"El lenguaje es una herramienta poco efectiva, pero es la única que hay"

Publicado por Eterna Cadencia, el libro funciona en sí mismo como un cementerio perfecto: están la muerte como acto de presencia, los textos como territorio de esa muerte, las tumbas, los cuerpos y los fantasmas.

El libro "Un cementerio perfecto" reúne cinco cuentos donde el escritor Federico Falco indaga los significados del cuidado como expresión amorosa, a través de historias de provincia que remiten escenas primigenias y rituales sobre la vida, la muerte y sus territorios intermedios.
Publicado por Eterna Cadencia, el libro funciona en sí mismo como un cementerio perfecto: están la muerte como acto de presencia, los textos como territorio de esa muerte, las tumbas, los cuerpos, los fantasmas... y además es una zona de pasaje donde lo social y arquetípico se trabaja a un mismo nivel, generando algo muy raro, un clima manso de pueblo chico donde subyace lo fantástico.
"Cuando el rey se incorporó, encontró al lebrato agazapado frente a la pirámide. Temblaba pero muy quieto, el titilar de su corazón le alborotaba el cuello mientras los ojos no sabían dónde posarse. El rey lo tomó por las orejas y se lo mostró a la manada. La línea de liebres asintió en silencio y con tres saltos desapareció del prado", se lee en el cuento de apertura, "Las liebres".
El padre Sampacho, los mormones Elder Bob y Elder Steve; Moro Scarafía, sepulturero; la señorita Mahoney, secretaria del intendente Giraudo... los personajes que presenta Falco (1977, General Cabrera) son a la vez legendarios y sencilla gente de pueblo.
La chismosa señora Kim puede ser la pitonisa, que en el fantasma de su marido lee advertencias futuras ("El río"); la sacerdotisa, la devota Alba Clara, encargada de dar la extremaunción en una parroquia serrana ("Silvi y la noche oscura"); el portal entre el mundo de los vivos y los muertos de "La actividad foresta"), puede ser el pinar donde se deja caer el viejo Wutrich.
Son historias simples de pequeño vecindario que puede ser cualquier lugar -la sierra cordobesa del autor, la multirracial New Jersey donde se hospedó como becario en Estados Unidos, el suburbio madrileño que lo albergó en sus últimos derroteros-. Falco es el viajero mítico, los territorios que describe, el mapa imaginario de las tierras que habitó.
"El pueblo se llamaba Coronel Isabeta y estaba enclavado sobre el final de la llanura, justo en el borde donde comenzaban las sierras. Hacia el oeste se enfrentaba a las montañas sus últimas casitas encaramadas en las colinas. Desde el este, el viento de las planicies lo golpeaba sin contemplaciones", escribe sobre el ficticio paraje de "Un cementerio perfecto".
Elegido como uno de los mejores narradores en lengua española menores de 35 años por la revista literaria Granta en 2010, Falco escribió además los libros de cuentos "222 patitos", "00" y "La hora de los monos", el poemario "Made in China" y la nouvelle "Cielos de Córdoba".

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