El policía que lo detuvo dijo que Díaz quería que lo tiraran por la escalera

Uno de los policías que detuvo a Mario Díaz declaró que el acusado se golpeaba la cabeza contra cualquier objeto sólido que tuviera al alcance y que pedía que lo arrojaran por la escalera del segundo piso del inquilinato donde fue asesinada Valeria Palma a golpes de martillo y 24 puñaladas. Las partes desistieron de seis de los ocho testigos previstos para ayer. El debate continuará hoy.


De los ocho testigos que estaba previsto que declararan en la segunda jornada de juicio finalmente lo hicieron solo los dos policías que tuvieron la primera intervención y que detuvieron a Mario José Díaz (25) la noche del crimen de Valeria Palma (21), ocurrido el 27 de agosto del año pasado en Rucci 2083, barrio Máximo Abásolo.
La Fiscalía desistió de dos testigos policiales, mientras que por convención probatoria con la defensora pública, Lilián Bórquez, resolvieron desistir de otros dos policías, así como de quienes se encargaron de las pericias bioquímicas y del ADN.
Con esa información suministrada al tribunal que preside Mariano Nicosia y se completa con Raquel Tassello y Daniela Arcuri, minutos antes de las 13 arrancó ayer el debate y la fiscal, Mónica García, convocó a sus testigos.
El primero en declarar fue un cabo que presta todavía funciones en la Seccional Séptima, quien recordó que la noche del crimen, por equipo de radio desde el Comando avisaron que necesitaban presencia policial en Rucci 2083 porque “un masculino estaba agrediendo a una femenina”.
En compañía del chofer del móvil se dirigieron al lugar, donde aseguró que había mucha gente y que fueron guiados por escaleras hasta un segundo piso, sector donde se encontraba el departamento que alquilaba la pareja.
“Abrí la puerta y se escuchaban murmullos, me identifiqué como policía y ahí el hombre que estaba junto a una persona tirada en el piso, atinó a agarrar un cuchillo que estaba a medio metro de él, pero no llegó a tomarlo porque lo sostuve de la solapa del cuello”, dijo el testigo, quien después contó que una vez que el hombre fue reducido y esposado, “se pegaba cabezazos contra el piso o la pared, cualquier cosa sólida que tenía a su alcance”.
“Le pedí a mi compañero que solicite refuerzos y fue a ver cómo estaba la mujer, pero ya no se podía hacer nada”, agregó.
“Gritaba ‘la maté, la mat酒 y se pegaba en la cabeza. Cuando lo llevábamos para el patrullero quería que lo tiremos por la escalera”, relató el policía.
Su compañero declaró después y el relato fue coincidente. Contó que ese sábado conducía el móvil de la comisaría de la jurisdicción y que al llegar fueron recibidos por el dueño del inquilinato, quien les refirió que había logrado sacarle el martillo al homicida, el cual le señaló, y les aseguró que aún seguía golpeándola.
Con ese dato el policía pidió por radio que enviaran una ambulancia para atender al dueño del lugar que estaba ensangrentado, y a la mujer golpeada, aunque esta ya había fallecido.

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