Dilemas patagónicos en el país de la alegría

Norberto Yauhar ha dicho que "no supimos transmitir cómo el modelo nacional había impactado en la calidad de vida de la gente". Y tiene razón. Así fue en los grandes centros urbanos, en la Pampa Húmeda, donde el kirchnerismo fue cayendo desde aquella famosa 125 que le granjeó en paralelo la enemistad de los grupos de poder concentrados que manejan grandes emporios de comunicación al servicio de sus intereses.
Sin embargo, la reflexión del operador que seguramente volverá a asesorar al nuevo gobierno provincial –aunque de momento en un discreto segundo plano- no es aplicable a la Patagonia, donde hace ocho días Cristina Kirchner fue plebiscitada positivamente, tanto en Neuquén, como en Río Negro, Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego. Sus habitantes deben haber mensurado que en la última década hubo un progreso solo equivalente al de hace medio siglo, cuando se produjo el primer boom petrolero. Sus consecuencias negativas son para otro análisis y mucho se ha hablado al respecto. Hay conciencia de lo que ocurre en economías mineras cuando falta planificación. Sin embargo, siempre será preferible ello a volver a aquellos días de desocupación y de Estados que solo podían aportar una caja con magros comestibles.
Es cierto que las perspectivas ante el panorama nacional no son para nada halagüeñas si se considera dónde tiene mayores compromisos el presidente electo, pese a que ya comenzó a dar marcha atrás con alguna de sus múltiples promesas, como no eliminar las retenciones a la soja de una sola vez. Hacerlo con el trigo y el maíz no incide en las cuentas públicas y seguramente será lo que resaltarán sus propagandistas, siempre tan atentos a la esencia de las cosas, como demuestran con la actual polémica acerca de si hay que visitar –o no- Córdoba. Son cortinas de humo, su especialidad.
De todos modos, no deja de ser inquietante la confirmación de Juan José Aranguren en el flamante Ministerio de Energía y Minería, utilizando palabras tales como "crimen" y "esquizofrenia" cuando debe referirse a la política que llevará adelante y de la cual depende en grado sumo esta región, donde les será difícil a gobernadores de larga trayectoria entenderse con los gerentes que enterraron a los caudillos para dicha de quienes detestan estilos de conducción donde la política es la que marca el compás y los asientos contables son prioritarios.
Mauricio Macri no podrá gobernar eternamente por Decreto, como ha anticipado que hará. Tarde o temprano deberá buscar consensos en el Congreso, donde solo cuenta con 88 diputados y 15 senadores. Muy poco para hegemonizar el poder, por lo cual necesitará de todos los que puedan llegar a tener alguna coincidencia con sus intereses para darle barniz de república a su mandato.
Después de todo, no hay que perder de vista que la centroderecha liberal llegó para "recuperar" las instituciones, más allá de que sus primeras acciones vayan en otro sentido, como demuestran al pretender incumplir leyes votadas hace rato, como interrumpir el mandato de las autoridades de entes autónomos como la Procuración General, Radio y Televisión Argentina o la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual (AFSCA).
Entre quienes serán oposición desde el 10 de diciembre no dudan con respecto a las intenciones de Aranguren y lo rechazan desde antes que asuma. Así lo han dicho –entre otros- el intendente electo, Carlos Linares, y el ministro de Gobierno, Javier Touriñan. Para el primero la incertidumbre se resume en "resquemor", mientras para quien ocupará una banca en la Legislatura el nuevo gobierno priorizará venderle combustible barato a los productores ganaderos que lo votaron mayoritariamente, razón por la cual el acuerdo de precios interno para el valor del petróleo bajaría ostensiblemente, afectando negativamente a quienes habitan las provincias hidrocarburíferas que –salvo Mendoza- optaron el 22 de noviembre por el otro candidato a Presidente.
En este contexto, conviene recordar que cuando fue CEO de Shell, Aranguren cerró las estaciones de expendio de combustibles de la Patagonia porque no le daban ganancia.
La baja densidad poblacional del sur argentino se hace sentir en situaciones como la actual, donde no se pudo imponer en las urnas su lectura de las cosas, frente a la de quienes creyeron que la "revolución de la alegría" empieza con devaluación. Pero de todos modos queda la chance de que los legisladores propios coordinen acciones con sus gobiernos provinciales para no perder ventajas comparativas.
Esto es lo que seguramente pretende hacer valer Mario Das Neves cuando habla de "consenso energético", para lo cual se propone convocar a quienes irán al Congreso nacional. Tiene Chubut cinco diputados entre los cuales al menos cuatro podrían servir de factor de negociación para defender con ciertas posibilidades lo que se conquistó desde 2003 a esta parte.
El nuevo gobernador sabe que será difícil volver a aquellos años de euforia porque tampoco la situación internacional es la misma. Su tercer gobierno dependerá mucho de la sintonía que tenga con Nación, más allá de lo que le hubiese gustado. Y ni siquiera tendrá de respaldo el colchón de hace seis años, cuando decidió ponerle límites a un gobierno que tenía su mismo ADN.
Ahora deberá lidiar con muchachos de buenos modales que usan la colonia y el honor para ocultar oscuras intenciones, sabiendo que a algunos muchos les van a tener que fallar. No son pocos los analistas que en realidad estiman que sus primeras medidas afectarán a la gran mayoría, incluyendo a quienes los votaron. Pero seguramente confían en las coberturas mediáticas que los trajeron hasta aquí.
Sin embargo, si es cierto aquello de los eternos retornos, esta vez la realidad será en tono de comedia y no de drama. Con el plus de que ya nadie resignará mansamente lo que hasta aquí ha conquistado. Así, podrá evitarse cumplir con aquello de Brecht: "el hombre aprende de las catástrofes tanto como el conejito de Indias sobre biología en el laboratorio".

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