Delincuentes ingresaron a una casa equivocada con armas y buscando drogas

Tres asaltantes, uno de ellos armado con una pistola 9 milímetros, amenazaron a un trabajador de seguridad y a su familia exigiéndole "la droga". La víctima les explicó que se habían equivocado de casa y los delincuentes se fueron entonces a buscar al vecino.

Diego cocinaba ayer a las 12:15 en la pequeña vivienda que alquila hace tres meses en Julio Ladvocat 170, barrio Stella Maris. Su mujer limpiaba y su hija de 11 años estaba recostada. Todos se preparaban para almorzar y luego salir a cumplir con sus obligaciones.
Un llamado a la puerta en medio de la lluvia llamó la atención de la familia. Creyeron que se trataba de un familiar que estaba por llegar de un viaje, pero cuando Diego abrió la puerta, de un empujón en el pecho lo tiraron contra la mesa de la cocina. En ese momento ingresaron tres delincuentes, uno de ellos con una pistola calibre 9 milímetros en la mano.
Diego dio tres pasos hacia atrás y su mujer intentó salir al encuentro de los delincuentes atajándolos en la puerta de la habitación para que no ingresaran donde estaba la menor.
"¿Dónde está la droga? ¿Dónde está la droga?", preguntaban con insistencia. Era lo único que les importaba. Diego les aclaró que no sabía de qué hablaban; que se habían equivocado de casa. Contó que hace solo tres meses que alquila en el lugar.
Pero los encapuchados seguían insistiendo. "Vinimos varias veces y acá compramos", le dijo uno. Tal comentario hace suponer a los investigadores que los delincuentes seguramente querían "mexicanear" a algún vendedor de estupefacientes.
En el amplio terreno de la esquina existe un local de peluquería y luego, separado en la parte trasera del terreno, hay tres viviendas, todas juntas, una al lado de la otra.
El tiempo que permanecieron los delincuentes amenazando a la víctima fue extenso. Incluso habrían sido vistos por un testigo. El departamento es pequeño y tantas personas no podían moverse con comodidad. Por eso los violentos no tuvieron pudor en tirar lo que chocaban. Así fue como dieron vuelta todo. Uno de ellos tomó una netbook y la colocó debajo del brazo. También quiso llevarse otra computadora que estaba en la mesa.

"YO NO VENDO DROGA, TRABAJO"
Uno de los ladrones le repetía a Diego que no lo mirara a la cara, más allá de que estaba muy cubierto. "Todo el tiempo me amenazaban" le contó la víctima poco más tarde a El Patagónico.
El más calmo del trío, cuando notó que la menor estaba asustada, le pidió a su cómplice que guardara el arma.
Cuando Diego les dijo que seguramente lo estaban confundiendo con su vecino, uno dio la orden: "vayan y apúrenlo". Pero según la Policía, los delincuentes no pudieron ingresar a la vivienda en cuestión.
"Quedate tranquilo, nadie te va a llevar nada", le decía mientras tanto el más calmo a la víctima, dando cuenta de que se habían equivocado de casa.
Pero Diego le remarcó que uno le estaba llevando la netbook a su hija. Entonces el delincuente le quitó la computadora de los brazos a su cómplice y se la devolvió a la víctima.
No obstante, los delincuentes se llevaron dos teléfonos celulares, el de Diego y el de su mujer, además de la tablet de la hija. Además se alzaron con 4.000 pesos de la billetera del hombre que luego la arrojaron en el ingreso a un pasaje.
Cuando dialogó con El Patagónico, Diego aún estaba conmovido por el momento que le había tocado vivir. Además, no disimuló su furia para con su vecino, ya que consideraba que a partir de su actividad ilícita había afectado a tres personas inocentes. "Yo no vendo droga; trabajo y tengo un buen sueldo", dijo el hombre que es empleado de una empresa de seguridad.
Según la víctima, todos los que residen en la zona están molestos con su vecino, sobre todo por el movimiento de gente que hay en el lugar en distintos horarios, lo que hace insegura la zona.
En el robo agravado tomó intervención personal de la Seccional Tercera y al cierre de esta edición según informaron desde la misma, se trabajaba en procura de establecer las circunstancias del robo e identificar a los autores.

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