El crimen impune de la inmobiliaria

A Vicente Argentino Pejcich le dispararon en la cabeza. Fue en la tarde-noche del 9 de diciembre de 1997 durante un asalto perpetrado en su inmobiliaria de Sarmiento 534. A juicio llegaron cuatro acusados, entre ellos Samuel "Rambo" Gutiérrez y José "Fatiga" Barrientos, pero todos fueron absueltos por falta de elementos probatorios. En 1991 el matrimonio había sufrido la muerte de un hijo de 16 años por electrocución. Cristina, la viuda del empresario, le cuenta 18 años después a Letra Roja cómo perdonó a los sospechosos y cómo salió del dolor para dar socorro a otras familias con pérdidas trágicas. Uno de sus hijos se desempeña actualmente en la Fiscalía y aunque el homicidio de su padre haya quedado impune, trabaja a destajo para que todos los casos tengan justicia.

Sarmiento 534. Una joven abre la puerta. Invita a pasar. En el interior da clases de yoga y pilates. El aura es especial. El ambiente hoy es sereno y silencioso. Pero si uno se remonta a aquella tarde del 9 de diciembre de 1997, el estampido de un arma resuena en el ambiente. Aquel balazo que a Vicente Argentino Pejcich, de 51 años, le costó la vida durante un robo.Falleció dos horas después en el Hospital Regional.
La casa donde funcionaba la inmobiliaria no está al nivel de la calle y hay que bajar un escalón luego de cruzar la puerta principal.Allí está el pasillo, donde Pejcich quedó recostado luego del disparo. La joven profesora no conocía que allí se había cometido un homicidio.
La fachada del edificio ha cambiado, pero sus relieves siguen siendo los mismos. Las habitaciones han cambiado de funcionalidad, antes las mismas eran oficinas de la inmobiliaria Lencinas-Pejcich. En donde a las 21 de aquel fatídico día, mientras todos trabajaban, un delincuente ingresó con el rostro semicubierto con un pañuelo rojo y le dio un balazo en la base del ojo derecho a Pejcich. Fue en la resistencia del robo.
El empresario se había retirado del Banco Chubut, en donde supo trabajar como empleado y contador hasta llegar a ser gerente zonal. Y había emprendido junto a José Lencinas, un viejo compañero, el negocio inmobiliario. Antes se lo había consultado a su esposa Cristina Acevedo, a la que había conocido cuando ella tenía 15. Estuvieron cuatro años de novio, se casaron y tuvieron cuatro hijos varones, Javier, Gabriel, Cristian y Martín.
Vicente había trabajado también en sus inicios como contador para El Patagónico. Frente a ese matutino fue en donde la muerte lo encontró, ya en su propia empresa, la inmobiliaria de Sarmiento al 500.
La joven que en la actualidad alquila en donde a Pejcich lo balearon dijo que eligió ese lugar por la "buena vibra". No imaginaba que allí había pasado semejante aberración. "Ese hombre debe haber sido muy bueno", comenta la joven sin haberlo conocido. La esposa del empresario, Cristina se encarga de confirmar que Vicente se había vuelto muy espiritual después de la pérdida de su hijo.
La familia Pejcich había sufrido mucho la pérdida de Javier, el 3 de febrero de 1991. El joven de 16 años falleció al electrocutarse en una casilla cuando acampaba en Rada Tilly. Fue a soldar una pava, al estar descalzo, y el grupo electrógeno en corto, perdió la vida.
"Fue un dolor muy grande", rememora Cristina. Esa semana la familia había estado festejando el cumpleaños de Vicente -el 29 de enero-, mientras Javier acampaba con sus amigos. "A veces, de la tragedia, Dios nos busca para un bien común. Mi fe se hizo más fuerte. Es duro la muerte de un hijo, es lo peor que le puede pasar a uno", sostiene Cristina.
El matrimonio Pejcich buscó en la religión la manera de sobresalir. Algunos eligen otros caminos. A mediados de los 90 el sacerdote Marcelo Nieva creó el Grupo Resurrección y Cristina fue coordinadora. Colaboraron con la tragedia área que había conmocionado a Comodoro Rivadavia el 8 de noviembre de 1995 en Córdoba cuandola tripulación y pasajeros de un Fokker F27 de la Fuerza Aérea, en la que viajaban 38 comodorenses perdieron la vida.
Con ese grupo, Cristina ayudó a soportar el dolor y rezó con los familiares de las víctimas. Antes de que lo mataran, Vicente le había confesado que quería volver a activar el grupo de resurrección. La delincuencia no lo dejó.

EL HOMICIDIO
En la causa de homicidio y robo de Pejcich no se pudo probar finalmente si Samuel "El Rambo" Gutiérrez gatilló el arma, un arma que nunca apareció. Una capucha del campana fue encontrada frente al restaurante "El Palenque" de la calle 25 de Mayo. Sin embargo, la investigación que llevaron a cabo los fiscales y el juez Carlos Pellegrini, efectivos policiales de la Seccional Primera y la Brigada de Investigaciones tuvo sus idas y vueltas.
Primero fue detenido un hombre que trabajaba en la inmobiliaria, que luego fue liberado porque no tenía nada que ver con el asunto.
El comentario que hizo José María "Fatiga" Barrientos, en ese entonces de 17 años, de que había hecho un "trabajo grande" en Comodoro y que se había quedado con el arma lo dejó "pegado"al homicidio del gerente inmobiliario. Fue detenido en el barrio Río Chubut de Rawson. Fue trasladado a Comodoro, no colaboró con su declaración y al no haber testimonios que le sindicasen, la idea de que haya sido el autor, se desvaneció.
Finalmente horas antes de la navidad, "Fatiga" se escabulló de los calabozos de la Seccional Primera. Pidió ir al baño, trepó una ventana y se fue por el garaje de la Unidad Regional. En el juicio fue absuelto. Barrientos con el paso del tiempo se hizo conocido por sus andanzas en el mundo del hampa. Fue condenado por haber apuñalado a Néstor Tolosa, el 29 de agosto de 2009 en Rawson. Incluso el propio gobernador Mario Das Neves en 2008 lo tildó no solo de delincuente, sino de formador de delincuentes. "Fatiga", sus últimas apariciones las hizo en el recinto del concejo de Rawson acompañando a vecinalistas.
Una vez que los días fueron pasando, la investigación por el homicidio siguió otro curso. Con el testimonio del pintor que realizaba trabajos en la inmobiliaria y que se había topado cara a cara con el asesino, se pudo confeccionar un identikit. Finalmente, la Policía capturó a Samuel "El Rambo" Gutiérrez, conocido por sus andanzas en el valle.
También se acercaron a proceso a Luis Alberto Aguilar y Javier Centeno.
El querellante Fernando Marraco, pidió 25 años para Gutiérrez y Centeno, y doce años y seis meses para Aguilar, mientras que para el menor de edad un tratamiento tutelar.
Mientras, el fiscal Carlos Moreno solicitó 16 años de reclusión para Gutiérrez, la absolución del menor y la excarcelación de Centeno y Aguilar.
A pesar de los 19 testimonios presentados en juicio, el pintor no sostuvo sus dichos en juicio y no hubo elementos probatorios de convicción que los pudiesen condenar a Gutiérrez.
El hoy comisario Fabián Millatruz, en ese entonces oficial de servicio de la Seccional Primera y luego integrante de la Brigada, dice que ellos estaban convencidos de la autoría de Gutiérrez en el hecho, pero que no se pudo probar en juicio.
Los jueces María Elena Nieva de Pettinari, Daniel Pintos y Miguel Caviglia finalmente absolvieron a los cuatro procesados.

1997: UN AÑO
MUY VIOLENTO
En los días posteriores al homicidio de Vicente, unas 50 organizaciones se movilizaron por la vida y seguridad. Todos los comerciantes y actores civiles de distintas esferas de la sociedad apoyaron el pedido de justicia por Pejcich. En 1997 hubo cuatro homicidios menos que en 1996. El año se cerró con 13. Pero todos muy violentos. El viernes 24 de enero, Omar Luna, un joven de 16 años recibió un tiro en la cabeza por parte de otro menor en el Pietrobelli.
El jueves 30 de enero José Mansilla de 76 años, apareció muerto a golpes en su casa de Las Violetas y San Martín, en el Abásolo. Lo habían golpeado con un bloque en reiteradas oportunidades. El lunes 3 de febrero, Juan Aarón Morales, alias "El Charro", lo quemaron vivo dentro de su habitación en el Abásolo. El sábado 8 de febrero, Enrique Caimilla Caimilla fue golpeado en la cabeza con un hierro y un palo en barrio Las Flores.
El viernes 14 de febrero José Aníbal Ojeda de 70 años, fue asesinado de un hachazo en la cabeza en el Cordón Forestal. Y uno de los homicidios más espeluznantes de ese año, fue el de Héctor Errazu, el domingo 16 de febrero, cuando apareció el cuerpo decapitado en el Cordón Forestal. En marzo un hombre fue asesinado a golpes en pleno centro por unos gitanos. En agosto, un joven de 22 años fue ejecutado de cuatro tiros en un ajuste de cuentas.Y el sábado 25 de octubre hallaron el cadáver de Marcela Tula, detrás del Faro San Jorge. Le habían pegado un tiro.

QUITAR LA VIDA
Para Cristina, pese a que el delincuente haya tenido una vida que lo llevo a delinquir, "no tiene derecho a quitarle la vida a nadie". Recuerda que durante el juicio no respondió a las provocaciones de los acusados. Y a pesar de que todos resultaron absueltos, Cristina se dirigió a Centeno y Fatiga, los dos más jóvenes en ese momento y les dio palabras para ayudarlos a cambiar su vida. "Aférrense a la fe" les dijo. No sabe si le hicieron caso.
"Ellos quizás algún día tengan la posibilidad de arrepentirse de todo lo que han hecho. Quizás hay personas que los han querido ver entre rejas, pero tampoco nos va a devolver la vida del que se fue. Es como que uno quiere algo, al ver que al ser querido no lo podemos recuperar, queremos algo. La Justicia es importante también que esté, porque es una forma que ellos paguen y que quizás aprendan" reflexionó Cristina. No les guarda rencor. Ha rezado incluso por los delincuentes que le quitaron la vida a su marido.
De mirada triste y buen semblante, se resguardó en la fe.Trabajó como catequista, y hoy en día forma parte de un grupo de oración que se formó para ayudar a una familia que perdió un hijo en un accidente de tránsito. Va rezando el rosario en viviendas. Da, sin esperar nada a cambio. Se levantó cada vez que la tragedia la sacudió y logró sostener a sus hijos. Forma parte de la comisión de amigos que ayudan a las Carmelitas Descalzas de Diadema Argentina, y hacen aportes para abonarles los servicios no subvencionados.

EL DOLOR
"El dolor te puede hacer que te encierres más allá del dolor, hay personas que no ven más allá del dolor, que se dejan morir en el dolor. Yo creo que uno está y tiene que hacer algo, por vos y por los demás" enseña Cristina. Ella salió adelante dos veces, primero con la muerte de su hijo y luego tras el crimen impune de su marido.
Esta semana será difícil para Cristina. Las fechas son importantes para ella. Sabe de los caminos de sufrimientos. Fue ministro de eucaristía, y visitaba enfermos. Cristina antes de las tragedias era una católica tibia, y a través de su sufrimiento se acercó a ayudar a otros que pasan por ese dolor de la pérdida de un ser querido. "A las madres del dolor les digo que busquen la paz espiritual".

CARA A CARA
A quién le ha tocado estar cara a cara con los hombres señalados del homicidio de su padre fue a Cristian, cuando trabajaba en la Cámara del Crimen. Después del homicidio de su padre, volvió a Comodoro desde La Plata donde estudiaba leyes.
Hoy se desempeña en el Ministerio Público Fiscal luego de haberlo hecho en el Juzgado de Instrucción. Nunca se imaginó que las vueltas de la vida lo hubiesen llevado a atender en los estrados judiciales a Aguilar o a Gutiérrez, los juzgados de matar a su padre. No sabe si en su momento lo reconocieron. Pero fue sereno y solo realizó su trabajo. El caso estaba cerrado, ya había quedado impune.
Hoy Cristian hace todo lo que esté a su alcance para que las causas lleguen a juicio y no hayas problemas administrativos en el proceso. Les advierte a los abogados jóvenes que no se desesperen en buscar una resolución, que todo lleva su tiempo, y que hay causas que son más complejas que otras y llevan un proceso. "Entiendo a la gente que quiere que la persona quede detenida ahora y que esté detenido hasta el juicio. La justicia es lenta, pero llega". Aunque en el homicidio de su padre, el caso no tuvo condenados, con mucha inteligencia pide a los abogados e investigadores que no se apresuren con las aperturas de investigaciones, si es que todavía faltan elementos probatorios.
"Porque después se te cae todo". El homicidio de Pejcich, quedó impune por falta de elementos probatorios, y hoy forma parte de los crímenes más importantes de la historia policial comodorense por sus consonancias.

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