"El Pibe José", un maestro estafador del "filo misho"

"El estafador de los siete nombres" se hacía llamar Ricardo Infante de Aragón, Felipe García Alvarez, Nonceslao Durán, Carlos Gutiérrez Ponce de León, Francisco Boloz, Francisco García o Esteban Fernández. Sus alias eran "El Pibe José" o "Paco el Granadino". Su especialidad era engañar a los incautos con una máquina artesanal que, decía, duplicaba el dinero.

"Fajao por la vida de ragú y de vicio
descolao y viejo, junao y sin vento
encontró el rebusque
pa'vivir de cuento
con el toco mocho,
con el filo misho".

Del poeta Alcides Gandolfi Herrero en "Nocau Lírico".

Era un maestro de la estafa. Usaba siete nombres y un anillo de sello con piedra roja.Vestía saco y corbata, sombrero a tono y zapatos bien lustrados. Casi a mediados de los años 30 del siglo pasado fue uno de los hombres más buscados por la Policía de Capital Federal y del Territorio del Chubut.
Desde Buenos Aires se alertaba de su presencia en la provincia y se giraron varios telegramas en setiembre y octubre de 1934 para capturarlo. Se lo buscó en Rawson, Comodoro Rivadavia, Tecka y Esquel. Pero siempre escurridizo, "El Pibe José" se hizo humo.
En los archivos policiales figuraba con sus siete identidades y para los policías de Chubut podía llegar a ser un vecino de Tecka, el único que se llamaba Felipe García Alvarez. Pero no se sabía si de algún modo el estafador hacía uso de ese nombre como un impostor.
En Capital Federal se había hecho conocer como Ricardo Infante de Aragón, Felipe Alvarez, Nonceslao Durán, Carlos Gutiérrez Ponce de León, Francisco Boloz, Francisco García y Esteban Fernández. Sus alias eran "El Pibe José" o "Paco El Granadino".
Fue investigado en la Sección Defraudaciones y Estafas de Capital Federal bajo la modalidad de "filo misho", que en una de sus fechorías lo llevó a quedarse con 45 mil pesos de un incauto vendedor de huevos de Rosario.
Su víctima, Juan Fernández, que viajaba desde Santa Fe a Buenos Aires por negocios, lo conoció por medio de un cómplice, Diego Sánchez. Los diarios de la época dicen que la víctima se dejó seducir por los estafadores ante el "trato afable" que estos le daban.
A Ricardo Infante de Aragón,Fernández lo conoció en un café. Y el fanfarrón ese mismo día se presentó como "jefe de los talleres gráficos del Estado de la ciudad de Madrid".
El huevero realizó varios paseos, en uno de los cuales Sánchez le dijo que Aragón poseía una máquina maravillosa para fabricar dinero. La máquina, consistente en una caja de hierro, una prensa y varios químicos, era "aparentemente maravillosa".
Incluso Fernández tuvo la oportunidad de verla en acción en una habitación del hotel España. Por un procedimiento químico consiguieron deslumbrar a Fernández, simulando la transformación de dinero a medida que se echaban a la máquina unos papeles en blanco.
Según las crónicas de la época, para terminar de convencer a Fernández acerca de la legitimidad de un billete de 100 pesos, se lo acompañó a un automóvil hasta la caja de conversión, donde la víctima canjeó el billete para obtener plata chica y salió encantado. Aparentemente el responsable del canje también estaba "entongado" con los estafadores y le dijo a la víctima que le lleve más de esos billetes para hacerle cambio.

CIFRAS TENTADORAS
Aragón le contó a Fernández su pesar. Que un hermano no le había enviado la suma de 100 mil pesos de Madrid con cuya cantidad pensaba explotar en gran escala el invento.Buscando la obnubilación de Fernández, "El Pibe José" hizo unas demostraciones diciéndole al huevero que con 50 mil pesos se podían reproducir 1.800.000 pesos.A Fernández le corresponderían por su inversión unos 200.000 pesos.Las cifras eran seductoras y no dudó un segundo en entregarle a Aragón los 45 mil pesos que tenía en ahorros.
"El hombre de los siete nombres" hizo una maniobra rápida. De esas a las que estaba acostumbrado. Un maestro del engaño. En esa máquina, más parecida a una prensa de pisapapeles que a una de hacer dinero, colocó los 45 mil pesos y papeles en blanco. Dijo que mientras se hacía la "reproducción" con los líquidos, podían ir a comer y luego volver. Cada uno se fue a almorzar por su lado, y ese fue el error de la víctima: confiar en un "embaucador".
El delito del "filo misho" fue muy común en Buenos Aires en las primeras tres décadas del siglo XX. Luego, con la modernización de los sistemas de imprentas, ya nadie caía en la "magia" mentirosa de los "enroscadores".
La impaciencia comenzaba a ganar en Fernández luego de almorzar. Pero un llamado de Aragón lo desesperó aún más. El "falso imprentero" le dijo por teléfono que los 45 mil pesos se habían quemado al colocarlos en la máquina, que hubo un error con uno de los ácidos. Y lo invitó a comprobar lo sucedido. El rosarino se fue corriendo. En el lugar había billetes quemados, de los denominados "mil besos" y "mil rezos", grafica la crónica también anexada a su prontuario.
Fernández hizo la denuncia en la Sección Defraudaciones y Estafas de la Policía y los investigadores identificaron a Diego Sánchez como el portero de una finca de la calle Rivadavia al 3.700. Sánchez y Aragón habían desaparecido en cuestión de minutos. Comenzaba la caza. Y las hipótesis instalarían a Comodoro y Tecka como los principales destinos de los estafadores.

ESCURRIDIZO
Los dos eran españoles. La Policía de Capital y la de Chubut no sabían mucho más que lo que sus incautas víctimas denunciaban. No tenían mucha información del "El Pibe José". No había huellas dactilares, ni certezas de su día de nacimiento. No estaban seguros si había nacido el 2 de febrero de 1893, o en 1898. Los investigadores solo contaban con dos fotografías, publicadas en esta edición por Letra Roja. No sabían bien el nombre de sus padres.
Los identificadores de la Policía que por esos días trabajaban bajo el artículo 10 del Convenio Internacional de la Policía de Buenos Aires que se aplicaba en Buenos Aires, La Plata, Río de Janeiro, Santiago de Chile y Montevideo, armaron el prontuario 7.074 con los datos que tenían.
Desde Capital Federal "pedían extremar todos los recursos para lograr su captura", tanto en Comodoro, como en Rawson, Tecka y Esquel.
En octubre de 1934 desde Tecka comunicaron que un hombre bajo la identidad de Felipe García Alvarez se domiciliaba en esa localidad desde hacía 20 años.Y que se había ido durante ese año hacia Capital Federal, pero que en ese momento se podía encontrar en Esquel, desde fines de setiembre. Solo eso decía el telegrama.
Después ampliaron. La principal hipótesis era que Aragón podía ser aquel Felipe García Alvarez, un español, nacido el 27 de julio de 1881 en la provincia de León, casado y de 1,60,canoso, que usaba barba recortada en el mentón y era conocido como "El Gallego de la perita".
Eso era lo que le informaba el jefe de Policía, Venancio Cambeiro, con fecha del 4 de octubre de 1934 al jefe de la Policía de Capital, coronel retirado Luis Jorge García.Pero las dudas no estaban disipadas. Temían caer en la trampa del impostor.
Además de la captura de Infante, en ese año se buscó en la provincia a su cómplice Diego Sánchez -español de 43 años, casado, de cutis blanco- y a Antonio González Antunes -argentino, nacido el 9 de febrero 1895, acusado de malversación de caudales públicos-.

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