Con Don Julio esto no pasaba

La dirigencia de AFA que supo generar Julio Grondona logró el jueves algo que parecía imposible, como fue volver a sorprendernos. A esta altura del partido, la mayoría daba por sentado que la elección (la primera que se realiza en 24 años) no iba a ser del todo transparente; que tal vez algún dirigente finalmente no se presentaría a votar; que muchos que decían apoyar a uno en la práctica iban a hacerlo por otro, pero nadie imaginaba que a estas deleznables prácticas se iba a sumar el prodigio matemático de lograr que en una votación, cuyo padrón es de 75 electores, el resultado final sea empate en 38.
En la AFA que gobernó Julio Grondona y que muchos se empecinan en que continúe de la misma manera, pese al fallecimiento del hombre del anillo con ese mensaje más cercano a lo mafioso que a lo zen ("todo pasa"), hay espacio para que lo grotesco siempre pueda superarse; que la vergüenza y el papelón no solo sean moneda corriente y parte de la impunidad, sino el núcleo de una forma de manejar el poder que se mantuvo inalterable pese al cambio de varios presidentes de la República (y no tanto) y modelos.
Es probable que incluso esa boleta extra (que nadie puede saber para qué candidato fue) haya sido un error humano, tanto del que puso dos en el mismo sobre como de los encargados del escrutinio, que pudieron advertir el problema en otras ocasiones, pero se les pasó en el tercero. Lo que sucede es que aún cuando pudo tratarse de una equivocación involuntaria y no de una maniobra planificada, la misma terminó poniendo la frutilla a un postre que ya de por sí era indigesto, ya que su cocción se desarrolló en un ambiente donde la especulación, la traición y el poco apego por los valores deportivos son el ingrediente fundamental.
Mientras los oficiales de la Inspección General de Justicia comenzaban el recuento de los votos, el actual presidente de la AFA, Luis Segura, que solo pudo llegar a ese cargo ya sabemos cómo, se vanagloriaba, conversando con el presidente de River, Rodolfo D' Onofrio, de lo transparente que era el comicio con frases y en un tono muy cercano al que el ex presidente Fernando de la Rúa utilizaba cuando pretendía explicar, en un país en llamas, que estaba todo bien, mientras –curiosamente- en el programa de Tinelli confundía el nombre de la esposa del conductor televisivo y salía del centro de escena y de cámaras por el lugar inadecuado.
Para completar el papelón, la elección no se pudo repetir el jueves porque, como si tuvieran otra cosa más importante que atender, algunos dirigentes se retiraron del predio de la AFA, dejando sin chances la posibilidad de que en una nueva elección rápidamente se subsanara el "error humano" cometido en el escrutinio.
De inmediato, mientras Tinelli sufría en carne propia un mal momento similar al que durante años, con bromas sorpresas y pesadas, sometió a muchas personas, Segura argumentó que "como hubo en la práctica un empate, deberíamos tomar esto como una buena señal y trabajar en una lista de unidad", demostrando una vez más que al todavía presidente de Argentinos Juniors mejor es no enviarlo a espiar, salvo que quieras que el espiado se entere, más allá de que de matemáticas y elecciones sabe muy poco.
Lo sucedido el jueves no es otra cosa que un claro reflejo de la dirigencia del fútbol argentino, donde obviamente, como en todos lados, hay excepciones pero es curioso cómo muchas de esas excepciones se encolumnan detrás de esta manera de conducir los destinos de la AFA, que hace mucho tiempo estableció las condiciones para que los clubes estén cada vez más empobrecidos y para que –de un tiempo a esta parte– la Argentina haya perdido competitividad en los seleccionados juveniles, algo que todavía no sucedió con la mayor porque Messi es argentino y, contra todo, sigue jugando para la celeste y blanca.
Es esta AFA, la que logra que se empate una elección con más boletas que votantes; la que logra que los partidos no los definan jugadores, técnicos o los equipos sino en muchos casos los árbitros, algunos de los cuales cometen errores (como la duplicación de las boletas electorales de Segura-Tinelli) que realmente cuestan creer que no sean intencionales o buscados.
Tinelli, claro está, tampoco es el santo de la espada y también tiene sus intereses particulares y es un conocido elogioso a Julio Grondona pero, pese a ello, hoy parece representar un cambio que nadie a esta altura puede negar que no sea necesario y que debe establecerse cuanto antes por el bien del fútbol que, sabemos, mueve mucho más que una pelota.
El punto a favor de lo sucedido el jueves es que, pese a todo, en la AFA hubo elecciones algo que, como ayer nuevamente algunos decían con orgullo y tono elogioso, "con Don Julio no pasaba".

Fuente:

Dejá tu comentario

Las Más Leídas del Patagónico