Diez mitos sobre las vacunas

Una de las acciones médicas que más inquietud produce en las familias es vacunar a sus hijos. Mucha información, no siempre correcta, circula por distintos sitios. Es por ello que la Sociedad Argentina de Pediatría aporta respuestas a las dudas más frecuentes sobre el tema.

La vacunación está reconocida como la estrategia de mayor beneficio en la Salud Pública: ningún avance de la medicina ha logrado salvar tantas vidas.
En la actualidad, todas las vacunas que se aplican de forma sistemática, han demostrado claramente su eficacia y seguridad. Lamentablemente, son víctimas de su propio éxito: las enfermedades que previenen dejan de percibirse como amenazas y sólo se presta atención a los efectos adversos que, muy raramente, pueden ocasionar.

Hay una serie de mitos alrededor de las vacunas que aquí nos encargaremos de derribar.

MITO 1: Antes de la implementación de las vacunas, la mejoría en las condiciones de higiene ambiental había hecho disminuir las enfermedades infecciosas, por lo tanto, las vacunas no son necesarias.

FALSO. Si bien el agua potable y el lavado de manos protegen contra enfermedades infecciosas, muchas otras se pueden propagar independientemente de la higiene. En los siglos XIX y XX, algunas enfermedades infecciosas se comenzaron a controlar gracias a esas acciones, sin embargo, las enfermedades que se pueden prevenir con vacunas han disminuido drásticamente después de su aplicación a gran cantidad de niños. Así, si se interrumpen los programas de vacunación, las enfermedades contra las que podemos vacunar, volverán.

MITO 2: Las vacunas producen enfermedades o efectos secundarios nocivos que se desconocen a largo plazo.

FALSO. Las vacunas son seguras. La mayoría de las reacciones por vacunas son leves y temporales y no hay evidencia científica que apoye estos reclamos. Es más probable padecer un trastorno grave por una enfermedad prevenible por vacunas, que por una vacuna.

MITO 3: Las enfermedades prevenibles por vacunas están eliminadas en algunos países, por lo que no hay motivo para vacunarse.

FALSO. En un mundo globalizado, los agentes infecciosos que siguen circulando en algunas partes del mundo pueden atravesar fronteras geográficas e infectar a una o más personas no vacunadas. Y si esto ocurre en una población mal vacunada, puede dar lugar a un brote epidémico. Por consiguiente, hay dos motivos para vacunarse: la protección individual y la de la comunidad.

MITO 4: La administración simultánea de más de una vacuna aumenta el riesgo de los efectos secundarios y puede alterar el sistema inmunológico al producir una sobrecarga del mismo.

FALSO. La administración simultánea de vacunas no sobrecarga el sistema inmunológico, ya que las vacunas utilizan y estimulan solo una porción del sistema. Un niño está expuesto a muchísimos más antígenos como consecuencia de un resfriado o una faringitis, que por las vacunas.

MITO 5: La infección natural es preferible a una vacunación.

FALSO. La infección natural crea inmunidad, pero si esta infección es severa puede producir complicaciones graves, incluso la muerte. La inmunidad de una vacuna es similar a la infección natural, sin exponer a las personas a riesgos.

MITO 6: Las vacunas contienen timerosal, lo cual podría provocar enfermedades.

FALSO. Las vacunas de dosis múltiples contienen timerosal como conservante. No hay evidencia científica que sugiera relación causal entre este componente y algunas enfermedades, por lo cual esta creencia ha sido rechazada. Las cantidades mínimas de timerosal utilizadas no ponen en riesgo la salud.

MITO 7: La vacuna triple viral (sarampión-paperas-rubeola) causa autismo.

FALSO. En el año 1998 se realizó un estudio ante la inquietud planteada de un posible vínculo entre la vacuna triple viral y el autismo. Este estudio tenía graves irregularidades pero, desgraciadamente esto despertó temores, lo cual hizo que bajaran las coberturas de vacunación con la consiguiente aparición de brotes de estas enfermedades. Hoy la evidencia científica favorece el rechazo de una relación causal entre la vacuna y el autismo.

MITO 8: Si los niños presentan una enfermedad leve, como catarro, diarrea leve, rinitis, no pueden ser vacunados.

FALSO. El niño puede ser vacunado en estas circunstancias. No vacunarlo es una oportunidad perdida de vacunación.

MITO 9: Si el niño ha interrumpido su calendario de vacunación, debe reiniciarlo.

FALSO. Cuando no se han colocado las vacunas en los lapsos indicados, se debe continuar con las dosis faltantes, ya que lo fundamental es el número total de dosis .Pero lo ideal, es respetar los calendarios de vacunación, dado que damos protección más temprana a los niños menores.

MITO 10: Si el niño está tomando antibiótico o se encuentra en periodo de convalecencia de una enfermedad, no puede ser vacunado, ya que la vacuna no va a producir inmunidad.

FALSO. Estas constituyen contraindicaciones erróneas de vacunación, ya que el mecanismo de formación de anticuerpos, por ende de inmunidad, no se altera.

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