Conocé más sobre la científica argentina de la que habla el mundo

Se trata de la física Gabriela González, quien lideró el equipo que confirmó la existencia de las ondas gravitacionales, el único elemento que faltaba para confirmar la teoría de la relatividad general de Einstein.

La prestigiosa revista Nature publica todos los años una lista de los 10 científicos más importantes de los pasados 12 meses. En esta oportunidad, una argentina integra la lista: se trata de la física Gabriela González, quien lideró un equipo que detectó la existencia de las ondas gravitacionales por primera vez.
Era la única prueba que faltaba para terminar de corroborar la Teoría de la Relatividad General formulada por Albert Einstein entre 1915 y 1916.
LA HISTORIA DE GABRIELA
Tiene 51 años y es doctora en Física. Cursó sus estudios de grado en la Universidad Nacional de Córdoba y se doctoró en la Universidad de Syracuse (EE.UU.). Hoy es profesora en el departamento de Física y Astronomía en la Universidad Estatal de Louisiana, en los Estados Unidos. Es quien abre la lista de Nature por su trabajo al frente de 1.000 investigadores de todo el mundo reunidos en el grupo LIGO (por Laser Interferometer Gravitational-Wave Observatory). En febrero de este año anunciaron el descubrimiento que revolucionó a la comunidad científica.
Sobre su formación en la Argentina, González expresó el pasado julio en una entrevista que publicó la página del Ministerio de Ciencia y Tecnología de la Nación, que cursó “en la universidad pública durante los primeros años de democracia, en una época en donde volvían a organizarse los centros de estudiantes. Tratábamos de encontrar objetivos comunes y todas esas discusiones me educaron y enriquecieron para saber discutir, para saber trabajar en equipo. Hoy puedo decir que estoy muy orgullosa de ser argentina y de estar liderando este proyecto en este momento”.
El objetivo final del estudio que llevan a cabo los científicos reunidos en LIGO no son las ondas gravitacionales en sí mismas, sino que estas son parte de un proceso que busca perfeccionar las técnicas de detección. “Ver más lejos en distancia, lo que quiere decir ver más lejos en el tiempo. Tanto con la luz como con las ondas gravitacionales, cuando son detectadas en la Tierra es porque han viajado una gran cantidad de tiempo. Entonces, sería como estar en una máquina del tiempo, porque estamos mirando al pasado: mientras más lejos miramos más cerca del universo temprano podemos estar”, explicó la doctora en Física en la mencionada entrevista.
"VIAJAR EN EL TIEMPO"
La investigadora argentina y actual vocera del observatorio LIGO, explica la nueva dimensión de la astronomía que se abre a partir del descubrimiento de las ondas gravitacionales, 100 años después de la predicción de Einstein.
En la vida y en la ciencia, la capacidad de observación depende de las distintas manifestaciones de la luz. Su falta, curiosamente, permitió en el campo de la astronomía dar un paso más en el estudio del universo: desde febrero pasado, la detección de ondas gravitacionales abrió una perspectiva totalmente nueva. Y es que esas ondas poseen información relacionada con el movimiento de los objetos en el cosmos, lo que permite observar su historia muy atrás en el tiempo. Dado que las ondas gravitacionales no se absorben o reflejan en la materia, se puede decir que la astronomía encontró una manera de ver los fenómenos celestes con nuevos ojos.
"Tanto con la luz como con las ondas gravitacionales, cuando son detectadas en la Tierra es porque han viajado una gran cantidad de tiempo. Entonces, sería como estar en una máquina del tiempo, porque estamos mirando al pasado: mientras más lejos miramos más cerca del universo temprano podemos estar”, explica González.
Y afirma: "la ventaja de usar ondas gravitacionales en lugar de luz nos sirve para estudiar agujeros negros, que no emiten luz. Con ellas se los puede investigar con mucho más detalle y el objetivo es ese: hacer un nuevo tipo de astronomía”.
UN CENSO DE AGUJEROS NEGROS
Formada en la Universidad Nacional de Córdoba y actual profesora en el departamento de física y astronomía de Louisiana State University, González dedicó años de trabajo dentro de LIGO para arribar a este descubrimiento: “Pensábamos que iba a suceder más adelante. Era algo en lo que veníamos trabajando desde hacía muchos años y para lo que estábamos preparados”, cuenta.
Pese a ello, el caudal de datos relevado en tan solo cuatro meses no deja de sorprenderla y la anima a proyectar un censo de agujeros negros. “Hemos detectado dos sistemas de agujeros negros uniéndose en uno solo, así que ya tenemos información acerca de las masas de seis de ellos. Eso es mucha información”, apunta.
Los agujeros negros que investiga LIGO no son tan viejos como el universo –que tiene alrededor de 14.000 millones de años de edad– porque se formaron hace unos 1.000 millones de años. Es por eso que la investigación con ondas gravitacionales es parte de un proceso cuya aplicación práctica depende del perfeccionamiento en las técnicas de detección que impulsa esta colaboración científica, que involucra a más de 1.000 científicos de todo el mundo.
González explica que la intención es “ver más lejos en distancia, lo que quiere decir ver más lejos en el tiempo. Tanto con la luz como con las ondas gravitacionales, cuando son detectadas en la Tierra es porque han viajado una gran cantidad de tiempo. Entonces, sería como estar en una máquina del tiempo, porque estamos mirando al pasado: mientras más lejos miramos más cerca del universo temprano podemos estar”.

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