Cosecharás tu siembra

El baile es largo y tampoco será cuestión de castigarse en la víspera, pero en ningún caso la Selección Argentina, sus jugadores, su director técnico, disponen hoy de la autoridad suficiente para hacer cuentas: ni siquiera han sabido escribir una módica página en defensa propia, más bien lo contrario, jugaron un partido espantoso, perdieron y las Eliminatorias no les deben nada.
Nada les deben las Eliminatorias, es decir, nada les deben la tabla de posiciones y los cupos al Mundial de Rusia 2018.
Sí le deben, seguro que sí, a buena parte de los miles de hinchas que asistieron al estadio Mario Alberto Kempes y sin arte ni parte, sin siquiera constar entre quienes silbaron con fervor, se quedaron a la espera de un módico, elemental, digno saludo de despedida.
Se fueron de la cancha desentendidos de todo, sumidos en la impotencia y en el fastidio, tanto o más perplejos que en 90 minutos de singular pobreza, más allá de algún tiro en el palo, más allá del penal fallado por Sergio "Kun" Agüero, más allá de la brumosa balanza de los merecimientos, esa abstracción a menudo operativa que lejos y hace tiempo inventó algún comentador futbolero pero que, para el caso, no cotiza.
Con el debido respeto a Paraguay, que se defendió mucho y bien, que atacó relativamente poco, pero casi siempre muy bien, se volvería difícil explicar la justicia del resultado final sin subrayar el desbande colectivo de los de camiseta albiceleste y su profundo vacío conceptual y su pasmosa blandura emocional.
Y su ausencia de norte y de timón, nobleza obliga, por cuanto tampoco sería honesto sugerir que su condición de más o menos recién llegado, dos meses, eximen a Edgardo Bauza de toda objeción.
Bauza, el Bauza de estos días, ha logrado hermanar a los argentinos de todas-las-parroquias-todas: en algunos confirmó los prejuicios y en otros desalentó su defensa.
Argentina jugó mal en Barquisimeto, en Lima jugó peor que en Barquisimeto y en Córdoba jugó peor que en Lima, pero lo de anteanoche, amén del 0-1, de por sí inquietante, conlleva la gravedad de registrar un Bauza que intenta seducir a las estrellas históricas con un crédito ilimitado, que intenta anestesiar a sus detractores con una mera acumulación de delanteros y que en medio del río, a la hora de meter mano, tiene toda la cara de quien se siente cómodo en el célebre aserto de que el hilo se corta por lo más delgado.
Sacar a Nicolás Gaitán, aunque no estuviera jugando peor que la mayoría, e incluso tal vez mejor que algún consagrado, es igual de fácil que cambiar la hoja del almanaque, pero se supone que del director técnico de la Selección Argentina se esperan mayor determinación y audacia.
Post partido, consumado el primer triunfo guaraní en tierras argentas, el "Patón" alzó la voz para advertir que dará todas las batallas indispensables y que confía a muerte, dijo, en el plantel, en tanto Agüero, el que pronosticó el síndrome de la nostalgia a quienes hoy no lo valoran y sí lo llorarán amargamente cuando ya no esté en la Selección, por lo menos cultivó la sincera aceptación de que "no hay excusas".
Argentina, en fin, no hizo bien la tarea en una décima fecha de las Eliminatorias en la que sí cosecharon el aprobado todos los demás, los demás que más importan, con un ligero beneficio de inventario: Uruguay sacó pecho en Barranquilla, Ecuador y Colombia empataron sendos partidos que parecían perdidos, Brasil ganó en Venezuela y Chile en su casa, con un Arturo Vidal en clave de héroe, y Paraguay, ¡ay!, Paraguay ya sabemos.
De momento, cuando faltan ocho-fechas-ocho, a Rusia irán Brasil, Uruguay, Ecuador y Colombia.
Argentina jugaría el repechaje, la repesca, la última bola, el último tren.
¿Messi? Algunos dicen que cada día juega mejor.

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