
Ya más entrado en edad, y con su primer auto (un Fiat 600) a Carlos le gustaba salir a recorrer los descampados. Y cuando divisaba una liebre, dejaba 'cebado' el 'fitito' para ir tras el sueño: atrapar la liebre con sus manos. Por eso era común verlo correr por los relieves sin mucho sentido ni gracia.
En la tierra de los vientos, Heuchert era insuperable. Con un promedio de vuelta (en 400 metros) de menos de 48''. Una marca que sigue vigente en el nivel provincial.
Para el descendiente de alemanes y alumnos del Colegio Nacional Perito Moreno, su proyección como atleta tenía nombre y apellido: Antonio Pocoví.
"Que hayamos salido tantos atletas destacados en esa época tiene un solo nombre: Antonio Pocoví. El único tipo que lloviendo, nevando o con viento estaba siempre en el estadio municipal esperando que vos vengas a entrenar. Era un motivador Pocoví. Hoy no sé cuántos entrenadores harían lo mismo", remarcó.
La falta de motivación, sumado a no tener quién te entrene y la ausencia de dirigentes, son las cosas que no deben darse según Carlos para que los chicos no abandonen.
"Cuando tenés la base de estas personas, tenés motivaciones para ir a correr. Y en infraestructura todavía no puedo entender a qué 'genio' se le ocurrió meter esa tribuna en el estadio y cortar la pista de atletismo. Eso es algo único en el mundo" dijo sorprendido.
Raúl Zabala en Buenos Aires perfeccionó su estilo, y en ese lugar llego a correr para River y Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires "me acompañaba bajo la lluvia, el frío o las dificultades que hubiera, esos son tipos que a uno siempre lo mantenían motivado a seguir" comentó.
Solo le faltaron los Juegos Olímpicos, pero cuando hizo la marca para Munich 72 y se preparaba para participar en postas 4 x 400. Desde la dirigencia nacional le dijeron que no había plata para ellos. Y con 27 años, y varios podios encima, el mejor de los 3 atletas de la Argentina dio un portazo y abandonó la actividad. Cansado de mendigar ayuda estatal y buscar trabajos alternativos que le permitan subsistir en Buenos Aires, donde había emigrado desde la capital petrolera con 18 años para buscar superar su nivel.

SUS MAYORES OBSTACULOS
"Los obstáculos a superar dependen del interés de uno por querer superarse o no. Más en el atletismo que es individual, tiene que ver con uno mismo. De hecho en esa época se manejaban unos conceptos que luego fueron descartados: como que un atleta no puede hacer pesas. Hoy en día muchos jugadores de fútbol son buenos velocistas. El atletismo es la base de todos los deportes. De hecho Oscar 'Pinino' Mas te corría en 10, 2 o 10,3", sostuvo.
"Primero tener condiciones, y luego ver si uno disfruta de hacerlo", esa es la primera premisa con que Carlos evalúa al atletismo.
"Yo abandoné el colegio para irme a Buenos Aires. Ya antes se me complicaba por las faltas. Era el menor de todos y mi vieja me apoyaba en el deporte. No sé si mis hermanos tenían condiciones, porque al tener que trabajar no tuvieron chances de sacarse la duda. Hay gente que no sabes si tuvo o no condiciones, porque no tuvo tiempo para correr. Hay mucha gente con capacidades pero no tienen un guía o las cosas necesarias para hacerlo".
Cinco días a la semana, en doble turno era parte del entrenamiento. Y nunca tuvo lesión, solo un espolón de gallo que le dificultaba el líquido sinovial en su rodilla, que con una cirugía en La Española se solucionó.
"Yo creo que el problema de las lesiones viene en la alimentación. Yo comía la cocina típica europea que era muy nutritiva. Eso también influye mucho en el cuerpo. Hoy la mayoría de los jóvenes se dedica a la comida chatarra: panchos, patys. Y no come comida elaborada".
Los horarios para sentarse a comer en familia. Y los descansos eran obligatorios en la vida del atleta.
"Nos obligaban a dormir la siesta. Nosotros a las 10 de la noche estábamos durmiendo. Hoy los pibes a las 2 de la mañana recién arrancan la joda. En cuanto a equipo detrás de tuyo, el primer kinesiólogo que conocí fue cuando participe de un sudamericano. Hasta ese entonces era yo y mi entrenador nomás. De hecho recién en Buenos Aires me sumaron gimnasio y técnicas para que ablande el cuerpo y corra más suelto en la pista. Y de esa manera alivianar cargas", comenta.
"En este país es moneda corriente ese tipo de manejos", sostiene Carlos en relación a su no inclusión para los Juegos Olímpicos de Munich 72, cuando ya había conseguido la marca mínima en los Panamericanos un año antes.
"Uno como atleta se rompe el lomo todo el año para superarse y tener la mejor marca que te permita ir a los Juegos Olímpicos y cuando llega el momento te dicen 'no hay plata'. Yo en Colombia ya había conseguido el pase, y tres meses antes nos dejan afuera a los de postas 4x400 a Gajate, Dyrzka, Calonge y yo. Con 27 años eso me indignó tanto que largué todo. En especial porque para qué me iba a seguir rompiéndome el culo, ya había dejado todo por el deporte y me sucedía esto. Incluso fíjate lo que me pasó en mi primer sudamericano: yo trabajaba en la CAP (Corporación Argentina de Productores de Carne) que estaba en la calle Italia. Entonces voy a ver al gerente y le cuento que tengo que viajar a competir a representar al país como juvenil, cuando supo que eran 30 días no me dio permiso y tuve que renunciar al laburo. Al otro año voy a otro sudamericano, y ya trabajaba para Pérez Companc en PAE, y le digo al gerente lo mismo. Y resulta que por representar al país me guardaron el puesto, me pagaron el sueldo y me ayudaron con los pasajes. Y ese gesto vino de una empresa americana", recalcó.
Vivir el día a día le costó horrores a Carlos, en especial porque cada tres meses tenía que viajar a competir afuera.
"El estado estaba ausente, no te daban nada. A lo sumo un buzo si ibas afuera. Y si eras de la selección el equipo completo, pero no las zapatillas de clavos. Esos tenías que comprártelos vos".
Amateur, así fue el deporte que eligió Carlos para trascender fronteras. Y dejo de lado cualquier seguridad económica que pudiera conseguir en su juventud.
"Vos fíjate que para solventar mi viaje a Buenos Aires hago una rifa. Se entera Nicolás Bernal y me suspende 99 años, decí que estaba Pocoví en el medio y me hizo zafar. Y yo solo quería ir a competir en Buenos Aires porque acá en Comodoro no iba a progresar más. Necesitaba medirme con gente que me exija", reconoce.
A pesar de quedar fuera de las olimpíadas, Carlos reconoce que ese no fue su mayor escollo.
"Siempre disfrute correr. Tengo la suerte, o no, que de los hechos de mi vida no me arrepiento de nada. Sí en el atletismo, porque yo era muy 'pachorra' corriendo. Yo sabía que si a los 200 llegaba a la par de los otros, en el final lo ganaba. Entonces no me esforzaba por superarme a mí mismo. En especial porque no tenía con quien compararme. Y eso a uno lo relajaba. Yo estaba dentro de los mejores, siempre entre los primeros cuatro. Tal vez si hubiera pensado de otra manera podría haber conseguido mejores marcas, por ello creo que el mayor obstáculo es uno mismo", concluyó.

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