El legado

Con su hijo la historia fue distinta. Nelson siempre tuvo claro que los que sufren de claustrofobia o miedo a la oscuridad era poco probable que bucearan. Y su primogénito no fue la excepción.
"Enrique tenía diez años y ya sabía bucear, pero nunca a profundidad. Porque cuando bajas es todo oscuro hasta que estás a metros del fondo del mar. Una vez fuimos a Puerto Madryn y me acompañó frente a la ciudad donde hay dos barcos hundidos: el 'Río de Oro' y el 'Ema' que es una goleta que está hundido frente al club náutico. Primero no quería meterse porque no veía, hasta que de pronto se le aclara la imagen y ve el barco, y se mandó como loco. Luego no lo podía sacar, porque te encontrás con los meros y donde rompes una cholga se te acercan y comen de tu mano. Después no lo paré más e hizo su propia carrera como buzo: con los bautismos submarinos. Trabajó como buzo profesional acá cuando tiraron los caños para la boya sueca en Caleta Olivares. Incluso en Buenos Aires por debajo de sus calles; hay una foto donde levantan una tapa en plena avenida Cabildo y salían cuatros buzos, porque hacían trabajo de inspecciones". Respecto de sus hijas, una de ellas buceaba bien pero no continuó en la actividad. En el Valle del Chubut tiene un nieto que bucea, pero se inclina más por su presente como jugador de básquet.

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