Él de Comodoro, ella de Misiones: la polio cruzó sus caminos y el amor los reunió

Entablaron una amistad a los 10 años en Buenos Aires, adonde viajaban para tratarse la poliomielitis. Después de varias décadas sin verse, se enamoraron y hoy conviven felices. La historia de cómo el amor no entiende de distancias ni dificultades para la movilidad

Entre los años 1956 y 1957, la Argentina sufrió una grave epidemia de Poliomielitis que afectó a 6.500 personas, en su mayoría niños. El trastorno, que ataca a la médula espinal y produce generalmente parálisis crónica y atrofia muscular, significó una pesadilla para aquellos que la padecían, más en una época donde los métodos de prevención y tratamiento eran precarios. Asimismo, el drama era aún más grave para aquellos infectados en las provincias del Interior del país.

Ese trauma, esa desgracia, significó el punto de partida para una historia de amor ejemplar y única.

Margarita Ester Rippel vivía en una casa rural de Campo Grande, en la provincia de Misiones, cuando a sus pocos meses de vida le diagnosticaron la polio. A unos 2.352 kilómetros de distancia, en la ciudad chubutense de Comodoro Rivadavia, Luis Orlando Aguilar sufría un drama similar. Se le presentaba un cuadro de la misma enfermedad con apenas seis meses e iniciaba un calvario que duraría años.

Durante esos tiempos, tanto Misiones como Chubut no disponían de la infraestructura necesaria para hacer frente a los cuidados ante la Polio. Entonces, ambos tuvieron que viajar con sus familias a Buenos Aires para poder recibir el tratamiento. Poco después se conocerían y entablarían un vínculo que se haría inquebrantable en la actualidad, medio siglo después.

Los dos se conocieron cuando rondaban los diez años, entre 1966 y 1967. El lugar fue el Hospital Modelo de ALPI, en Palermo. A Luis, la enfermedad lo había dejado postrado de por vida en una silla de ruedas, mientras que Margarita quedaría afectada en una pierna.

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La polio dejó a Luis en una silla de ruedas. En la foto, cuando tenía unos 12 años en Comodoro Rivadavia
La polio dejó a Luis en una silla de ruedas. En la foto, cuando tenía unos 12 años en Comodoro Rivadavia


"Todavía recuerdo el momento en el que la vi. Era rubia, tenía ojos celestes. Era la más linda del lugar. Todos los chicos nos peleábamos por tenerla. ¿Sabés cómo estaban los buitres de esos tiempos por conquistarla?", le relató Luis a Infobae sobre aquel inicio de la relación.

Ella, por su parte, había logrado realizar esos viajes gracias a la ayuda de sus vecinos, que donaban lechones, corderos y pollos para rifas recaudatorias del dinero destinado a los traslados.

"No nos veíamos todos los días. A veces coincidíamos unos meses en los que los dos debíamos quedarnos internados en Buenos Aires. Entre medio nos mandaban de vuelta a nuestras provincias. Cuando estábamos juntos en el centro, charlábamos todo el tiempo en uno de los balcones del centro. Hablábamos de todo", describió Margarita.

La canción "Mamarracho" de Los Iracundos se convertiría en una especie de himno para los dos en los momentos de distensión, entre tratamientos de kinesiología y masajes. También había charlas sobre programas de radio y numerosos testimonios sobre la vida en cada una de sus provincias.

El vínculo se mantuvo firme durante casi siete años. Las conversaciones en el balcón de Palermo se mezclaron así con las cartas en tinta roja que se escribían mientras se quedaban en Comodoro Rivadavia y Campo Grande.

"Mantuvimos el contacto hasta los 17 años. Margarita se casó con un oriundo de su ciudad natal y la relación de amistad se cortó por completo. Ninguno supo nada del otro por mucho tiempo", describió Luis.

Fueron unos 35 años los que pasaron sin hablarse. Para él, la distancia resultó difícil y dolorosa. "Fue el amor de mi infancia. Desde que dejamos de hablarnos, no dejé de pensar en ella. Me había quedado con las ganas de estar de novios. Y eso me persiguió durante casi toda mi vida", aseguró Luis.

En el medio, el hombre se radicó en el barrio porteño de Villa Luro. Allí, fue relojero y hasta se dedicó un tiempo a la música, para tocar chamamé.

Ella, en cambio, construyó su vida con otro hombre. Se casó, tuvo ocho hijos en Misiones y vivió en pareja hasta mediados de la década del 2000, cuando enviudó. Quedaron los hijos, los nietos y hasta un bisnieto.

"No nos volvimos a hablar durante casi cuatro décadas. Hasta una tarde de verano de 2009, cuando sonó el teléfono de mi casa. Atendió uno de mis hijos y me dijo que era un hombre que quería hablar conmigo. Era Luis, yo no entendía nada", relató Margarita.

"Yo había estado décadas queriendo saber qué era de ella. Pero con mi discapacidad me era imposible viajar hasta Misiones y no sabía cómo contactarla. Una vez que apareció internet, pude conseguir la guía telefónica de Misiones y encontré el teléfono. Tuve la suerte de que ella era la titular de la línea", agregó Luis.

La amistad se recompuso mediante largas charlas telefónicas y chats por Whatsapp y se coronó con la visita de ella a Buenos Aires, tres meses después. Desde entonces, ese vínculo de amigos mutó hacia una relación amorosa y los dos se encontraron como pareja en el momento de sus vidas menos esperados.

"Realmente, es imposible que pueda describir lo que significó para mí volver a verla y estar con ella. Fue algo que soñé y esperé durante tanto tiempo. Ya creía que era algo imposible", afirmó Luis.

El amor se inició en 2010 y desde 2014 ambos viven juntos en una casa que se compraron entre los dos en el propio pueblo de Campo Grande. Su día a día nace cerca de las diez de la mañana ("Ya somos jubilados. Nos damos el lujo de levantarnos tarde", afirmó Margarita), y transcurre entre música y la pasión de Luis por las artesanías con material de aluminio reciclado. "Él es un especialista. Hace unas motos y unos autos que son una belleza. Yo me muero de orgullo", relató ella.

Sin proponérselo y sin saberlo, la misma desgracia que condicionó sus vidas cuando no tenían ni un año fue la misma vía que los condujo a una relación de más de 40 años. Una relación que tuvo amistad, empatía, vacío y finalmente amor, que en cada ocasión se logra escribirlo con un idioma inédito.

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