Depresión: las palabras y las cosas como salvavidas

Haig nació en Inglaterra en 1975. Se graduó en la Universidad de Hull y es autor de cinco libros de ficción, de algunos volúmenes de literatura infantil y con "Razones..." hace su entrada en el mundo del ensayo, o más precisamente, de la no ficción.

En "Razones para seguir viviendo", el escritor, filólogo y catedrático británico Matt Haig cuenta -a la manera de un diario retroactivo- cómo es que un día, de vacaciones en España, cayó en lo que llama una depresión o una crisis nerviosa y cómo hizo para salir de ese estado sin la ayuda más que de la lectura y la escritura.
El libro, publicado por la editorial Planeta, es un cruce de autoayuda con ciertas vertientes de la psicología positiva que tiene al gurú de la felicidad, Martin Seligman, como el más auténtico de sus representantes.
"A nuestro alrededor no paramos de tener presiones publicitarias para tener tal o cual cuerpo, presiones para lograr el éxito profesional, económico, tenemos la ansiedad del número de likes, y la constante presión por estar aceptados en las redes sociales. Más ejemplos: hace 100 años la gente dormía más horas. Ahora la mayoría de la gente duerme siete... En definitiva, tenemos que hacer muchas más cosas y eso nos provoca más ansiedad", dijo el escritor en un reciente reportaje.
Y agregó que "se espera más de nosotros y por tanto no paramos de frustrarnos y de odiarnos por no conseguir aquello que la sociedad espera de nosotros (en realidad, en el mundo capitalista nadie espera nada de uno, más que venderte su producto)".
Y como "estamos todo el tiempo compitiendo entre nosotros. Eso lleva inevitablemente a que estemos comparándonos, a sentirnos inferiores o que deseemos ser otras personas que aparentemente son mejores que nosotros, o más exitosas o lo que sea. Pero solo son expectativas construidas. Nos hemos olvidado mucho de la salud mental para que solo pasen a importarnos otras cosas".
En consecuencia, la depresión, que acecha como el deus absconditus del alto medioevo, salta sobre el sujeto que más vulnerable, deja un casillero libre que será ocupado por un otro que lo vuelve un extraño para sí mismo o un exiliado de sí mismo: esto es, un deprimido.
Pero si es imprescindible "sentir lo aterrador de la vida para poder sentir sus maravillas", Haig explica que en esta época es difícil mantener la atención permanentemente a causa de la enorme cantidad de estímulos diarios, imposibles de asimilar en su totalidad por la especie humana.
Las reflexiones antropológicas del autor, sometido a esta experiencia extrema, quizá sean lo mejor de este libro, pensado para narrarla pero también como una escala preventiva con objeto de no caer fácilmente en el desánimo o la tristeza, y en el último de los casos, la depresión o el suicidio, cuando no se encuentran más, justamente, razones para seguir viviendo.

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