Comodoro, ciudad poco amigable con personas con capacidades diferentes

Las fallas estructurales y deficiencias que no se tienen en cuenta al momento de realizar o modificar una obra produjeron que este año al menos dos jóvenes con capacidades diferentes sufrieran fracturas en días y lugares distintos. En ambos casos las respuestas llegaron de las instituciones pedagógicas que los acompañan, pero nunca del Estado o de las empresas que intervinieron en las modificaciones sobre la vía pública. El último incidente, que tuvo como protagonista a Martín Navarro, dejó a la luz las deficiencias que aún tiene Comodoro.

La muerte de Miguel Angel Onofri el 14 de enero de 2012 marcó un quiebre en Comodoro Rivadavia en la lucha por tener una ciudad más accesible. El deceso del periodista, que a través de la fundación Compromiso Accesible luchó incansablemente para mejorar la calidad de vida de quienes deben sortear obstáculos a diario, dejó un vacío en cuanto a difusión y concientización, marcando un antes y un después, pero también sellando una imborrable huella que aún lo mantiene como el principal referente de esta problemática.
Quizás por esto cuando una semana y media atrás Martín Navarro, un joven no vidente, sufrió un accidente en la vía pública, fue imposible no rememorar esos años de intensa gestión, reuniones y difusión para poder cambiar la realidad estructural de Comodoro Rivadavia.
Martín, de 31 años, aún se recupera de las dos fracturas de peroné y muñeca que sufrió producto de la caída que protagonizó el 3 de agosto, cuando cayó adentro de un pozo que un contratista de Camuzzi había realizado por trabajos de reparaciones en la calle Alem.
Ese día el joven caminaba hacia el Centro de Rehabilitación Luis Braille, en la calle Huergo, cuando se topó con el pozo de casi un metro y cayó en su interior ante la inadecuada señalización.
Por las fracturas, el último jueves fue intervenido quirúrgicamente, y ahora deberá someterse a una larga y tediosa rehabilitación, algo aún más complejo para una persona no vidente y que padece un grado alto de sordera.
Sin embargo, no fue el primer accidente de este tipo que sufrió el joven. Paradójicamente el último año Martín caminaba por Kilometro 5 cuando cayó en el interior de otro pozo que también se había realizado para una obra de Camuzzi. En esa ocasión solo sufrió las consecuencias del golpe, por lo que su familia decidió no denunciar el hecho ni avanzar en instancias legales. Ahora, el camino sería otro.
Lo cierto es que lo que le pasó al joven también le ocurrió a otras personas. En mayo, Andrea (39) sufrió la fractura de una de sus rodillas luego de tropezar con el gancho que sostiene los cables de acero para la tensión de las palmas de alumbrado público.
La joven, que integra la Asociación "Nosotros También", salía junto a un grupo de adultos de la sede de la calle Jauretche con destino al gimnasio municipal n° 2 donde iba a realizar básquet. Por los vehículos estacionados frente al Sindicato del Petróleo y Gas Privado de Chubut el grupo no pudo bajar en la rampa de acceso y tuvo que hacerlo entre medio de los vehículos. Andrea, quien convive con síndrome de Down y disminución visual, no vio el gancho, cayó y se fracturó.
"Desde mayo no ha podido reinsertarse en sus actividades", lamentó Beatriz Bruni, la presidenta de "Nosotros también", quien confirmó el hecho al ser consultada por El Patagónico.
"Más allá de que la obra social te cubra todo para una persona común es traumático, imaginate para una persona con discapacidad. Pero el fierro sigue ahí muerto de risa en la esquina y nadie ha dado respuestas", relató indignada. Es que la mujer realizó diversos reclamos por esta situación, pero no obtuvo señales de quién debía hacerse cargo de quitar ese gancho: el gremio petrolero, la Sociedad Cooperativa Popular Limitada o el municipio.
A cuatro años de la muerte de Onofri, todo parece estar igual que antes.

FALLAS A LA VISTA DE TODOS

Los casos de Martín y Andrea preocupan a las instituciones. Desde el Centro Luis Braille durante la última semana trataron de averiguar si el accionar de Camuzzi fue correcto o no, ya que la empresa asegura que colocó la cartelería adecuada.
Además, se pidieron respuestas por la incorporación de un vehículo propio, luego de que hace dos años se rompiera el que tenían, y también solicitaron la urgente realización de obras pendientes tanto en los alrededores como en el exterior del centro.
Es que el presente de la institución que depende del Ministerio de Familia de Chubut evidencia la falta de estructura adecuada que existe en la ciudad para quienes padecen dificultades motrices o visuales.
Su frente no cuenta con cartelería adecuada que identifique el lugar, mientras que la calle tampoco está señalizada, pese a que al frente hay una plaza integradora. Y, por si fuera poco, el ingreso tiene escaleras, pero no rampas.
Se espera que en breve lleguen las respuestas, por lo pronto la Secretaría de Obras Públicas del municipio anunció que el martes comenzará a trabajar en la refacción del ingreso y en el interior. Así lo confirmó Viviana Ingram, directora del establecimiento, quien se mostró preocupada por el caso de Martín.
La mujer que asumió en su cargo en diciembre, aseguró que también se realizaron otros pedidos al Concejo Deliberante, entre ellos legislar la obligación de que en los supermercados los no videntes cuente con ayuda, y se aplique la ordenanza 12.011/15 para que bares, confiterías, restaurantes, rotiserías y otros locales del rubro gastronómico tengan a disposición una carta en sistema Braille y Macrotipo.
Para Yolanda Huenchulian, una de las personas que cada día llega al Centro Luis Braille, esto sería fundamental, ya que en más de una oportunidad se ha sentido discriminada por este tipo de situaciones y se ha tenido que limitar en una cena o una compra.
"Es algo que nos ayudaría un montón. Antes cada fin de año salíamos a comer a los restaurantes entre compañeros y profesores. Hemos ido a varios lugares y nunca había cartas en Braille. Entonces preguntábamos qué es lo que había y pedíamos variado o para menos complicaciones todos iguales", ejemplificó sobre las limitaciones que les hacen enfrentar.
"En los supermercados pasa algo similar, llegás y no sabés cómo comprar. Recuerdo que una vez en La Anónima un muchacho nos ofreció su ayuda, no se presentó y nos dio desconfianza, al rato volvió y dijo que era de seguridad, entonces lo aceptamos. Realmente sería muy bueno que tengamos alguien para que nos dé una mano, en La Anónima nos dijeron que cada vez que vayamos nos acerquemos a la mesa de entrada y que nos iban a ayudar. Diferente en Carrefour, donde las veces que he ido he estado esperando media hora, una hora y es mucho, porque no es que porque uno no vea no tenga nada que hacer", se quejó.
Yolanda habla desde la experiencia propia, ya que gran parte de su vida vio hasta que en 2005 quedó ciega por presión ocular. Por eso desde un conocimiento total, puede decir que las respuestas son una necesidad urgente, principalmente porque los jóvenes también las reclaman.
"Los chicos tienen más confianza y ganas de salir. Entonces se necesitan que las cosas cambien", señaló.
Beatriz Bruni también considera que es necesario cambiar las cosas, principalmente por el desinterés que existe por parte de la comunidad, ya que "las dificultades también se dan por descuido del frentista y de la Municipalidad".
"Son terribles. La gente no respeta los lugares donde tenés que cruzar, a veces hay gente que está parada en la senda peatonal y si decís algo te insultan", señaló.
"Acá tenemos demarcada la puerta para que la gente no estacione y a veces hemos tenido que llamar a Tránsito porque no podés andar media cuadra con una silla de rueda. Hay mucha inconsciencia de la gente y mucho egoísmo 'no me importa si le perjudico la vida a alguien'. Es lamentable", sentenció, asegurando que por esta situación también se ven afectadas madres que transitan con carros de bebé y las personas de avanzada edad.

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