El oro blanco que alimenta todo tipo de baterías

Baterías para electrodoméstidos, baterías de todo tipo y hasta autos eléctricos necesitan de este recurso del que Argentina es uno de sus principales productores.

El litio despiertas interés de empresas vinculadas a la tecnología de todo el mundo y miran con especial atención al noroeste de Argentina donde se encuentran importantes reservas de este recurso, conocido como "oro blanco". En Geopolítica del Litio: industria, ciencia y energía en Argentina, Bruno Fornillo cuenta, con apoyo de otros autores, cuál es la trama detrás de este importante mineral.
Un poco de futurología. Los combustibles fósiles son finitos y hay diseños de autos eléctricos que, según sus fabricantes, son más amigables con el medio ambiente. Aquellos millones de autos que en el mundo queman combustible podrían disminuir por modelos eléctricos. En 2009 había 500 mil de ellos y la proyección es que en 2020 a siete millones.
"La diferencia de precio entre la materia prima pura y la batería es significativa: una tonelada de carbonato de litio cuesta alrededor de 6000 dólares, mientras que una batería de auto, que utiliza alrededor de 10 Kg, entre 10 mil y 20 mil dólares", señala Fornillo en el prólogo del libro del cual es coordinador.
"Una sociedad basada en fuentes alternativas contará con módulos de almacenamiento descentralizados, con sistemas de movilidad pública y eléctrica, con redes inteligentes que calculen la energía que utiliza, almacena y produce un hogar, y para todo ello también servirán las baterías de litio", describe.
La explotación del litio en Argentina tiene sus ejes en el Salar de Hombre Muerto, fronterizo entre las provincias de Catamarca y Salta, que desde fines de los noventa extrae 16 mil toneladas por año de carbonato de litio que convierten al país en uno de los principales proveedores mundiales de este recurso.
El libro, editado el año pasado Editorial El Colectivo y Clacso, cuenta con cuatro capítulos de diferentes autores con miradas particulares y críticas. Julián Zícari, por ejemplo, escribe "El mercado del litio desde una perspectiva global: de la Argentina al mundo. Actores, lógicas y dinámicas".
Bruno Fornillo, impulsor de este trabajo cooperativo, describe su trabajo en el capítulo titulado "Del salar a la batería": Política, ciencia e industria del litio en la Argentina". En tanto Ariel Slipak se explaya en "La extracción del litio en la Argentina y el debate sobre la riqueza natural. Y por último, Florencia Puente y Melisa Argento escriben "Conflictos territorial y construcción identitaria en los salares del noroeste argentino".
En el capítulo a su cargo, Fornillo cuenta que el primer contacto científico con las baterías de litio vino de la mano de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) en los años 2005 y 2006. El organismo encargó la fabricación, testeo y control de la batería de un satélite argentino, el SAC D, que tenía que ponerse en órbita en Estados Unidos.
"La ambición central que despierta el litio contenido en las salmueras del noroeste argentino consiste en fabricar las baterías que serán vitales para la sociedad pos-fósil", escribe.
"La tarea, naturalmente, no es fácil. Contar con el litio representa poco en la medida en que el valor de una batería está, sencillamente, en saber cómo fabricarla para el intercambio. En efecto, entre la palpable textual del oro blanco y el acumulador de energía existe una cantidad descomunal de conocimiento materializado que es una verdadera fuente de valor".
Argentina está en condiciones de completar algunas de las etapas de procesamiento de su recurso, pero las medulares y más difíciles no. Para eso es necesario contar con maquinaria sofisticada y su consecuente capacidad técnica; el conocimiento científico y utilización, creación o ingeniería reversa de patentes -que los países centrales cuidan mucho-.
El debate que viene tiene que ver, nuevamente, con la explotación de los recursos naturales y qué posición tomará Argentina frente al desafío tecnológico, las barreras científicas y las presiones de las multinacionales. Y, por sobre todo, si el recurso estará orientado a la fabricación de productos para el consumismo o para el desarrollo nacional.

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