El largo verano de Comodoro

La dirigencia sindical del gremio petrolero ha tenido un intenso comienzo de 2016 que en realidad para ella comenzó mucho antes, apenas asumió Mauricio Macri y se confirmó crudamente que lo novedoso ya era archiconocido en una región que no estará entre las niñas mimadas de los gerentes corporativos que hoy definen sobre el trabajo, la capacidad adquisitiva del salario y hasta la libertad de los trabajadores argentinos. Siempre con la complicidad de los grupos mediáticos a los que el nuevo Presidente tanto debe. Ellos lo construyeron desde que era nada menos -y nada más- que el titular del club más popular de la Argentina. Extraña ironía.
"No me molestes, viejo, estoy de vacaciones", contó el periodista de C5N, Gustavo Silvestre, que respondió el titular de una de las CGT, Antonio Caló, cuando el último viernes alguien pretendió conocer su opinión sobre los 25 mil despidos contabilizados en diferentes áreas del Estado. Estigmatizados como "ñoquis", la mayoría son jóvenes profesionales que recién comenzaban su vida laboral cuando se les truncó toda posibilidad de avance con formas impregnadas de violencia, física en algunos casos y simbólica siempre. De este modo quedan enquistadas las viejas burocracias que impiden avances si no se llenan formularios. Socios ideales para los que tienen como meta achicar el Estado.
Claro, la dirigencia sindical parece saltar solo cuando tocan a su sector y Caló es metalúrgico. De todos modos, era en los últimos años el que tuvo mayor cercanía con el gobierno que se fue en diciembre, a cuyos simpatizantes hoy persigue el macrismo que venía a reparar grietas a través del diálogo. Es cierto que los ministros reciben a quienes no comulgan con su credo y que hasta toman nota de sus demandas.
Pero eso no garantiza que hagan algo al respecto. Las promesas de reparación -si es que creen estar equivocados ahora- no sirven a quienes tienen urgencias más prosaicas, como comer ya, pagar el alquiler a fin de mes o confiar en que la Justicia tarde un poco menos en llegar.
En Comodoro ya se habla de despidos en actividades vinculadas con el movimiento petrolero y todavía en sus sindicatos analizan el cuadro de situación. Además, el fin de semana se agregó una problemática que volvió a dejar mal parado al director del Hospital Regional, Gustavo Guerrero, como aquella vez que renunció un día, para arrepentirse al siguiente.
Esta vez fue porque aseguró desde Rawson que nadie se quedaría sin trabajo en el Area Programática Sur y cuatro días después llegaba la noticia de las 86 cesantías a partir de hoy. El ministro provincial de Salud, Leandro González, ha prometido estudiar cada caso. Ojalá no ocurra lo mismo que a nivel nacional, donde hasta el propio Macri brindó en las fiestas de fin de año con quienes ahora tienen la entrada prohibida a la Casa Rosada.
Es entendible que el Gobierno provincial no le muestre aún a Nación todas sus cartas para evitar que la recesión se instale en Comodoro y alrededores, a tono con el enfriamiento de la economía que es la receta de los fundamentalistas del mercado para bajar la inflación. A Mario Das Neves todavía le quedan 1.410 días de convivencia con quien alguna vez fue su límite y debe guardar las formas. Pero no se duda de que llegado el caso, deba ponerse al frente de un reclamo que promete resonar en todo el país, si es que Jorge Avila, Carlos Gómez, José Llugdar y compañía mantienen el poder de convocatoria que hasta ahora han demostrado, ratificando que las movilizaciones del último mes sólo fueron el tráiler de una película cuyo género aún está por develarse.
A esta altura es interesante la solidaridad que han conseguido de quienes saben que -para bien o mal- su suerte está atada a la de los muchachos de mameluco y borceguíes. Quienes conforman la UOCRA, por ejemplo, un gremio que se ha visto atravesado por conflictos que vienen de un tiempo largo y en donde en 2014-15 solo hubo parches que apenas sirvieron para disimular un poco que la situación general no era la mejor.
Es curioso, de todos modos, algunas lecturas que hacen quienes avalan recortes para la actividad petrolera. Nada nuevo, por otra parte. Muchos de ellos han sufrido en su propio bolsillo durante la última década los valores que se manejan en una ciudad minera y que ahora traslucen cierto optimismo porque creen que el costo de la canasta básica de bienes y alimentos podría disminuir, algo que es seguro que no ocurrirá si se analizan las respuestas que dan algunos altos funcionarios como el ministro de Agricultura y Ganadería, Ricardo Buryaile, quien ante la suba de la carne recomienda a los argentinos dejar de comer asado. Es que a los grandes ganaderos que él representa como ex vicepresidente de Confederaciones Rurales Argentinas les resulta más provechoso exportar los mejores cortes, como alguna vez confesó crudamente ese enorme actor entrerriano, Alfredo de Angeli. Y pensar que hasta no hace mucho se quejaban de las formas de un secretario de Comercio que para controlar precios no pedía "por favor".
En esto de los vaivenes del petróleo, Comodoro tiene varias historias sin final feliz; al contrario. Y más allá de que siempre hay recuperación, en el interín quedan muchos golpeados. En tal sentido, no debería perderse de vista lo que pasó cuando se privatizó YPF, hace 23 años. Muchos dijeron entonces que era lo mejor que podía pasarnos porque obligaría a la reconversión económica. Subidos a la mentira de la "revolución productiva" que pregonaron entonces los Carlos -Menem y Maestro-, el devenir pondría de manifiesto que sólo se trató de un brutal festín para unos pocos.

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