Desaguisados

Mauricio Macri ya asumió la Presidencia y Mario Das Neves la Gobernación y, afortunadamente, quedaron atrás las horas de desgaste que se vivieron previo a ambas asunciones, donde el tema predominante en el caso nacional fue (para varios) el lugar y el horario del traspaso, y en el provincial la hora y la forma en la que se aprobó la emergencia económica que, en realidad, todavía no se sabe si está vigente o formará parte de una historia negativa ocurrida el último día de gobierno de Martín Buzzi y de la Legislatura que se fue.
En el ámbito nacional la discusión sin sentido fue generada por posturas inflexibles de ambas partes, una por empezar con su obstinación de no entregar el bastón en determinado lugar y la otra, también con falta de reflejos y de apegos democráticos, por introducir su recurso de queja en la Corte, que erróneamente y vaya a saber sobre qué parámetros estableció que el mandato de Cristina Fernández de Kirchner no finalizaba el 10 de diciembre, en el momento de ese día en el que asumiera Mauricio Macri, sino con el primer minuto de uno de los días (históricamente hablando) más glorioso para los argentinos.
El desaguisado siguió adelante con la decisión de Cristina y de algunos de sus diputados más fieles, que fueron pocos en realidad, de no participar de la ceremonia de asunción y de la entrega de los atributos, con lo que se perdió la foto final, la que evidente y equivocadamente quiso evitar, de su mandato por el que, efectivamente, pasó a la historia.
Más allá de quién dio el primer paso equivocado, los dos, Presidente saliente y entrante, con los medios de apoyo hegemónicos para agrandar la brecha, hicieron todo lo posible para que la Argentina no pueda celebrar, como corresponde, un traspaso de mando dentro de la democracia; esa por la que mucho se trabajó, derramó sangre y sufrió, y por la que, evidentemente y pese al paso del tiempo, todavía hay mucho para trabajar a nivel de conciencia y espíritu democrático que, como escribimos en columnas anteriores y como en el fútbol y en los valores deportivos, es necesario demostrar y tener, tanto cuando se gana como cuando se pierde.
En Chubut la transición también distó mucho de ser lo que corresponde y a la que ambos, gobierno entrante y saliente, deberían estar obligados por esos mencionados valores democráticos. Todo comenzó con la presentación del proyecto de emergencia económica y todo terminó, casualmente, con una aprobación, como mínimo poco común e irregular, de esa ley que Mario Das Neves definió y reclamó como necesaria para comenzar su tercera gestión como gobernador.
En el largo mes que se sucedió entre la presentación y aprobación, las dos partes no pudieron ponerse de acuerdo ni sobre el texto, ni sobre el tratamiento. Uno por ser, tal vez, demasiado ansioso y querer tener la definición lista antes de asumir, y el otro por no quererse ir con una ley que, en letra negra y sobre papel blanco, describa una situación que, en muchos casos está a la vista, y es la emergencia que existe, tanto económica como social, por la falta de funcionamiento adecuado de algunos servicios, como los esenciales en el caso de Comodoro Rivadavia, en el que está incluido y casi por encima de todos el de la Salud.
En ese contexto, y sin poder de negociación o de aceptación, de uno y otro, el dasnevismo consiguió en una Legislatura tomada, aprobar la emergencia en el despacho de presidencia, en el que, sin público presente, sin taquígrafos y otros elementos indispensables y legales, pero con la presencia de una escribana, logró contar con 18 diputados, 10 de ellos -esto no es un dato menor- ajenos a su bancada.
En el propio oficialismo se aseguró, una y otra vez, que los votos de esos diputados propios que sumaron su mano para aprobar la emergencia fueron "comprados", en la mayoría de los casos -se remarcó- con cargos en el futuro Gobierno.
El desaguisado se completo con el veto veloz de Martín Buzzi en los últimos minutos como gobernador, si se toma el criterio erróneo introducido por la Corte Suprema ante la presentación de Cambiemos, sobre una ley que en realidad, sino era tal, como se sostiene por las eventuales irregularidades, terminó reconociendo, pese a que no había sido comunicada y mucho menos leída por los asesores legales de Buzzi, ya que el texto (en la práctica) no existía, al menos en sus manos.
Todo lo ocurrido esa noche, con la zona liberada previamente para que los gremios se manifiesten y tomen la Legislatura, puso en verdadero peligro ya no la transición, que como dijimos nunca fue cordial ni democrática, sino hasta la misma asunción de Mario Das Neves, ya que unos y otros jugaron con varios recursos para que la sesión especial fracase.
La sanción, el veto y la futura insistencia, que vaya a saber de qué forma se instrumentará, fue el cierre negativo para una Legislatura que, recordemos, también tiene en su haber una aprobación muy particular del proyecto de consulta popular, modificado en su espíritu, a partir de las sugerencias de las empresas mineras, tal como quedó graficado en el celular de un diputado que, en plena sesión, recibía pedidos y explicaciones de un gerente de una empresa dedicada a ese rubro.
En el medio de todo ese mamarracho, hubo un dato positivo que, al menos desde esta columna queremos destacar, porque más allá de que haya sido el que correspondía no fue un dato menor que, contra todos los pronósticos y sugerencias, el gobernador saliente, Martín Buzzi, se hiciera presente en la sesión para entregarle a su sucesor los atributos de mando.
Un reconocimiento que queríamos hacer desde esta columna donde, como corresponde, hemos sido críticos, en un mar de elogios en los que el ex gobernador nadaba acompañado y vivado por quienes ahora, en muchos o en varios casos y sobre todo desde el resultado electoral, empezaron a mirar con otros ojos; esos mismos ojos con los que ahora comienzan a ver a quien antes criticaban y ahora elogian porque ya está en funciones.

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