"Castillo de algodón", una de las maravillas de la naturaleza

En el corazón de Turquía, provincia de Denizli, se encuentra un paisaje de lo más peculiar: una montaña con aspecto de blanca cascada congelada de la cual, emergen aguas termales color turquesa.

En la provincia de Denizli, situada en el valle del río Menderes al sudoeste de Turquía, se puede observar la cascada blanca de Pamukkale, conocida como "Castillo de algodón" -esa es la traducción de la palabra turca-. Sin duda este es un paraje que vale la pena visitar por lo menos una vez en la vida.
Se trata de una extraña formación geológica con una altura de 160 metros, y una extensión de unos 2700, que a simple vista parece estar compuesta por terrazas escalonadas llenas de agua con alto contenido de calcio. Aunque puede parecer que están hechas de hielo y nieve, es una simple ilusión óptica. Turquía goza de un clima cálido todo el año y el suelo está recubierto solo de piedra caliza blanca. Este lugar es producto de los movimientos tectónicos que originaron numerosas fuentes termales de agua en la cuenca del río Menderes. Fueron esas fuentes las que originaron Pamukkale.
Esas aguas, con su alto contenido en Creta, bicarbonato y calcio dieron lugar al particular color blanquecino del monumento natural, así como a su forma. Tan extraordinaria es esta combinación de elementos que tan solo existe otra similar en el mundo: la que responde al gráfico nombre de Hierve el agua, en Oaxaca (México).
Las terrazas fueron muy conocidas por sus propiedades terapéuticas en la Antigüedad, y con el tiempo, se mantuvo la tradición de ir a bañarse a la zona. Pero en los noventa se hacía sin control e incluso se utilizaron las aguas para llenar las piscinas de los hoteles que se edificaron justo encima de la formación e incluso se vertieron aguas residuales en el lugar.
Finalmente, la Unesco y puso orden para preservar este maravilloso lugar. Es por eso que actualmente se sigue un programa establecido, y algunas zonas de la parte superior de la colina se llenan de agua y se abren al público durante un par de horas al día, permitiendo el baño.
Es uno de los destinos turísticos preferidos de los que viajan a Turquía y uno de los lugares más buscados por los fotógrafos.
Para poder llegar a este hermoso lugar, se debe partir desde la ciudad Marmaris, Bodrum o Kusadasi. Se afirma que su agua cura el asma y todo tipo de reumatismo, además de hacer un aporte muy positivo a la salud de piel.
Las transparentes aguas y el blanco entorno, toman prestados los colores del amanecer y del atardecer, dotando si cabe, de más mágica belleza a este pequeño rincón del mundo, patrimonio de la humanidad desde 1988.
En lo más alto de Pamukkale aún se pueden visitar las ruinas de la ciudad Helenística de Hierápolis. La misma se construyó alrededor del año 180 AC para recibir a todos los visitantes que llegaban atraídos por las leyendas terapéuticas de estas aguas. Un par de siglos después se desmoronó por completo a causa de un terremoto. La ciudad fue reconstruida, y tuvo significativas transformaciones. Posteriormente bajo dominio bizantino, cayó en poder de los Selyúcidas en 1210 bajo Giyasettin Keyhusrev. Y finalmente fue destruida completamente por otro terremoto en 1354. Allí todavía quedan muchos restos que se pueden visitar, como el Teatro, los baños romanos, el templo de Apolo, las puertas de la ciudad o, sin duda lo más espectacular, las tres grandes necrópolis que rodean a la ciudad y que se encuentran rodeadas del mismo algodón blanco que conforma las termas.

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