Certero y positivo golpe al corazón

Más de 7.000 personas disfrutaron el lunes por la noche del energizante concierto de Manu Chao. Tras años de espera desembarcó en Comodoro Rivadavia como parte de su gira patagónica "La Ventura", que comparte con su actual banda, integrada por ex compañeros de ruta desde la época de Mano Negra, como Gambeat y Philippe, más el extraordinario guitarrista Madjid y los vientos italianos de Gabriele Blandini y Gianluca Ria.

En tres horas de concierto, tras el buen teloneo de los locales Plata No, Manu Chao pagó con creces tanto tiempo de espera, ese en que los comodorenses varias veces se ilusionaron con la llegada del ex líder de Mano Negra, pero que en el mejor de los casos terminaban resignándose con disfrutar de ese show en Neuquén, el lugar más cercano y patagónico al que el músico había llegado, a excepción de los recitales que ofreció el sábado en Puerto Madryn y anteanoche en esta ciudad.
El concierto no tuvo respiro ni pausa, salvo el momento en que fiel a su ideología y mientras la música seguía sonando de fondo para realzar la parte discursiva, los militantes en defensa del agua y en contra de la megaminería, subieron al escenario para decir lo suyo.
En el show, Manu Chao tocó temas de su etapa solista ("Clandestino", "Desaparecido" "Bienvenida a Tijuana" "Je ne t'aime Plus" "La vida es una Tómbola", "Lágrima de Oro" "Mi vida", "Marihuana Boogie", entre otros) y también ofreció algunas enérgicas gemas de Mano Negra, como "Mala vida", "Sidi H'bibi", "King Kong Five", que terminaron de redondear una noche única, vivida y saboreada como pocas.
Manu también se hizo tiempo para ofrecer versiones al palo, como la del clásico mejicano "Volver, volver", con el que aseguró que regresará a Comodoro en su próxima gira, y la cada vez más hermosa canción "Cómo que no", de El Príncipe, que en el Predio Ferial resonó muy fuerte, sobre todo cuando la cruda pero bella letra habla de una noche sin luna en la que se quema un encendedor y afirma que, pese a todo, a los pibes le gusta ese lugar "porque tiene mucho cielo y mucho mar ¿qué no? ¿Cómo qué no? mírate míralo".

ESTACION ESPERANZA
Además de cantar, saltar, vivar y emocionar, Manu no perdió oportunidad para recordar que él y los suyos son músicos que en lugar de apostar al confort y al jet set, en el que tranquilamente podrían estar, siempre eligieron por forzar la máquina y jugarse la vida de noche y de día, como dice esa canción del "Gato Pérez", que aquí en la Argentina en los 80 inmortalizó Silvina Garré.
Ese "forzar la máquina", Manu lo reafirma en cada salto, gesto y en cada una de las múltiples ocasiones en las que golpeando sincopadamente con el micrófono su corazón que en ese momento es el de todos, deja en claro que se quedará en el escenario hasta que la gente lo decida, algo que no expresa con demagogia sino con acciones concretas.
Fueron tres horas de concierto, que no fueron más porque el público finalmente se dio por cumplido a la 1:30 del martes, en las que Manu, un músico hispano-francés o francés-hispano pero de todos, no solo ratificó su diversidad musical, sino también su decisión de defender y buscar la alegría pese a que "todo sea mentira", porque sabe, advierte y sentencia que nosotros o "tú no tienes la culpa de que el mundo sea tan feo", algo que sucede porque vivimos rodeados de mentira ("mentira lo que dice, mentira la que da, mentira lo que hace, mentira lo que cuece bajo la oscuridad").
Manu además sabe que lo peor que puede ocurrirle a una persona o a una sociedad, en medio de este mundo hostil, es dejar de soñar y luchar y así queda en claro, no solo en cada uno de esos mencionados golpes en el pecho -que a diferencia de lo que plantean algunas religiones estos no son para asumir culpas sino para plantear vida-, también en una simple pero certera y edificante sentencia que como un mantra energético, repite y hace carne en acción: "Pase lo que pase, sea lo que sea", la "próxima estación será esperanza".

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