El ciclo del Sub 23 de fútbol empezó mal y terminó con una temprana eliminación

"En Ezeiza éramos ocho", reseñó tras la eliminación Angel Correa, poniendo blanco sobre negro la precariedad de ese plantel, más allá del ánimo que siempre intentó contagiar Olarticoechea con sus declaraciones, quizás para convencer a los jugadores, quizás para convencerse a sí mismo.

El fútbol argentino se despidió sorprendentemente rápido de los Juegos Olímpicos de Río 2016 y sufrió un cachetazo a su inmenso ego sustentado en glorias pasadas y en su condición de número uno del ránking FIFA.
Y para identificar las causas es imprescindible comenzar por la mezquindad de los dirigentes, ávidos de poder y huérfanos de sentido común.
El fallecimiento de Julio Grondona, quien con sus aciertos y errores mantenía una férrea conducción de la AFA, derivó en una ruptura de dos sectores, ésta fue de verdad una auténtica grieta, con dirigentes que en su afán de vestir la ropa del difunto boicotearon tanto al seleccionado mayor como a los juveniles.
Quejosos hasta el hartazgo, omitieron decir que son responsables de gran parte de la deuda que hoy tiene la entidad máxima del fútbol argentino.
A la bochornosa y frustrada elección estival en Ezeiza le siguió un semestre de acusaciones mutuas, en tanto Gerardo Martino, técnico de la mayor, se arreglaba como podía y los seleccionados juveniles tenían un técnico con fecha de vencimiento: Humbertito Grondona, ya condenado por portación de apellido, al margen de su real aptitud.
Así, mientras se discutía sobre la reforma del estatuto de AFA, la modalidad del campeonato, las bondades de la promocionada Superliga o la televisación gratuita del fútbol, se llegó a la Copa América del Centenario, en los Estados Unidos, en la que el cuerpo técnico sólo contó con el apoyo de Claudio "El Chiqui" Tapia, presidente de Barracas Central y el de Hugo Moyano.
La soledad que le hicieron sentir al técnico, incluidos los siete meses de sueldo que se le debían, y el jeroglífico que era armar la selección que iba a representar al fútbol argentino en los Juegos Olímpicos por la renuencia de los clubes a ceder jugadores, devino en la renuncia de Martino y en un qué hacemos a semanas de los Juegos. Hasta se habló de ¡no presentarse!.
En ese contexto se lo llamó a Julio Jorge Olarticoechea, único técnico con contrato vigente en AFA, para hacerse cargo del muerto, perdón del seleccionado nacional.
El mismo Olarticoechea que estaba preparando el equipo que iba a jugar el torneo de L'Alcudia y que denunció que Boca y River le negaban los jugadores (Messidoro, Silva Torrejón, etc,) para presionar políticamente, aunque los respectivos técnicos no se oponían a cederlos.
"En Ezeiza éramos ocho", reseñó tras la eliminación Angel Correa, poniendo blanco sobre negro la precariedad de ese plantel, más allá del ánimo que siempre intentó contagiar Olarticoechea con sus declaraciones, quizás para convencer a los jugadores, quizás para convencerse a sí mismo.
Para completar el grupo se debió pedir un permiso especial por Lisandro Magallán, quien no figuraba en la lista preliminar de Martino, y así se arrancó una gira por Estados Unidos y México, a la que se sumaron los jugadores de River (Vega, Arzura, Simeone), más Lanzini del West Ham, equipos que estaban de pretemporada allí. Casi como un tren que se lo aborda por el furgón de cola.
La calidad de los jugadores argentinos y el invicto en los tres amistosos ante Colombia, Haití y México fueron una brisa refrescante en el calor de los Juegos y cimentaron alguna esperanza. Pero el primer compromiso serio, ante Portugal, puso las cosas en su lugar. Siguió un triunfo frente a Argelia, el empate con Honduras y la vuelta a casa.
Los tres rivales que enfrentó tuvieron también problemas para armarse y cualquiera de ellos se pudo haber quedado afuera porque los partidos fueron parejos. La diferencia estuvo en que ninguno defendía los pergaminos de dos títulos olímpicos y dos subcampeonatos.
Este ciclo, con los dirigentes como responsables fundamentales, hizo retroceder 50 años al fútbol olímpico e hizo recordar a lo sucedido en Tokio 1964, cuando con jugadores como Agustín Cejas, Roberto Perfumo, Miguel Angel Tojo o Carlos Bulla, y dirigido técnicamente por el mítico Ernesto Duchini, empató con Ghana (1-1), perdió con Japón (3-2) y también se volvió tras la primera ronda.
Los pobres y recientes resultados de los seleccionados juveniles son otro dato a tener en cuenta. Cuidado. Que esto no sea una fotografía de lo que viene. Porque después de Moscú 2018 se iniciará un nuevo ciclo. Y así, el recambio difícilmente aparezca.

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