César Hernández, el agente de quiniela que no sólo se vale de la fortuna

Se inició con 10 años en Próspero Palazzo, donde como defensor era la última garantía del arquero Horacio Moyano, con quien saldría campeón en el 79. Tras su retiro fue invitado por el cuadro de veteranos "Las Estrellas" donde se dio el gusto de jugar con Víctor Doria. Continuó en Laprida, Rodríguez Peña y CAPA, bajo la supervisión de Jacobo Pichintíniz. Hace una semana le extirparon un riñón, pero él no deja que la suerte decida sobre su pasión.

"Yo siempre pregunté, si no sabía, preguntaba. Creo que esa es la mejor forma de aprender", sostiene César Hernández –número 2 de CAPA en Super Master- a El Patagónico.
Si esa frase la aplicara en su trabajo, no le sería nada favorable, porque las personas siempre le preguntan a 'qué' número jugarle, en su labor como agente de quiniela.
Si bien su trabajo lo relaciona con la fortuna, la suerte o los presagios. Cuando le tocó hace una semana extirpase un riñón César no dudó y lo hizo para no tener un mal mayor. A pesar de que eso lo relegue por lo menos hasta fin de año de las canchas.
"Me formé a los 10 años en Próspero Palazzo. Y si bien jugué de 3 o 4, mi puesto donde me consolidé fue como líbero, pero de esos que te recorrían toda la cancha y cuando era neCésario cerrábamos al rival contra los laterales. Porque en definitiva estábamos al filo del peligro de gol. Lo nuestro era seguir a los delanteros como los perros a la carne. Y si hace falta raspar, se raspa un poco. Eso lo aprendes con la experiencia. Incluso antes no había doble amarilla. La falta era amarilla o roja. No había medias tintas", sostiene César.
Esa misma actitud la sostiene con los Super Master de CAPA, donde juega bajo la dirección técnica de Jacobo Pichintíniz.
Por el equipo del CAPA no se preocupa, porque a esa actitud aguerrida de Hernández se suma el aporte de Roberto "Pica" Miranda, Julio Nancuán y Ojeda. Tipos de tener respeto a la hora de superarlos.
"Yo en Palazzo aprendí a jugar cuando el presidente del 'Aguilucho' era Mario Lamas. También jugaban tipos de la calidad de Vladimir Radesky –que brilló en los Regionales con Huracán y Saavedra- Cofré y otros"
Cuando colgó los botines a los 33 años, fue invitado por Miguel Schlebusch, Víctor Doria para sumarse como invitado al equipo de veteranos "Las Estrellas", donde tuvo la posibilidad de compartir equipo con jugadores que admiraba.
"Rojas de Oeste, 'Carita' Martínez y tantos otros formaban ese equipo. Y a pesar de los años no perdían la calidad ni la elegancia para jugar. En especial Víctor (Doria) que salía jugando desde el fondo. Nunca un reventar la pelota y si te la pasaban, te la entregaban al pie", rememora.
Sobre si el fútbol es físico o pura habilidad. César sostiene que el juego vario con el paso del tiempo.
"Los delanteros de antes eran habilidosos, tenían quiebre de cintura, te dibujaban la cara en un par de metros. Ahora es más técnico y menos vistoso. Por eso disfruto ver a un Jeremías Asencio en Huracán o un Oscar Marchant en Ameghino, que te hacen uno que otro amague y te dejan pagando. En mi época era el 'brujo' Cuell. Ya la noche anterior me entraba la preocupación por cómo iba a hacer para marcarlo si venía con pelota dominada. La única que me quedaba era empujarlo hacia la línea", comentó.
César es egresado como técnico electromecánico de la ex ENET °1, tuvo su paso por el petróleo. Juntó el dinero necesario para dedicarse al comercio y a eso se dedica en la actualidad.
Reconoce que dejó un mejor bienestar económico por detrás. Pero si el rubro era el petrolero no podría haber seguido jugando al fútbol, ver jugar a sus tres hijos y menos ser entrenador.
Como tal estuvo al frente de Universitario por 10 años y jugó dos finales de liguillas consecutivas por el ascenso. Primero perdieron por penales con San Martín y luego con Argentinos Diadema, cuando un tal Fernando Calculeff daba que hablar en Km 27.
Tras el alejamiento del club que supo querer, Carlos Velázquez lo invitó a sumarse Roca.
Cuando salió del pos operatorio, estaba su equipo esperándolo. Incluso cuando abandonó la clínica se cruzó con su DT (Jacobo Pichintíniz) que le dijo que lo espera.
Y César sigue disfrutando de ver la "diferencia" de Jeremías Asencio u Oscar Marchant. Y disfruta del fútbol, de esté o el otro lado de la cancha.


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