El Mar de Azucar

En Río de Janeiro uno de los principales centros turísticos es el "Pan de Azúcar", un morro situado en la boca de la bahía de Guanabara sobre una península que sobresale en el océano Atlántico, pero además, cuenta con una pequeña playa paradisíaca.
En mis últimas vacaciones, cinco amigos decidimos elegir Río de Janeiro como primer lugar para llevar a cabo una verdadera aventura llena de anécdotas. De ante mano sabíamos que dos de los principales centros turísticos del lugar eran el Cristo Redentor y el Pan de Azúcar. Por ende, antes de llegar al aeropuerto que nos llevaba rumbo a Brasil, teníamos decidido visitarlos para conocer cultura típica, historia y raíces de nuestro país vecino, aunque en realidad nuestras mentes también estaban enfocadas en playas y caipiriñas.
En nuestro tercer día en Río, debatimos en el hostel donde paramos el lugar que íbamos a conocer ese día. Decidimos cargar nuestras mochilas y subirnos a un subte que nos llevó hacia Botafogo, en el que, luego de consultar y tratar de hacernos entender, nos dejó en el Pan de Azúcar. Al llegar, nos encontramos con un "morro" gigante, en el cual tenías que llegar mediante un teleférico de cristal con capacidad para casi 60 personas y que recorre un total de 1.400 metros. Hicimos la cola correspondiente entre cientos de turistas para sacar las entradas y nos subimos para conocer, informarnos y tener la típica foto del lugar. A medida que el teleférico tomaba altura, nos íbamos enamorando de una pequeña playa que se encuentra exactamente pegada al morro. Fue como si un fuerte viento se hubiese llevado las ganas de llegar al Pan de Azúcar, no podíamos dejar de mirar este paraíso.
Ahora, la ansiedad pasaba por terminar el recorrido y poder nadar cerca del histórico morro que posee Río. Terminamos el viaje de ida que dura cinco minutos y sí, nos sacamos la típica foto, pero casi sin debatirlo mucho, decidimos bajar en el primer teleférico y aterrizar en playa "Vermelha", en la que conocimos la felicidad por un par de horas, sobre todo cuando alquilamos los kayak's para llegar hasta el "Pan" en el que habíamos estado en lo más alto hace menos de quince minutos y nos volvimos a sacar fotos, pero estas las disfrutamos un poco más.
A pesar de estar justo al lado de uno de los lugares más frecuentados por los turistas, la estación de los famosos teleféricos (bondinhos), pocas personas se acercan a conocer la Playa Vermelha y son menos los que dedican algún tiempo a disfrutar de esta pequeña playa de aguas tranquilas, situada en un enclave natural precioso y con unas vistas que dejan sin aliento a cualquiera que se acerque al lugar. Como si fuera un almanaque o un cuadro, pero real. Totalmente recomendable para los jóvenes que van a vacacionar y también para las familias, ya que la tranquilidad que inunda esta playa es única y el paisaje es incomparable.
Éste fue uno de los lugares que más disfrutamos. En el que queríamos que los minutos no pasen jamás. Como en un principio no teníamos idea del nombre, decidimos bautizarla como "mar de azúcar". Joaquín Sabina canta en Peces de Ciudad que uno no debe volver al lugar donde realmente fue feliz, pero sin dudas y sin pensarlo mucho, a "Vermelha" volvería una y mil veces.

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