El boom Sampaoli

El destino futbolístico de la Selección Argentina está por verse y el pescado más sabroso será vendido a partir del 31 de agosto en Montevideo, pero lo que ya ha quedado claro es que en una conferencia de prensa y un par de entrenamientos Jorge Sampaoli se ha movido con singular pericia en el terreno de la seducción.
Seducción, magnetismo, habilidad, como se les llame, todos valores que de momento cotizan al máximo en la medida que todavía no ha llegado la hora de la verdad en, Angel Labruna dixit, "el verde césped".
El Sampaoli de la conferencia de prensa inaugural puede ser leído como un hombre humilde, respetuoso, austero y demás, o bien como un hombre astuto que supo calcular el reparto de dulces para cada quien y salir airoso de la eventual amenaza de la desconfianza.
(¡Hasta habló bien de Carlos Salvador Bilardo, a quien poco menos había descalificado años ha, cuando llegó a estar en la carpeta de los dirigentes de Estudiantes de La Plata!).
En fin; un Sampaoli tan amplio, cordial y fraternal que infundió ganas de votarlo para diputado.
Y el Sampaoli ayer en Melbourne, a 72 horas del amistoso con Brasil, puede que siga siendo un personaje más o menos lejano o misterioso para el futbolero medio argentino, pero ha calado hondo en buena parte de la prensa especializada.
Sea por confirmación (porque ya les generaba admiración), sea por revelación (por su declaración de principios, por sus novedosos métodos de entrenamiento, por la composición del equipo que perfila), se ha desatado una verdadera algazara entre un buen número de menottianos, bielsistas, guardiolistas y otras variantes de la devoción por el fútbol "ofensivo", el de la "propuesta generosa", el "conceptual", el "moderno", y acaso, por qué no, "el que le gusta a la gente".
¿Cuánto hace que un director técnico de la Selección no promueve semejante entusiasmo en tales parroquias de abundante presencia en las redacciones y en los paneles de radio y de televisión?
¿Desde el ciclo de Gerardo Martino? Tal vez, pero con menor énfasis.
¿Desde los tiempos de Sergio Batista? Tal vez, pero el limitado palmarés del Checho sugería una mayor dosis de prudencia.
¿En los tiempos de Maradona? De ningún modo, puesto que la corriente maradoniana de directores técnicos es una semana de ocho días: no existe.
Habrá que remontarse, entonces, a la secuencia José Néstor Pekerman/segundo ciclo de Coco Basile, entre 2004 y 2008 , para localizar una expectativa así de efervescente, como se nota en estos días, entre los desvelados por la pregunta del millón: la Selección, ¿enamora o no enamora?
Y como es natural que sea imposible hablar de una comunión amorosa de tal complejidad cuando ni siquiera la era Sampaoli ha llenado el casillero de un partido, lo que salta a la vista es que mientras queda pendiente la respuesta de la dimensión enamorante de la Selección de Sampaoli, es el hombre calvo de Casilda el que ejerce la virtud de fascinar a plazo fijo.
Llegado el caso, nobleza obliga, la obra de Sampaoli será reconocida y su club de admiradores gozará de las consabidas regalías. Entretanto, vaya una de turf: en la cancha se ven los pingos.

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