Cuando la realidad nos duele

Hace menos de un año, la noticia de Aylan Kurdi, el chico sirio de tres años hallado muerto en la costa de la localidad turca de Bodrum, conmovió al mundo entero a través de las fotografías publicadas en las tapas de todos los diarios a lo largo y ancho del globo, pero también reinstaló un viejo debate en las redacciones de cada uno de los medios comprometidos con la verdad. Las noticias sobre la crisis inmigratoria que hasta entonces acumulaban el conteo de personas que morían en su intento por llegar por mar a Europa escapados de la guerra y el horror, sucumbieron ante el impacto de la imagen más cruda de todas y esparcieron la información a todos los rincones del planeta. Los editores de los más prestigiosos periódicos de occidente, evaluaron la difusión del retrato de Aylan sin vida sobre la arena, pero, también, dedicaron las horas y días posteriores a contraponer dicha decisión editorial ante sus colegas y el público. "¿Se puede publicar la foto de un niño muerto en la primera página de un diario? ¿De un niño que parece dormir como si fuera uno de nuestros hijos o nietos? Hasta ahora mi respuesta ha sido «no»; pero ahora, por primera vez, he pensado que esconder esta imagen significaba mirar hacia otro lado, disimular como si nunca hubiese ocurrido, y tomarnos el pelo para garantizarnos otro día de tranquila ignorancia" argumentó entonces el director de La Stampa, Mario Calabresi, de Italia. Algunos diarios decidieron no hacerse eco de la imagen que ONGs como Unicef y otras asociaciones que luchan contra la problemática eligieron como un símbolo, mientras que otros -como el caso de El Mundo- decidieron incluso filmar y publicar la reunión de editores en la que tomaron la decisión para evitar suspicacias amarillistas respecto al interés de ubicar al menor en la portada; "Nosotros no estamos para dosificar la realidad, no estamos para subrayar lo más trágico de la realidad y caer en el sensacionalismo, pero estamos para contar lo que ocurre y lo que ocurre es eso", agregó en el video el subdirector del citado periódico español, Javier Gómez. Esta encrucijada moral sobre las imágenes contundentes que arroja la vida real superando el más espeluznante relato ficcional es permanente en el quehacer mediático y se ha reflejado en diversas ocasiones. Tal es así, que en abril de 2012, la foto de Massud Hossaini ganadora del premio Pullitzer, que exhibe a una niña gritando tras un atentado suicida en Afganistán rodeada de personas sin vida, fue recortada por algunos medios y abrió por un tiempo la discusión. En el mismo sentido, varios matutinos españoles decidieron suprimir el cuerpo de un hombre sin vida en la foto de la agencia EFE luego de los terremotos ocurridos en la localidad murciana de Lorca, el 12 de mayo de 2011, que dejaron el saldo de ocho muertos. Mismo cuando en marzo de 2004 las crudas imágenes de un ataque contra cuatro contratistas de una empresa de seguridad privada en Fallujah, cuyos cuerpos fueron calcinados, arrastrados por las calles y colgados de un puente, llegaron a las redacciones del mundo. Las tragedias son múltiples, pero en todos los casos la pregunta profesional es la misma: ¿Cómo mostrar lo que ha ocurrido sin afectar la sensibilidad de los lectores?
El día de ayer El Patagónico publicó en la tapa de su versión impresa la fotografía del cuerpo sin vida de un hombre de identidad desconocida al cierre de dicha edición, que había sido hallado en el Cordón Forestal, mutilado en varias de sus extremidades, dejando al descubierto una faceta espeluznante de la realidad. Posteriormente fue identificado como Marcelo Damián Hernández, de 38 años, y configuró una significativa discusión en el ámbito laboral y social por el debate anteriormente planteado, que motivaron a la dirección de nuestra empresa a difundir esta columna editorial.
En primera instancia, es menester desterrar por completo la suposición vertida por algunos lectores y comentaristas acerca del propósito sensacionalista de la mencionada publicación, diametralmente opuesta a la trayectoria inalterable de nuestro diario en este aspecto. Como cada día, los editores de fotografía y responsables de la redacción, han seleccionado la imagen y descartado los primeros planos y tomas detalladas que también se habían logrado retratar del fallecido, pero que hubiesen consternado más aún por lo escabroso del hallazgo periodístico.
En el afán por exponer la gravedad de un hecho y sostener la rigurosidad que siempre caracterizó a nuestro periódico como semillero de virtuosos periodistas en la región, reconocemos que la crudeza de la imagen elegida durante el proceso de edición afectó notablemente a muchos lectores que han manifestado su desacuerdo con la publicación. Mientras que algunos comentaristas indicaron estar de acuerdo con la difusión de la realidad "tal cual es", la gran mayoría de los mensajes que recibimos dan cuenta de una mala consideración al respecto. Aparte de las disquisiciones periodísticas, como responsable de la dirección ejecutiva de la empresa multimedial de la cual forma parte El Patagónico, debo expresar nuestras más sinceras disculpas a los lectores que hayan podido sentirse ofendidos o consternados, en nombre igualmente de los miembros de nuestra redacción que tampoco han compartido la decisión editorial. Al margen del debate profesional, sesgado por el propio oficio de quienes hacen un medio, se encuentra el dolor de quienes se han visto afectados a pesar de la pericia volcada todos los días por nuestros cronistas. Dado el compromiso con la verdad y el público que hace a este medio cada vez más importante, se revisarán todas las instancias de edición que sean necesarias para evitar en un futuro similares consecuencias.

Siempre estaremos atentos al pensar y sentir de nuestros lectores. Los invitamos a expresar su opinión en los comentarios o contactarse por cualquier vía con nuestra dirección.


Leonardo Davies Antal
Director Ejecutivo
Indalo Media Patagonia

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