Diez años de la saga "Crepúsculo" y un cambio de roles que tiene sorpresas

La publicación de Alfaguara contiene "Crepúsculo" e impreso de forma invertida, los lectores deberán dar vuelta el libro cada vez que deseen comparar pasajes, "Vida y muerte. Crepúsculo reinterpretado".

La saga "Crepúsculo" -bestseller sobre el sofocante triángulo amoroso entre un vampiro, una adolescente y licántropo- celebra su décimo aniversario con una edición especial donde Stephenie Meyer cambia el género de los personajes para probar que no se trata de una historia "timorata" que refleja viejos conceptos sexistas, sino de "la obsesión y el frenesí del primer amor".
La publicación de Alfaguara contiene "Crepúsculo" -versión original que abre la tetralogía que completan "Luna Nueva", "Eclipse" y "Amanecer"- e impreso de forma invertida, los lectores deberán dar vuelta el libro cada vez que deseen comparar pasajes, "Vida y muerte. Crepúsculo reinterpretado".
En esta segunda versión Isabella Swan, Bella o Bells (campanillas en inglés y bella en italiano) es Beaufort Swan, Beau; el torturado vampiro de 118 años Edward Cullen es la tintineante Edythe Cullen, mucho menos afectada por su condición monstruosa; y Jacob Black, el lobo adolescente y tercero en discordia, apenas aparece, encarnado en Jules.
"Siempre han censurado mucho a Bella por ser en muchas ocasiones demasiado timorata y la gente suele quejarse de que es la 'típica damisela en apuros'", escribe Meyer en el prólogo, pero "dejando a un lado cuestiones de especie y género", algo que ocurre a medias, 'Crepúsculo' es "una historia sobre la magia, la obsesión y el frenesí del primer amor", escribe desde su peculiar visión.
Desde la óptica de Meyer el primer amor sigue siendo adicción, abstinencia, codependencia y riesgo de vida toda la primera parte del libro. Sin metáforas: caer de rodillas ante el objeto de deseo sin tocarlo aunque el ansia sexual sea insoportable y duela -usa mucho ese adjetivo- porque podría matarte. Aunque un último giro final cambiará las reglas del juego, haciéndolo más maleable.
"En general, he cambiado directamente el género de todos los personajes", anticipa la autora y algo interesante ocurre con ese experimento.

ESPIRITU PACATO
Si bien no escapa al espíritu pacato de la historia anterior, al convertir en matriarcales las comunidades antes enfrentadas, Meyer genera un contexto de libertad, disposición al diálogo y escucha que refresca el ritmo del relato.
Con las lobas al frente de la reserva quileute -la cacique es Bonnie Black y su heredera la vital Julie- con las Vuturis castigando la corrupción de sus maridos, y con la centenaria doctora Carine liderando el clan Cullen, hasta la historia de pareja pierde el sometimiento que caracterizó la dupla anterior. Pero el marcador empieza a descontar cuando la escritora advierte que hizo "dos excepciones" en ese cambio de género de los personajes, y se refiere a la custodia paterna del joven protagonista Beau, nacido en 1987, como un triunfo de los derechos del padre, relegados a los de la madre.
"Los derechos maternos se consideraban más importantes que los paternos", escribe desentendiéndose de toda una historia patriarcal, documentada y universal, donde la patria potestad constaba de la supremacía de los derechos de custodia del varón sobre los hijos, al punto de que para salir del país se necesitaba sólo la firma paterna, excluyendo la materna.
Con ese anticipo Meyer cierra con puntaje negativo el desafío anunciado apenas unas líneas arriba; y a medida que la historia avanza -con éxito garantizado porque es una entretenida narradora que, se sincera en el epílogo, decidió hacer trampa descaradamente- profundiza su imposibilidad de distinguir entre las definiciones de género y sexo.

NUEVA VERSION VIEJAS IDEAS
Así, en la nueva versión las medias sonrisas sensuales de Edward son reemplazados por una risa entre sonsa e histérica, tirando a psicótica, de Edythe; y la vergüenza de Bella para hablar de sexo -recién en la tercera entrega- se discute sin tapujos cuando el protagonista es Beau.
El ballet no es opción masculina en ninguna versión -en esta reinterpretación será la madre de Beau la que daba clases, cuando en la anterior fue Bella quien practicó unos pasos de niña- y la escena en que el vampiro Emmet carga a la "frágil" humana como una "pelota de futbol", es traducida como "un gigante muñeco de trapo" cuando la que hace el esfuerzo es su contracara femenina Eleanor.
En cuanto a la aventura de no ser "timorata" -según la traducción al español ibérico- Meyer tampoco lo logra: La escena de "hacer novillos", la rateada del colegio, fue eliminada; y cuando Edythe decide que para salvar a Beau deberá matar a la rastreadora Joss -lado fémino de James- tiene la delicadeza de preguntarle si le molestaría, para que él responda sólo que en caso de ser necesario.

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