Crítica: Chevrolet S10 High Country

La S10 High Country se lanzó a la venta en julio pasado para posicionarse por encima de la LTZ, como la nueva versión tope de gama de la S10.

POR FUERA
Acá hay detalles que sólo se pueden conseguir comprando una HC. Así ocurre con la parrilla delantera en color gris claro, con los faros delanteros de máscara negra, la barra sobre caja con forma de spoiler (inspirada en la Ford Ranger Limited, no digan que no) y del cobertor de caja con guías, que eleva el perfil de la chata. En los vidrios laterales, los marcos tienen una base cromada.
Nuestro detalle exclusivo favorito: las imponentes llantas de 18 pulgadas (la LTZ lleva unas más pequeñas de 17"), calzadas con Bridgestone Dueler 265/60R18. Las ruedas más grandes -y los ajustes en la suspensión para que calzaran bien- hicieron que aumentara el despeje del suelo: pasó de 207 a 238 milímetros.
También, por supuesto, hay algunos accesorios que pueden equipar otras S10. Es el caso del protector en el paragolpes delantero (además de cuestiones estéticas, sirve para que la chapa patente no quede tan expuesta a los golpes) y las barras portaequipajes desmontables sobre el techo.
El resultado general es el de una pick-up bastante más imponente y llamativa que la S10 común, sobre todo en este color "Chili Red", exclusivo de la High Country. Se la ve mejor plantada en el suelo y más agresiva.

POR DENTRO
Lo primero que llama la atención en el habitáculo de la High Country son los nuevos tapizados y revestimientos de puertas en cuero marrón. El color se llama Brownstone y Chevrolet lo considera "bitono".
Los plásticos grises de la plancha de instrumentos fueron reemplazados por plástico negro brillante.
El resto del equipamiento es el mismo de la S10 LTZ: conserva el climatizador con la gran rueda digital en el centro de la consola, el volante multifunción (es una pena que todavía no se regule en profundidad), la butaca del conductor con ajuste eléctrico y el sistema multimedia MyLink, con pantalla multimedia de siete pulgadas, Bluetooth, GPS y conectividad USB/Aux.
En el caso de la High Country, el MyLink incorpora una novedad: el visor para la cámara de retroceso. Es un accesorio tan útil que sería bueno que comenzaran a ofrecerlo también las otras S10.
Por lo demás, la cabina es igual a las otras S10: espaciosa, donde tan sólo hay que criticar el respaldo del asiento trasero, que es demasiado vertical.

SEGURIDAD
No hay ninguna novedad en este aspecto. La High Country tiene el mismo equipamiento de la LTZ: doble airbag frontal, frenos ABS, control de estabilidad, control de tracción, asistencia al arranque en pendientes y control de descenso en pendientes.
MOTOR y TRANSMISION
Acá tampoco hay novedades, aunque en este caso es algo bueno. El motor italiano VM Motori Duramax es uno de los más potentes y con mayor torque de su segmento.
Es un diesel de 2.776 centímetros cúbicos, con 16 válvulas, inyección directa por common-rail y turbo de geometría variable. Desarrolla 200 caballos de potencia a 3.600 rpm. El torque varía en función de la caja de cambios: 440 Nm con caja manual o 500 Nm con automática, siempre a 2.000 rpm.
La versión probada venía con caja automática y tracción a las cuatro ruedas, desconectable y con reductora. El nivel de equipamiento High Country se ofrece también en 4×4 con caja automática, 4×2 automática o 4×4 manual.

CONCLUSION
Con la High Country, Chevrolet apunta a retener al público que ya conoce las virtudes de andar confortable y motor poderoso de la nueva S10. Y le ofrece una dosis extra de diseño, confort y exclusividad.
Además, llega justo para responder a la nueva demanda surgida a la sombra de las distorsiones y oportunidades ocasionadas por los impuestos internos. Sucede que, en un mercado normal, el cliente que buscara un vehículo todo terreno, confortable y con estética deportiva, compraría una SUV. En el caso de Chevrolet, serían las Captiva y Trailblazer.

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