Eduardo Schneider, amor por la camiseta y por ser alguien en la vida

"Villa del Mar" de Km 3 fue su primer club. También brilló en el equipo de vóley del Colegio Perito Moreno donde llegó a jugar un torneo Argentino. Egresado de la secundaria emigró a La Plata, donde alternó libros con el bolso de entrenamiento para llegar a ser parte del único título que obtuvo el club Platense en toda su historia, justo la noche anterior de su casamiento.

Al joven estudiante llegado de Comodoro Rivadavia, la vorágine del día a día lo encuentra a las 8 de la mañana cursando materias en la facultad o haciendo trabajo de campo en el hospital de La Plata.
Por la tarde coordinará con sus pares para estudiar o preparar algún parcial para el día siguiente. A la noche, a partir de las 21, la cita es con la 'naranja' en el club Platense (entidad que a pesar de su historia basquetbolística solo saldrá campeón en una ocasión con el comodorense como pivot).
Cuando no es entrenamiento, es partido. Es así de lunes a sábado y Eduardo Schneider lo vive con naturalidad, de hecho lo disfruta a pleno desde que con 13 años se inició en soledad en una plaza de Rawson.
Cerca de las 20:30, el traumatólogo Eduardo Schneider (64 años) suspendió su consultorio para recibir a El Patagónico, porque si antes su día empezaba a las 8 de la mañana en la facultad, desde que se recibió no hizo más que incrementar el ritmo. De esta manera, la jornada de la mañana lo encuentra en la sala de cirugías, para cerca del mediodía cambiar el ambo y hacer consultorio. Para volver a retornar a las operaciones y volver a hacer consultorio hasta las 22.
La rutina es de lunes a sábado, el domingo es su día de gloria. Porque junto a contemporáneos como él le dan vida a su mayor pasión en el gimnasio "Diego Simón" de Federación Deportiva. Similar a ellos, ex jugadores del Club Savio mantienen viva la pasión, más allá de que el físico no responda como en los años de esplendor.
"Es un modo de vida, vivirla lo más intensamente posible. Siempre tuve el criterio de que somos algo circunstancial; y si no vivís tu día como si fuera (no digo el último) pero sí donde todo es finito. Entonces mientras puedas disfrutarlo, tenés que hacerlo siempre que tengas salud, energía. Y el deporte es una de las cosas que te da ello, junto con el trabajo", sostiene Eduardo.
"Amor por la camiseta y por ser alguien en la vida", esa es la frase con la cual el traumatólogo le gusta sintetizar su vida.
"Eran los conceptos que teníamos la generación que hoy tiene mi edad. En una forma de vida que uno tenía incorporado. No estaba la cultura del consumo que es tan perjudicial en la juventud actual.
Entonces tenías metas muy claritas, que se fijaban desde muy chicos, ya sea desde la familia o uno mismo. No por imposición. Además, no había la presión de ahora que uno tiene que cumplir con legados familiares (ser abogados, médicos o ingenieros) o deportivos. Donde sino llegás a ser como Messi o Michael Jordan en la NBA no llegaste a nada. Porque tienen un bombardeo informativo a esa edad que se dan cuenta que es algo inalcanzable de llegar a ser como sus ídolos", recalca.

UN DEPORTE, UNA PASION
Esa convicción lo llevó a Eduardo Schneider a quedar en la historia grande del club Platense, una entidad deportiva de La Plata fundada un 23 de setiembre de 1921, porque fue parte del equipo que salió campeón.
"Yo llegué, pero era otra época, de hecho yo tenía una sola meta en el básquet: jugar mejor que Miguel Leonori que era el 'crack' de Comodoro Rivadavia, y que me llevaba diez o doce años de diferencia cuando yo debuté a los 13 años en 'Villa Del Mar' que era un club de Km 3", apunta.
Eran otros tiempos, donde el básquet contaba con dos asociaciones, la "Mosconi' que congregaba los equipos de zona norte. Y la "Comodoro" de la zona sur de la capital petrolera. Eso aseguraba 24 equipos y una competencia continua.
"Hoy es algo insólito la falta de continuidad. Antes o se entrenaba o se jugaba, y el amor por la camiseta se ponía de manifiesto en cada encuentro donde había que hacer lo imposible por ser titular. En especial en campos de juego que no contaban con calefacción en invierno, o la cancha de Tiro Federal donde se jugaba al aire libre. Entonces si te quedabas en el banco te convertías en un esquimal", sostiene entre risas.
Sin embargo, sus inicios fueron de la manera menos pensada. Su padre había sido designado ministro de gobierno del gobernador Roque González y se trasladaron a Rawson, en la plaza había un aro de básquet. Y así, en soledad Eduardo comenzó a darle vida a una pelota pesada y grande que le regaló su padre.
"Cuando comencé a ir a la escuela de Trelew participé de los intercolegiales y quedé en ese equipo. Luego cuando retornamos a Comodoro me llamaron de 'Villa del Mar', que era el último campeón y que contaba con el mejor jugador que dio Chubut como Marcelino Vivas", rememora.
Schneider sostiene que lo suyo fue a fuerza de decisión, pero sobre ello sobresale que cuenta con condiciones innatas para los deportes. A cuenta de ello está el antecedente que formó parte del equipo de vóley del Colegio Nacional Perito Moreno con el cual llegó a jugar un Torneo Argentino, razón por la cual jugó en distintos puntos de la Argentina.
"Cuando terminabas el secundario o te ibas afuera a estudiar. O te quedabas a trabajar. Y yo ya sabía lo que quería hacer"

EN LA CIUDAD DE
LAS DIAGONALES
Un joven de 18 años en la ciudad de las diagonales, con la certeza de recibirse de médico, ese era Eduardo Schneider cuando fue a radicarse como estudiante universitario a La Plata para cursar medicina.
"Como yo venía de jugar al vóley en el secundario (en una instancia nacional) me llamaron de Gimnasia y Esgrima La Plata para sumarme a su plantel. Y mirá como son las cosas: porque como tenía que tomar dos micros para ir a entrenar desistí de aceptar, porque había que viajar todos los días".
Sin embargo, una tarde pasó el técnico de básquet del equipo del barrio (Platense) lo vio a Eduardo y le preguntó "¿vos nunca jugaste al básquet?". Así, Schneider pasó a ser parte del un club mítico de la ciudad que nunca había salido campeón.
"Fue una novedad y un hallazgo fantástico porque me recibieron muy bien, que es algo poco habitual para un jugador que no es de esa ciudad. Uno no está acostumbrado a que te reciban con tanto cariño, y ese vínculo que mantenemos hasta hoy", recalca.
Jugó en el Torneo Platense, donde en Gimnasia jugaba Ernesto Gerhmann o Adolfo "Gurí" Perazzo: "así como ellos, hubo muchos jugadores que hicieron brillar al básquet, incluso en los torneos provinciales de Buenos Aires (luego se fundaría la Liga Argentina antecesora de la actual Liga Nacional). Yo al lado de ellos sabía que no llegaba, pero por lo menos pude estar en el seleccionado de La Plata y enfrentarlos".

ESTUDIO Y DEPORTE
El éxito no le hizo perder el eje y los objetivos, de hecho Eduardo afirma que: "se puede estudiar y hacer deporte. Se puede cumplir con las obligaciones como estudiante y tener los momentos de esparcimiento a través del deporte. En mi caso, en un día normal iba al hospital o cursaba hasta la tarde. Luego juntarse a estudiar para alguna ponencia y a las 21 teníamos partido o entrenamiento. Así de lunes a sábado. Y era un ritmo que lo llevabas muy bien. También es cierto que no teníamos lo que tienen los equipos de hoy que es preparación física, las únicas condiciones que tenías eran las que tenías naturalmente. No había complemento de pesas ni mucho menos, por eso no eran jugadores de gran masa muscular".
Sin buscar trascender, Eduardo lo hizo en el club porque fue protagonista del único título conseguido. "Yo lo hacía como un esparcimiento, no con un fin deportivo. Y en Platense me tocó la mejor época porque para el 76, Marcelino Vivas se había desvinculado como jugador profesional de Vélez Sarsfield (había terminado su carrera de ingeniero químico) y como vivía en La Plata lo invité a sumarse (dado que siempre los estudiantes de Comodoro se reunían)", rememora.
Vivas se unió a un club que "era como Argentinos Juniors en el fútbol. Teníamos buen juego pero nunca llegábamos a salir campeones. Y cuando volvíamos a Comodoro jugábamos los triangulares que se armaban durante el verano".

LA CONSAGRACION EN LA ANTESALA DEL MATRIMONIO
"Nunca pensamos que iba a ser de esa manera, nadie lo tenía planificado", afirma el médico respecto a la noche donde Platense abrazó el título, mientras al otro día él contraía matrimonio, cita a la cual estuvo cerca de ausentarse.
"Platense a pura garra había llegado a la final. El partido se jugaba la noche anterior que me casara. Y salimos campeones con el equipo que había sumado a Vivas y dos jugadores de Río Gallegos para torcer la historia. Esa fue la única vez que Platense salió campeón en toda su historia. Y fijate como son las cosas, porque como contábamos con dos jugadores de Río Gallegos, todos los de esa ciudad se agolparon a alentarnos. Uno de los que manejaba el bombo de la hinchada era Néstor Kirchner, que en realidad nadie registraba. Sí a Cristina que llamaba la atención por su belleza. Por eso cuando pasó el tiempo, mi hermano como diputado tuvo una charla con él ya Presidente, y le preguntó por mí. Eso sirvió para que Platense le pida una audiencia que Kirchner concedió y un subsidio para la institución".
Con la coronación, toda la barriada festejó hasta que el sol asomó al otro día. Cerca de las 6 de la mañana Eduardo paró con la algarabía, porque cuatro horas más tarde contraía casamiento.
"El festejo del barrio (que era como todo Km 3), se extendió hasta el otro día y casi no llegó a mi casamiento", recuerda.

DEFINIENDO PRIORIDADES
"Mi prioridad era la medicina, el básquet era amateur. Si llegaba, llegaba, pero mi meta era recibirme como médico. Y aprovechar el tiempo" sostiene.
Tal vez por ello, cuando estuvo muchos años como médico de Gimnasia y Esgrima, la eterna pelea que tenía con los chicos que eran de las inferiores y se alojaban en los departamentos se refería al ocio.
"Era sorprendente la enorme cantidad de horas ociosas que los chicos tenían. Donde estaban con las computadoras o los Nintendo. Sin hacer nada. Y su rutina era de 10:30 a 11:30 fierros, luego una charla técnica chiquita con algún tipo de scouting. Más tarde el entrenamiento de la noche a partir de las 21:30. Fíjate vos, 1:30 hora a la mañana y otra similar a la noche. Y el resto libre, o sea que contaban con tiempo para dedicarse a otra cosa, porque no todos pueden vivir del deporte.
De hecho, de cien solo uno llega a trascender y vivir de esto. Incluso los que trascienden tampoco tienen la 'vaca echada' para quedarse tranquilos. Y si uno no se preparó para otra cosa, te das cuenta que tenés que volver a empezar, por eso es importante una profesión, cualquiera sea para defenderse en la vida. Uno puede hacer algo de acuerdo a las aptitudes y lo que a uno le gusta. En esas charlas con los chicos iban Gabriel Cocha y Eloy Martín, donde ellos contaban sus experiencias. 'Gaby' contaba que él fue basquetbolista y no se preparó para el después. En cambio, Eloy jugó y estudió y es contador. Ellos les transmitían el mensaje a los chicos de que debían aprovechar los momentos de ocio. A mí me parece un despropósito. Mis hijos jugaron en River (uno continúa) y el club tiene desde un jardín de infantes hasta el secundario, los preparaban para la vida. Porque tampoco hay que dejar de lado otro tema: cualquier jugador que se rompe un ligamento ya no va a volver a jugar igual, porque incluso en la mente, el tipo que sufrió esto no quiere volver a arriesgar o jugar con el mismo ímpetu porque le queda el miedo de volverse a romper. Nunca llegan a tener el mismo nivel".

FIEL A SU ESENCIA
"En esa época de básquet en Platense, por más profesional que seas no cobrábamos nunca. Y tampoco se ponía en discusión. A mí el club me daba la comida. Y eso para un estudiante que venía de afuera era algo increíble. No sé si hubo jugadores que cobraban, incluso si existían era un sueldito y te regalaban una heladera para que sigas motivado, por más que seas jugador de Selección Nacional. Ojo, yo tampoco critico a la juventud de ahora, porque en esos tiempos no tenías más entretenimientos que la radio. Y no te quedaba otra que estudiar. Lo mismo cuando ibas en el tren, optimizabas los tiempos y en vez de ir mirando por la ventanilla ibas repasando apuntes. Lo tenías naturalmente el estudiar. Ahora se da mucho el 'vedetismo'. Y acá el drama es la presión de los padres hacia los chicos para que sean Messi o Jordán. Siempre en un grupo va a ver uno que se destaque, pero ese cuando va a un equipo donde todos se lucen le cuesta el doble. Además cada vez más chicos van a probarse a menor edad. Y no alcanza con tener talento o contar con condiciones físicas.
Sino que tenés que tener una actitud mental para lo que vas a hacer.
Un pensamiento firme de qué querés ser y cómo querés llegar. Y no desviarte en cosas que la vida te tienta como el alcohol, la falopa y la joda que son las tres cosas que atentan. En esa época no había joda, había poco alcohol porque había poca plata para los estudiantes. Y joda había siempre o la farra. Tampoco era incompatible con el básquet. Pero el jugador actual recibe mucha presión del familiar (en general el padre que es un deportista frustrado y que obliga al hijo a ser lo que él no fue) y le exige y los pobres pibes se matan. Yo estoy viendo cosas como médico nunca vistas como rotura de ligamentos cruzados en chicos de 11 años. Y eso es por sobre exigencia física y no son casos aislados. Ya de pequeños los exigen en edades muy tempranas. A eso sumale que los clubes caza talentos cada vez se los llevan más chiquitos. Eso le da una idea de la circunstancia que atravesamos y la mayoría queda en el camino" grafica.
En el fondo, Eduardo no se siente un jugador retirado ni mucho menos, y eso lo demuestra cada domingo cuando se calza los cortos y sale a la cancha. Ese rito lo lleva a cabo desde hace 34 años. Y admite que cuando no sucede (como este domingo que hay elecciones) es una semana de lamentos permanente, tanto de él como de sus compañeros que no dejan de "transpirar" la camiseta con el mismo amor de la juventud.
"A través de mis hijos he conocido jóvenes deportistas muy buenos, que han ido a estudiar y han abandonado a la primera frustración, porque les da esa sensación de no llegar. Porque piensan que sino sos el número 1 no existís. Entonces yo les aconsejo que vean al deporte como hábito de vida, no por un mero trascender en éxitos. Eso ya en sí mismo es trascender como persona", concluye.

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