David Gilmour brindó un memorable show en su primera visita a la Argentina

Gilmour hizo gala de sus majestuosos solos y maravilló con su voz levemente ronca, que se mantiene intacta, en un concierto en el que hubo pasajes psicodélicos, momentos oníricos y hasta una cuota de jazz que mantuvieron al público en un estado de emoción permanente.

En el marco de la gira presentación del disco "Ratlle that lock", el guitarrista y cantante de Pink Floyd, David Gilmour, tocó el viernes por primera vez en la Argentina y brindó un memorable concierto de casi tres horas, ante unas 60 mil personas, en el Hipódromo de San Isidro, en el que revivió la magia del popular conjunto inglés.
Gilmour hizo gala de sus majestuosos solos y maravilló con su voz levemente ronca, que se mantiene intacta, en un concierto en el que hubo pasajes psicodélicos, momentos oníricos y hasta una cuota de jazz que mantuvieron al público en un estado de emoción permanente.
Lo acompañó una aceitada banda en la que se destacan el productor estrella y ex guitarrista de Roxy Music, Phil Manzanera; y Guy Pratt, bajista que ocupó el lugar de Waters cuando decidió abandonar Pink Floyd.
Casi como a modo de precalentamiento, el guitarrista abrió la noche con "5 AM", "Rattle that lock" y "Faces of stone", tres canciones de su último disco.
La primera gran ovación de la noche estalló cuando empuñó una guitarra acústica y desgranó las primeras notas de "Wish you were here", el clásico grabado en el disco homónimo de 1975.
Para "A boat lies waiting", Gilmour se sentó en la steel guitar, mientras que Guy Pratt tomaba el contrabajo y los coros de Chambers y Jules se hacían cargo de las voces que en estudio fueron aportadas por David Crosby y Graham Nash; acto seguido, el escenario de tiñó de azul para "The blue".
"Buenas noches. Muchas gracias. Son muy amables", fueron las primeras palabras pronunciadas por el ex Pink Floyd.
Tras avisar que iba a seguir "con una linda vieja canción", se escuchó el sonido de caja registradora y monedas que anunciaba que era el momento de "Money", mientras la pantalla mostraba imágenes de billetes.
El saxofonista brasileño se ganó una ovación cuando llegó el turno del popular solo y luego hizo lo propio Gilmour, quien se tomó tiempo para apelar a distintos trucos como intercalar armónicos o crear efectos con la púa.
El espíritu de "Dark side of the moon", la obra maestra editada en 1973, prosiguió con "Us and them", la emocionante canción que hace referencia a la alienación, y luego de interpretar "In any tongue" y "High Hopes", con una hora de show, Gilmour anunció un breve intervalo de 20 minutos.

PURA PSICODELIA
El regreso fue a pura psicodelia, acompañado por un verdadero carnaval de luces de colores, de la mano de "Astronomy Domine", una de las primeras composiciones de Pink Floyd, a cargo de Syd Barret, fundador de la banda.
El homenaje al genio creador siguió con "Shine on you, crazy diamond", lo que provocó una de las ovaciones más grandes de la noche.
Con "Fat old sun" se produjo el momento acústico, que fue ganando intensidad con "Coming back to life", dejó la sensación de estar en la barra de un bar con el jazz de "The girl in the yellow dress", se tornó potente con "Today" y preparó el terreno para el gran final con "Sorrow".
En el medio, Gilmour presentó a la banda, momento en que calificó de "leyenda" a Pratt, recordó que Carin trabaja con él desde hace "muchos, muchos años", y definió en un gracioso español como "el magnífico" a Manzanera.
El staccato de la guitarra, más largo que el habitual, anunció que era el turno de "Run like hell", que mostró a toda la banda con anteojos negros y a Pratt asumiendo el rol vocal de Waters.
A la medianoche, con un público en éxtasis, tras dos horas y media de show, Gilmour dio las gracias, saludó junto a todos los músicos y abandonó el escenario, aunque todos sabían que aún había alguna joya más por escuchar.
Si "Dark side of the moon" y "The wall" son consideradas las dos obras maestras de Pink Floyd, los bises no decepcionaron a los fans, que sabían que algo bueno iba a pasar cuando escucharon el sonido de despertadores y relojes que anuncian "Time" y, por consiguiente, "Breath".
Por supuesto, no podría existir mejor final de un recital de Gilmour que "Confortably numb", sobre todo por el impresionante solo de guitarra del cierre, el cual probablemente se encuentre entre los más destacados de la historia del rock.
Con la voz principal de Carin en las primera estrofas y la del ex Pink Floyd en el estribillo, el desgarrador cierre de la canción dejó sin aliento al público, que apenas pudo reaccionar ante el "buenas noches, muchas gracias", dicho en español por el artista que demostró en vivo por qué es uno de los mejores guitarristas de la historia.

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