El intendente del Centenario

A él le tocó gobernar en tiempos difíciles, cuando en Argentina la conversión del dólar equivalente a un peso dejó de ser una alternativa política económica.

En 2003 debió haber sido reelecto, más allá de las condiciones de quien finalmente se convirtió en el nuevo intendente de Comodoro Rivadavia. Es que Jorge Eduardo Aubía se había revelado como un perfecto capitán de tormentas que había sido capaz de encarrilar el barco en tiempos difíciles, cuando el precio del barril de petróleo se hallaba en su piso; las necesidades básicas de los más postergados apremiaban y lo que había en la caja apenas alcanzaba. Por eso hubiera resultado interesante conocer qué políticas aplicaría con viento de cola.
Es que a él le tocó gobernar en tiempos difíciles, cuando en Argentina la conversión del dólar equivalente a un peso había demostrado ya la imposibilidad de seguir siendo la política económica a seguir y en el país gobernaba una coalición que se revelaba incapaz de entender al nuevo mundo. Solo se habían unido para postergar la agonía de 1 peso=1 dólar, como exigía la clase media sin realizar un análisis que fuera más allá de la coyuntura.
La industria nacional ya era pasado y el país vivía de los cada vez más usurarios préstamos del FMI. El presidente era Fernando de la Rúa, más preocupado por asistir a la boda real de Máxima Zorreguieta que de buscar una solución seria para evitar lo que le terminaría explotando en la cara en diciembre de 2001.
Justamente ese año fue el del Centenario de Comodoro Rivadavia, donde gobernaba Jorge Aubía, el único dirigente político que hasta ahora pudo derrotar al peronismo en elecciones libres. Su triunfo de 1999 fue un soplo de aire para la ciudad, que buscaba recomponer lazos y transformar en un lugar más amigable lo que empezaba a incubarse luego de 16 años de democracia en la que no se había producido todo aquello que nos habían dicho. No hubo magia.
Por eso la gestión de Aubía fue austera. Cuidadosa con los recursos. No se hicieron grandes obras, pero se proyectó un futuro que podía ser posible de acuerdo a la mejora económica que se empezó a vislumbrar justamente cuando se iba camino a las elecciones de 2003.
Aubía supo rodearse de un equipo que pensaba como él y mantuvo un diálogo permanente con la oposición, que por otra parte era conciente de sus condiciones por tratarse de un abogado que siempre vivió en la ciudad, con las costumbres invariables y la virtud de tener siempre tiempo para escuchar con atención al otro, ya sea en su estudio de la calle Pellegrini, como en los diversos ámbitos sociales por los que supo despuntar su pasión de aportar propuestas para mejorar su ciudad.
Pero, claro, le tocaron años difíciles. Fue un hombre acertado para un tiempo injusto. Uno de esos que se considera imprescindible porque siempre dan batalla. Lo había hecho antes de llegar al municipio. Lo siguió haciendo después, en sus últimos años, cuando ya estaba alejado de la vida pública.
Jorge Aubía fue un hombre que permanecerá en la memoria por sus aciertos, su comportamiento y su compromiso.

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