El clásico con ambas hinchadas se jugó después de cinco años y terminó en paz

El público de Jorge Newbery en la tribuna principal y la de Huracán en el arco que da hacia el barrio Santa Lucía y el pulmón izquierdo le pusieron color, calor y sonido al partido destacado de la 5ª fecha del torneo Federal B.

El clásico comodorense entre Jorge Newbery y Huracán de Comodoro Rivadavia por la 5ª fecha del torneo Federal B fue una fiesta por la gente que colmó las tribunas y prácticamente no hubo espacio vacío en ninguna de las dos parcialidades. El operativo de prevención que alcanzó más de cien policías no reportó incidentes ni dentro ni afuera del estadio municipal, y eso es lo que más se destacó en la jornada dominguera en la capital del petroleo.
No es un dato menor si se tiene en cuenta que un partido con ambas hinchadas no se jugaba hace cinco años y deja la puerta abierta para pensar en el próximo partido por la segunda rueda cuando le toque el "Globo" ser local.
Prácticamente nadie del ambiente futbolístico se quiso perder este evento único, y se vieron desde futbolistas de otros equipos junto a entrenadores, y hasta el boxeador barilochense César Antín – que peleó el viernes – estuvo sentado en el sector de plateas que se mostró colmado.
Hasta Mariano Arcioni, vice gobernador de la provincia de Chubut, estuvo presente en la platea del estadio junto al presidente de la Liga de Fútbol Antonio Carrizo, y se mostraron satisfechos por el operativo y la fiesta futbolera que terminó en paz, y sin incidentes que lamentar.
La gente de Huracán llegó por el camino Roque González y colmó primero la cabecera que da hacia el barrio Santa Lucía con más de media hora de antelación, mientras que la del "Lobo" lo hizo por la ruta nacional número 3 y lo hizo sobre la hora de comienzo.
Un acierto fue haber decidido que los dos equipos ingresen caminando al rectángulo de juego, y que cada uno de los jugadores lleve de la mano a un chico de la escuelita del otro club.
El recibimiento fue emocionante y en contados segundos el cielo se tiño de blanco, rojo y azul con bombas de estruendos y el canto de casi 6 mil personas que se mezclaron. Los papeles y la serpentina obligó a retrasar por al menos diez minutos el inicio del juego, y ambas parcialidades guardaron pirotecnia para después, por si festejaban, pero se fue tirando con el correr de los 90 minutos.
Más allá de que adentro de la cancha nadie festejó, el fútbol vivió un día histórico porque en una época donde la violencia está a la orden del día en Comodoro Rivadavia, el clásico más importante fue seguido por 6 mil personas que entendieron que era un partido de fútbol y todo terminó en paz.

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