El ferretero que sobrevivió al tiro que le pegaron en un robo

Giovanni Sanfedele es un sobreviviente. Le cuenta a Letra Roja cómo fue aquel 8 de febrero de 2013 en el que un delincuente le pegó un balazo en el estómago, que le perforó un intestino, le rozó la vena cava y lo dejó al borde de la muerte. El único de los autores que llegó a juicio abreviado fue Alejandro Hernández, alias "Chatrán", quien ahora está nuevamente preso como sospechoso de formar parte de una banda de estafadores con complicidad policial. Los otros dos procesados por el asalto, Gabriel Mirol y Víctor Ruiz, murieron en prisión.

Giovanni Sanfedele, con 68 años, cuenta tornillo por tornillo, mide un trozo de caño, corta y asesora. Trabaja protegido por rejas y detrás de unos costosos vidrios blindados en su ferretería de Tejo al 800. Es que el 8 de febrero de 2013 lo hirieron de un disparo en el estómago durante un asalto.
El ex presidente de la Asociación Italiana de Comodoro Rivadavia, nació en Calabria y tiene seis hermanos. Al llegar a esta ciudad su padre fue un obrero de la construcción mientras que Giovanni trabajó en Jordán Cruz, y para la empresa Olivetti.
Desde que se dedica a la ferretería, fue blanco de la delincuencia en varias ocasiones. En la última de ellas lo hirieron de un balazo y estuvo al borde de la muerte. Fue la última vez que dio una oportunidad, ahora desconfía de todo.
El proyectil que aún tiene alojado muy cerca de su columna vertebral le perforó el estómago, un intestino y le rozó la vena cava. "No es que vienen y te amenazan; te golpean y te balean", relata Sanfedele.
Desde ese día, el hombre no es el mismo. Por primera vez da su testimonio de lo que ocurrió aquel día. Su caso no se llevó nunca a juicio, porque al único que llegó al final del proceso se lo benefició con un juicio abreviado. Fue Alejandro "Chatrán" Hernández, hoy detenido en otra causa como sospechoso de integrar una banda de estafadores que tenía complicidad policial.
"No se recupera, yo los comparo con los perros, el perro que muerde es difícil que le quites el vicio. El tipo que roba es difícil que no lo haga de nuevo. No pueden salir con tanta liviandad", reclama el sobreviviente.
De los otros dos procesados, Gabriel Mirol murió carbonizado el 10 de mayo del 2013 en la Seccional Sexta cuando Matías Mulheman, el descuartizador del Moure, intentó fugarse prendiendo fuego un colchón en la celda que compartían. Mientras, Víctor "Cone" Ruiz, fue asesinado de un puntazo el 28 de setiembre de 2013 en la alcaidía policial durante una pelea de presos.
RESISTIR
Ese día, un viernes a la tarde, la primera vez que Mirol y Ruiz ingresaron a la ferretería "Vittoria", Sanfedele charlaba con un cliente. Primero preguntaron por un producto exhibido y si trabajaba con tarjetas. "Bueno, después volvemos", le dijeron y se fueron.
Retornaron y aunque la puerta estaba abierta siguieron de largo. El cliente en ese momento se estaba marchando. Ese movimiento lo hizo sospechar a Sanfedele de que algo no andaba bien. Cerró la puerta y metió a una perrita de su nieta a la casa.
Cuando volvió, le estaban tocando timbre. "¿Qué hacés abrís o no abrís?", se pregunta hoy Sanfedele. Es que hasta ese momento eran solo potenciales clientes que habían consultado por un producto.
"Como ya me había pasado todo anteriormente (otros robos), tenía un arma en la estantería", recuerda el ferretero. Les abrió porque hasta allí no estaba seguro cuál era la intención de los muchachos. "Cuando ya le abro la puerta, aparece el más bajito (Mirol), y el otro empujó la puerta para que no vuelva a cerrar".
Sanfedele se volvió hacia atrás y les dijo: "¿Qué vienen a buscar eso?". "Si, si" le respondió Mirol. Lo sacó de la vidriera y lo puso arriba del mostrador. "¿Algo más?", le consultó el vendedor. "Precintos" le pidió el joven. "¿Qué precintos?", le insistió. "Precintos, precintos", le exigió el otro en un tono violento. Como no supo decir qué precintos, Sanfedele, le dijo que no tenía. "Bueno viejo esto es así", le espetó Mirol, y sacó el revólver.
Entonces Sanfedele también sacó su arma. "Yo saqué el revólver y le dije: no sean boludos. ¿Querés esto? Llevátelo, pero no sean boludos". (En ese momento Mirol) amaga como para salir, y me pega un tiro, pega sobre la madera y me da sobre el estómago. Yo gatillo y le tiro". Sanfedele tiró un par de veces y le pegó un balazo en la espalda a Mirol.
"Salgo detrás de ellos, miro y ya iban doblando la esquina". En la vereda llegó un automovilista y le preguntó si lo habían asaltado. "No, me pegaron un tiro que es peor", le contestó.
Ese testigo aportó la patente y cómo era la camioneta en la que escaparon los delincuentes. Sanfedele seguía de pie. Con el balazo que lo quemaba por dentro.
El primero en llegar fue un policía en cuatriciclo que transmitió por radio y la camioneta fue interceptada en Lisandro de la Torre al fondo.
Eran las 17:20 y todavía la ambulancia no aparecía. Sanfedele escuchó por radio que lo habían detenido a "Chatrán". Se presumía que había dejado a los asaltantes en las 1008 Viviendas y que luego siguió camino. Un amigo de su hijo llegó y lo cargó para llevarlo al hospital.
Estuvo en terapia. Luego de 25 días logró volver a su casa. En ese tiempo, y durante dos meses más, la ferretería estuvo cerrada. Sanfedele bajó 15 kilos, solo alimentado por suero. Es que la bala le había perforado un intestino.
"Lo que me quedó es bronca. No se me va todavía. Bronca, impotencia. Porque les di la oportunidad que se fueran, y no se fueron. Se podrían haber llevado lo que venían a buscar y se hubieran ido, y no iba a pasar nada. Todavía no me explico por qué me tiró. Fueron menos de 30 segundos. Eso nunca te lo olvidás, y cada vez que te mirás tenés un tajo de punta a punta. Eso te marca. No confiás en nadie. Por ahí exagerás con la desconfianza, ya no sos el mismo. A la víctima eso lo marca", explica el comerciante.
Se aferra a sus hijos y nietos. "Te cambia todo, te cambia el pensamiento, estuve a un hilo que se corte del todo", releva.
En ese momento llega un cliente. Es viernes a la tarde. No hace calor. El cliente pregunta si hay "cubrecable". Sanfedele asiente, consulta y asesora. Busca en una grilla de códigos en la computadora y cobra. Envuelve el producto y saluda.

Fuente:

Dejá tu comentario

Las Más Leídas del Patagónico