El cura sanador Ignacio Periés volvió a reunir una multitud de fieles en Rosario

Más de 280 mil fieles acompañaron el viernes en la zona noroeste de Rosario la reconstrucción de la Pasión de Cristo liderada por el padre Ignacio, a quien se le atribuyen dones sanadores que lo convirtieron en un fenómeno masivo.

El sacerdote sanador Ignacio Periés, nacido en Sri Lanka y que desde hace 37 años vive en Argentina, volvió a reunir a una multitud de fieles católicos en Rosario para participar del tradicional Vía Crucis, el más convocante del país, en el que el religioso planteó la necesidad de “reconstruir los valores que se han perdido” y pidió por los damnificados por las inundaciones.
Más de 280 mil fieles -según los organizadores- acompañaron el viernes en la zona noroeste de Rosario la reconstrucción de la Pasión de Cristo liderada por el cura de piel negra y prolija barba del mismo color, a quien se le atribuyen dones sanadores que lo convirtieron en un fenómeno masivo.
Como cada año, desde media tarde los peregrinos comenzaron a poblar las zonas aledañas a la parroquia Natividad del Señor, guiada espiritualmente por el sacerdote, que cultiva el bajo perfil durante todo el año y casi no brinda entrevistas a los medios de comunicación.
Nacido hace 66 años en Balangoda, un pueblo de la isla de Sri Lanka cercano a la India que durante muchos años se llamó Ceilán, Periés se ordenó sacerdote en el Reino Unido en 1979 y al poco tiempo llegó a Argentina.
Tras un breve paso por Tancacha (Córdoba), donde fue enviado por la Cruzada del Espíritu Santo, orden a la que pertenece, el padre Ignacio llegó a Rosario, donde ejerció su ministerio hasta convertirse en una de las figuras más convocantes de la grey católica.
La de anoche no fue una excepción: cada año desde hace dos décadas miles de fieles llevan sus ruegos y peticiones o regresan con su agradecimiento a la parroquia de Ignacio.
Al final de la ceremonia, Periés planteó la necesidad de “reconstruir los valores que se han perdido en todos lados, en la Iglesia, en la política, en la sociedad, en la familia” y pidió por “todos los que sufren las inundaciones, porque hay muchos lugares donde están pidiendo ayuda”.
La enorme manifestación de fe –sólo comparable a la que cada 25 de septiembre puebla el santuario de la Virgen del Rosario en la ciudad de San Nicolás- tuvo lugar en las calles del barrio Rucci, un caserío de clase media y trabajadora ubicado en la zona noroeste de Rosario, a lo largo de seis kilómetros en los que se representan las catorce estaciones del Vía Crucis.
Trasladado por un móvil desde el que se escuchaba su voz –reproducida por altoparlantes- pero en el que no se lo podía ver, el padre comenzó puntualmente la ceremonia religiosa que recuerda los pasos de Jesús en su camino al Calvario.
Una interminable hilera de fieles rosarinos y de otros puntos del país inició, detrás del móvil hermético, su lento peregrinar por las calles del barrio que alberga el templo Natividad del Señor.
Con una mayoría de mujeres, la multitud que también albergó a varones, jóvenes y familias completas caminó lentamente y con recogimiento mientras escuchaba el mensaje bíblico leído por el sacerdote.
Las casi trescientas mil personas que participaron del Vía Crucis ratificaron el carisma del padre Ignacio para vincularse con los fieles católicos. “Lo más lindo que tiene no es la cantidad sino la calidad, el amor y la fe”, dijo el sacerdote al cerrar la ceremonia.

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