El ícono porteño cumplió 80 años

El Obelisco, lugar de reunión, de festejos culturales y deportivos, también testigo de fallidos gobiernos y crueles enfrentamientos fue levantado en apenas 31 días, el 23 mayo de 1936. Forma parte de la postal de la ciudad de Buenos Aires y es símbolo también de la Argentina en el mundo.

Es un espacio que funciona desde hace décadas como punto de encuentro de los momentos más felices y de los reclamos más angustiantes de nuestra república. El Obelisco, uno de los íconos de Buenos Aires, está ubicado en el cruce de la 9 de Julio con Corrientes, fue inaugurado el 23 de mayo de 1936. Fue el homenaje de Buenos Aires al Cuarto Centenario de su Primera Fundación y representa el espíritu progresista de una época.
La estructura tiene 67 metros de alto y en cada una de su caras están grabados los más destacados hechos históricos de la ciudad: el 4º centenario de la fundación de la ciudad por Pedro de Mendoza, el primer izamiento de la bandera Argentina, la proclamación de la Ciudad como la Capital Federal del país y la segunda fundación de la ciudad por Juan de Garay.
Por aquella época estaba en la Presidencia de la República el General Agustín P. Justo. Lo diseñó el arquitecto Alberto Prebisch y lo construyó la empresa Siemens Bauunion, en tiempo récord de cuatro semanas, debiendo salvar las dificultades que significaban los túneles del subterráneo mediante la construcción de bóvedas en su fundamento.
El Obelisco, que en sus primeros años despertó quejas e ironías entre los porteños, necesitó varios años para que lo adoptaran como el escenario por excelencia para la celebración de hechos políticos, culturales o deportivos. Incluso llegaron a llamarlo "Pinchapapeles de acero y cemento", "feo punzón", "tachuela monumental", "armatoste monstruoso", "zángano", "fea estaca" y hasta recibió cánticos como el que decía: "En la Avenida 9 de Julio/ hay una piedra parada/ la llaman el Obelisco/ y no sirve para nada". Esta polémica tuvo su punto álgido cuando en el año 1938, y después de un acto escolar, se desprendieron algunas lajas de él. Fue allí que bajo la intendencia de Arturo Goyeneche, el Concejo Deliberante, por Ordenanza Nº 10.251 de junio de 1939, sancionó la demolición del Obelisco, aduciendo razones económicas, estéticas y de seguridad pública. Pero afortunadamente, el Poder ejecutivo municipal vetó la ordenanza, caracterizándola como "un acto carente de valor y contenido jurídico".
El Obelisco tiene puerta de entrada en su base y cuatro ventanas en su ápice. Esta parte superior fue iluminada por fuera años después de su construcción. Su interior dispone de iluminación eléctrica y aunque resulta invisible dada su altura, está provisto de un pararrayos muy pequeño, cuyos cables corren. Pesa 170 toneladas, costó 200 mil pesos moneda. Solo se llega a la cúspide subiendo una escalera con 206 escalones y 7 descansos cada 8 metros de ascenso.

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